2017: El mayor retroceso ambiental en el planeta tierra

 

El 5 de junio de cada año se celebra el Día Mundial del Medio Ambiente, fecha establecida por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1972 y que se empezó a celebrar el 1973. Han pasado ya 44 años de esa fecha y de la Conferencia de Estocolmo que estuvo dedicada al tema ambiental. Este año de 2017 sin duda marca el mayor retroceso ambiental en el planeta Tierra.

Por varias razones, entre ellas políticas y económicas, además de sociales y culturales. En el plano político, el mayor retroceso es la elección de Donald Trump a la presidencia de EEUU, quién es un negacionista a ultranza del cambio climático y que se ha propuesto desmantelar todas las políticas ambientales puestas en marcha por su predecesor Barack Obama, que incluye su estrategia de sabotaje a todos los acuerdos de las Conferencias de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (COPs, 20, 21 y 22).

El absurdo y ciego negacionismo de Trump tiene consecuencias inimaginables para el cambio climático y toda la crisis ambiental en el planeta Tierra. Porque se trata del segundo emisor de CO2 a la atmósfera, el gas de efecto invernadero, con el 14.4 por ciento; EEUU sigue siendo la mayor potencia económica, militar y geopolítica del mundo y Donald Trump ha puesto todos los huevos en la canasta de una economía extractiva basada en el carbono (petróleo, gas y carbón) y por tanto las multinacionales petroleras, gasíferas y mineras seguirán marcando las tendencias económicas mundiales a costa del despojo de los bienes de la Madre Naturaleza.

La Madre Naturaleza ya está agonizando

Entretanto “ha comenzado la sexta extinción masiva” por la destrucción de los bosques, la contaminación de ríos y mares, el envenenamiento de los suelos. “El que la muerte de la naturaleza sea silenciosa, una muerte muda de miles de millones de plantas y animales es que nos hace creer que no es para tanto”, dice el experto José Navarro.

Las consecuencias de esta extinción son apocalípticas: 1/3 de las riquezas naturales han sido dilapidadas en las tres últimas décadas; el 80 por ciento de los bosques del planeta ya han desaparecido; 100 mil productos químicos para la producción industrial envenenan la atmósfera; el 30 por ciento de los glaciares y nieves que originan el 90 por ciento del agua dulce ya se han descongelado.

De los 525 millones de kilómetros de agua que tiene la Tierra, sólo el 5 por ciento es agua dulce y de ese 5 por ciento sólo queda el 1 por ciento; el volumen de agua que el Amazonas arrojaba al Atlántico era de 267,000 metros por segundo, ahora en el verano y por el cambio climático, la deforestación y la colmatación de los suelos en su lecho sólo arroja 225,000 metros cúbicos por segundo, ocasionando severos cambios y modificaciones en la ecología planetaria.

El Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) de las Naciones Unidas ha puesto sobre aviso a las naciones: por una cuestión de vida o muerte, no debemos de acumular en la atmósfera más de un trillón de toneladas métricas de dióxido de carbono en los próximos 30 años para evitar que la temperatura suba 2 grados más. Pero a la fecha ya hemos emitido medio trillón de toneladas de C02.

Esos dos grados más de temperatura serán devastadoras para la Tierra y la Madre Naturaleza. El ex Secretario General de las Naciones Unidas, Ban Ki Moon dijo en una ocasión que no hay un plan b para ese momento crucial de la historia humana: “porque no hay un planeta b”.

A su vez, el célebre politólogo estadounidense Noam Chomsky, aludiendo a las alucinantes decisiones de Danald Trump y su negacionismo sobre el cambio climático ha afirmado: “No hacemos nada para prevenir el cambio climático, sino que estamos tratando de acelerar la carrera hacia el precipicio”.

En el Perú, más de lo mismo y peor

En el Perú la situación ambiental no está mejor que en el resto del mundo. Es más de lo mismo y quizás peor. El Perú es el tercer país más vulnerable al cambio climático debido a su compleja geografía y a la diversidad de sus ecosistemas. Pero sobre todo a la corrupción, a una subcultura de la imprevisión y la pobreza. El desastre ocasionado por “El Niño” costero es una prueba trágica de nuestra imprevisión.

Y como si esa atávica falta de previsión no fuera suficiente, las políticas de Estado con relación al tema ambiental, debido a que tenemos un Estado feudalizado por el gran capital y la lógica extractivista, parecen estar retrocediendo por la presión de los poderes fácticos.

Un patético ejemplo de este retroceso es el Ministerio del Ambiente que ha sido despojado de casi todas sus atribuciones y funciones y convertido en una mesa de partes de la Presidencia del Consejo de Ministros (PCM) y del Ministerio de Economía y Finanzas (MEF), el Ministerio que gobierna el Perú.

Pero no sólo para la tecnocracia neoliberal que ahora controla el MEF y la PCM, la política ambiental, la Ley de Consulta Previa e Informada a los Pueblos Indígenas y las normas de regulación ambiental son un estorbo para su lógica neoliberal extractivista y primario exportadora y su obsesión por “destrabar” las inversiones extranjeras. En esta misma lógica está el fujimorismo.

El costo de la destrucción ambiental en el Perú ya bordea el 5 por ciento del PBI y si seguimos con el modelo primario exportador, insostenible ambientalmente, el costo será el 20 por ciento del PBI en las próximas décadas.

Como en el resto del mundo, el 5 de junio no hay nada qué celebrar en el Perú con relación al ambiente. Sólo queda la toma de conciencia ambiental y el compromiso y la resistencia para salvar a la Madre Naturaleza y por la supervivencia de la vida en la Tierra.