Amigos y… no tan amigos

 

Los temas referidos al amor, la traición  y el desengaño, que hoy explota el telenovelaje y la “peluchinería del chisme basurero”, son tan añejos como el (perro) mundo y ya, sólo a las vejanconas chismosas llaman la atención, o les alborotan el recuerdo. No obstante, la amistad traicionada, sigue siendo un tema que a todos nos indigna… Y por eso, quiero contarles alguito al respecto…. Según el viejo Thornton Wilder, que jamás ganará el Nobel (los académicos suecos sabrán por qué). En tiempos  del poderoso Julio César, ya “todo el mundo” sabía en Roma, que se cocinaba una trama para asesinarlo. Incluso el propio “cliente” de tan sucio negocio, lo sospechaba amargamente.

SUEÑOS Y PRESAGIOS

La mañana de su último round sobre La Tierra, su esposa Calpurnia, le reveló  haber soñado, que veía entrar en casa a tan poderoso dictador, envuelto en su túnica cubierta de sangre, lo cual, ella entendía como “un mal presagio”, pidiendo en consecuencia  al Gran César, que no fuera aquel día al bullente Senado que casi en pleno, lo acusaba de tirano. Julio César se echó a reír y  respondió: “Mujer: es curioso, pero yo, que gobierno a millones de hombres, debo ser gobernado por sueños y presagios”.- Y sin más, se terció la toga y salió andando… Para después, ya a bordo de su carruaje, enfrentar un mal tranco de la vía, que obligó al auriga (fercho, cochero), a sofrenar a los caballos, toque que aprovechó el líder de los  “arúspices” (“adivinos”  que interpretaban el futuro “leyendo” las entrañas de las aves), para alcanzarle un pequeño pergamino, que Julio César pasó desdeñosamente a uno de sus edecanes, mientras decía: “Magister: ya estoy cansado de vuestras  predicciones que anticipan mi muerte, durante los “idus” (días) de marzo. Ya estamos por concluir marzo…y todavía estoy vivo…” – A lo cual el chamullador arúspice acotó: “Es cierto, Gran César. Pero todavía no ha concluido marzo”,- ante lo cual el Emperador gesticuló una orden a su auriga y reemprendió la marcha hacia el Senado, donde lo esperaba la muerte.

LA HERIDA MORTAL

Según Thornton Wilder, en el pergamino que Julio César rehusó leer, “estaban contados los pormenores de la conspiración y la forma en que el César sería asesinado de veintitrés heridas a espada doble filo”.- El gran escritor se recrea, analizando lo más parecido a una necropsia que habría de hacerse luego del relatado magnicidio.- “Antisio, el médico, dijo que de todas aquellas heridas, sólo la segunda, inferida en el pecho-probablemente por Cayo  Bruto, ahijado y protegido del Emperador- debió haber sido mortal”.- Los historiadores greco-romanos se prodigan afirmando que el valeroso guerrero que siempre fue Julio César , sabiéndose mortalmente herido, fijó la vista en Bruto, alcanzando a decirle ”Et tuu filli” ( ¿Tú también, hijo?”)- con lo que selló el rubro de fábrica -y la maldición- para todos los traidores de la Historia. Pero… pero, aquí no acaba mi cuento.

LA PALABRA DE BORGES

Siglos más tarde, el genial maestro de la narrativa, Jorge Luis Borges, escribió un relato, según el cual, un “Taita” gaucho, entra a  una “tapera” donde se hacía gala de guitarreo  y borrachosos.

-“Ninguno de los pusilánimes allí presentes, se hubiera animado a desafiarlo, pues el hombre no sólo era guapo, sino además, diestro con el facón (cuchillo de pampa). De pronto, a cierta señal convenida, un tropel de “poca cosas”, se le echaron encima, apuñalándolo vilmente. “Y -señala el maestro Borges- entre la murga canalla, el taita alcanzó a vislumbrar, nada menos que a su ahijado. Y ya en los temblores del ocaso, alcanzó a decirle: “Pero che… ¿vos también?” – Y sólo murió para que se repitiera la Historia”.

LA AMISTAD: UN LAZO SAGRADO

Espero haber entretenido -e ilustrado- a mis amables lectores, y más aún, anhelo -en el fondo de mi alma-, haber transmitido a los jóvenes que valientemente asumen el desafío de convertirse en testigos de la historia, mediante el ejercicio del periodismo: “nuestro más hermoso oficio del mundo”, el sagrado compromiso que imponen la amistad y la consecuencia, entre otros encomiables valores.

El periodista, donde quiera  se encuentre y cualquiera sea la circunstancia que lo envuelva, debe ser digno ejemplo de honesta  amistad, compañerismo y franca  generosidad. Nuestra profesión, es riesgosa y por eso mismo, compromete a hombres y mujeres, capaces de ejercerla digna y valerosamente. Cierro estas líneas, con otro pensamiento  del maestro Borges: “Siempre el coraje es mejor. Nunca la esperanza es vana”. – Muchas gracias por visitarme.