Así hablaba Pachacútec

 

Su verdadero –original- nombre, era Cusi Yupanqui, que quiere decir algo así como “Joven Brillante” y desde niño soportó el desdén de su padre Huiracocha, que siempre prefirió a su otro hijo, Inca Urco, en quien veía el delfín destinado a sucederlo, en el modesto cacicazgo que era el Cuzco allá por el 1420 de nuestra Era.

Sin embargo, por esas vueltas que da la vida y también porque el valor no se compra en la bodega de la esquina, al amanecer de un día cualquiera del 1438, los aterradores guerreros chancas, sitiaron a los cuzqueños y enviaron emisarios exigiendo rendición incondicional, bajo amenaza de entrar a sangre y flecha, en caso de resistencia.

Y entonces pues, increíblemente, Huiracocha y su predilecto Urco, no sólo se rindieron aceptando todas las ominosas condiciones impuestas por los amenazantes, sino que cobardemente huyeron a Calca, abandonando a la población, además de sumir en la humillación al ejército Real.

Y en dicho instante trágico, es cuando emerge la poderosa personalidad de Cusi Yupanqui, -un casi adolescente por entonces- que arenga vigorosamente a generales y guerreros, además de pedir alianza a los cacicazgos cercanos, exaltando el orgullo y valor de su población amenazada.

Una vez lograda la necesaria unidad del frente interno, el emergente líder, envió cuatro chasquis a los chancas, rechazando sus amenazas y desafiándolos a pelear “en cualquier terreno”.

Los chancas, daban por supuesto que si el “sinchi” (jefe valiente), de los cuzqueños, y su proclamado heredero, habían huido vergonzosamente, ante la primera amenaza, ni el ejército ni la población del Cuzco, tendrían el ánimo necesario para una confrontación valedera. De manera que inmediatamente, iniciaron la proyectada invasión, que habría de antojárseles un paseo campestre, o cosa parecida.

El líder: Carisma, genio y valor

Hasta aquí, debe considerarse, la fuerza oratoria, el carisma de líder y la capacidad organizativa de Cusi Yupanqui, que en ese instante coyuntural, se muestra, además, como genial estratega.

Convence a los más ágiles-y menos fuertes- de sus seguidores, para que mismos “amarus” (serpientes) y “ukushas” (ratoncitos) , se arrastren silenciosamente hasta las alturas del Huanacaure y otros cerros aledaños, para luego ocultarse tras las rocas, esperando el sonar del “pututu” (trompeta caracol),para entonces, rodar “galgas” (peñascos), sobre el enemigo emboscado, inventando de paso, la famosa “artillería peruana”, que siglos más tarde, emplearía “El Tayta Cáceres”, contra los invasores chilenos durante la campaña de La Breña.

En seguida, actuarían los honderos, cuyas “huaraccas”, apuntaban a las testas y tenían fama de no fallar un solo tiro. En medio del desconcierto que estas acciones sorpresivas generaron en el enemigo, los “Huarangacamayoc” (Jefes de cien), iniciaron un ataque pertinaz a cargo de sus flecheros, precediendo a los “chakirunas” (infantería) que inmediatamente entró en lucha, con Cusi Yupanqui al mando, entablando un feroz cuerpo a cuerpo, esgrimiendo lanzas, makanas y los temibles cuchillos de obsidiana, “capaces de partir una llama en dos”, conforme relatan los historiadores.

Iniciado el combate en horas de la mañana, una tropa de refresco, hábilmente escondida tras los cerros, entró en juego al atardecer, rematando a los más temibles chancas y apresando a su jefe ,lo que echó por tierra la moral de los invasores que se rindieron entregándose al “vae victis” de los enardecidos cuzqueños.

Nace “Pachacútec”

Tras esta inesperada victoria, obra de un inspirado y valeroso general debutante, la población cuzqueña estalló en júbilo, al tiempo que otras etnias que habían esperado oportunistamente el final de la contienda, se sumaron a las celebraciones, enviando al providencial “sinchi”, regalos de todo género, keros (vasos) de oro, pequeños ídolos, grandes aríbalos de chicha, finos tejidos, plumas de aves exóticas, “spondylus”(conchas usadas como una suerte de moneda) y enormes fardos de escogida coca (“quintucha”, hoja redonda, como canta el huayno).

Algunos chancas rezagados, pretendieron contraatacar en Icchubamba, pero Cusi Yupanqui, ya en racha vencedora, los derrotó en una operación relámpago que culminó en degollina “no prisioneros” sin más explicaciones.

Hasta aquí, el “sinchi” de la historia, había revelado enorme sapiencia y capacidad estratégica, pero luego, también mostraría una extraña creatividad en algo que hoy se denominaría “guerra psicológica”, pues hizo correr el rumor de que su ejército estaba integrado por “Guerreros de Piedra”, seres mágicos supuestamente invencibles, que jamás conocerían la derrota.

En seguida, dando muestra de grandeza espiritual, envió emisarios a su padre, Huiracocha, invitándolo a los festejos de la victoria.

Huiracocha, terco en sus preferencias, condicionó su aceptación a la compañía de su hijo Inca Urco, a lo cual, Cusi Yupanqui, se opuso terminantemente y según se dice, murmuró por lo bajo:”con un cobarde, es suficiente”.

-De todas maneras, Huiracocha, volvió al Cuzco, siendo tratado con inmerecidos honores, gracias a la nobleza de su magnánimo hijo.

No obstante, en el momento cumbre de la ceremonia, que incluía rituales de gratitud al dios “Inti” (El Sol), aparte de sacrificio de niños y llamas, Cusi Yupanqui, obligó diplomáticamente a Huiracocha, a beberse íntegra una gran olla de chicha, que el anciano avergonzado, apuró hasta las heces y luego se postró de rodillas, pidiendo perdón por su miserable conducta.

Cusi Yupanqui, lo tomó cariñosamente de los hombros, poniéndolo de pie, para coronarlo luego con un “purunchuku” (penacho de vistosas plumas de aves selváticas), nombrándolo finalmente, “Auquish Cápac”, algo así como “Gran Anciano”, o “Viejo Poderoso”.

Huiracocha, no pudo más y en medio de sollozos, ungió a su hijo ayer menospreciado, con la “mascaypacha” del poder supremo, al tiempo de proclamarlo “Pachacútec Yupanqui Cápac Intichuri”, o sea:”Hijo del Sol Que Transforma el Mundo”.

Había nacido un hombre que sería leyenda.

Pocos meses más tarde, el despechado Inti Urco organizó un pequeño grupo militar, pretendiendo invadir el Cuzco, para derrocar a Pachacútec.

Mala idea. El nuevo soberano, no sólo le infligió una humillante derrota, sino que lo hizo matar a palos, ordenó que lo descuartizaran y finalmente, arrojaran sus restos al río, para que no pudiera viajar en espíritu al “Hanan Pacha”, (una suerte de paraíso, según la cosmovisión incaica).

Alguien busca su fantasma

El espacio me va ganando la batalla y sólo alcanzo a escribir que Pachacútec fue un auténico genio. Estratega, guerrero, filósofo, poeta, constructor, político, negociador y según Clement Markham:”El más grande hombre que la raza autóctona americana haya producido”.- Tengo mucho más que precisar sobre nuestro ilustre antepasado, pero ¿saben? Nada de ello me lo enseñaron en el colegio. Ni siquiera en la universidad. Y deberían, oiga usted.

Todo lo que he podido averiguar, lo sé gracias a crónicas de Betanzos, María Rotsworowsky y Fray Bernabé Cobos. Tratándose de alguien que no sólo convirtió el modesto cacicazgo del Cuzco, en un inmenso imperio como el Tahuantynsuyo, unificando política, religión, agricultura y lenguaje, inventando los andenes y los reservorios de especies vegetales, entre otras hazañas como organizar el más eficaz y disciplinado ejército de su tiempo, creo que deberíamos cultivar nuestro orgullo por su memoria.

Pachacútec murió muy viejo, siendo sucedido por su hijo y discípulo Cápac Yupanqui. El Gran Transformador, fue momificado y su “mallqui” (momia), pasó a residir en Macchu Pichu, conforme descubrió el gran arqueólogo peruano Luis Lumbreras. En esa gigantesca tumba digna de su genio y su grandeza,” Pachacútec” momificado, siguió presidiendo consejos de la mayor importancia. Su opinión era “interpretada” por el Willac Umu y a la llegada de los españoles, cuando el corrupto, borrachoso Huayna Cápac, (nieto de Pachacútec) murió de viruela, la momia del gran líder fue secretamente sustraída de su ciclópea morada y de acuerdo al cura Cobos, “emparedada en el viejo hospital de Santa Clara de los Barrios Altos”-, lugar donde hace varias décadas se le busca infructuosamente. Viejas leyendas afirman que los “wamanis”, (espíritus poderosos), lo mantienen a salvo de manos indignas, “hasta que llegue el Gran Pachacuti”.- Es decir, un tremendo cambio transformador que habrá de devolvernos al camino que hace más de seiscientos años, trazó este antepasado nuestro que se trató de tú con la grandeza, hablando el excelso idioma del valor y las obras trascendentes.

Curiosamente, esta idea coincide con otras esperanzadas leyendas que viven en el folklore de numerosos pueblos viejos y sabios.-“Hay otros mundos, pero están en este”,- sentenció el gran pensador Elluard, prologando “El retorno de Los Brujos”.

A TODOS LOS JÓVENES DE MI PATRIA:

Querido hijo:

Atesora esta investigación de tu anciano padre, siéntete orgulloso de ser peruano y cultiva un “Pachacùtec” en tu mente, tu corazón y la necesaria grandeza de tu espíritu.