Candidatos que creen que están en un país de idiotas

 

Desde todos los sectores de la sociedad llegan fuertes críticas contra los candidatos que esperan ungirse, el próximo 26 de enero del año entrante, como representantes ante el Congreso de la República. Entre los postulantes, llámense Martha Chávez, Rosa Bartra, Yeni Vilcatoma, Mauricio Mulder, Omar Chehade y Marco Miyashiro, por citar algunos, hay quienes, con un mínimo de vergüenza ciudadana, deberían de abstenerse. El recuerdo de la gestión que les cupo recientemente, entre muchos más del mismo pelaje, debería llevarlos a la reflexión. Algo imposible, si se toma en consideración la catadura moral de cada uno de ellos. Tanto que no ha faltado que una reconocida intelectual, haya expresado con acierto que el electorado esta frente a una legión de corruptos, sinvergüenzas que se burlaron de la ciudadanía y que quieren hacer de la política un show. “Siguen creyendo que al ciudadano se lo trata como a un idiota”, ha sido la contundente y directa adjetivación de quien ha sabido recoger el sentimiento multánime de una inmensa mayoría de peruanos, que aspiran a que el Congreso de la República se renueve, con una representación digna de tan alta distinción.

Ha propósito de lo anterior es menester que tomemos en cuenta que los ciudadanos, cualquiera que sea su condición económica y social, nos encontramos inmersos en un complejo de modos de ser y de hacer resultados de una concreta manera de organizar la vida. Difícil compromiso social y político, pero no imposible de llevarse a la práctica, porque ese aporte puede actuar con eficacia para alcanzar una representación parlamentaria, capacitada para llevar con honor el poder que le da el pueblo, la dación de leyes y la permanente  fiscalización y control político, claro está, orientados al desarrollo político, económico y social del país, entre otras funciones especiales.

El Banco Mundial y otras instituciones internacionales han puesto sus ojos sobre la realidad nacional. La coincidencia de pareceres, nos hace ver que la negligencia del Estado se traduce en múltiples problemas sociales. En la solución de los mismos tiene el rol de la mayor importancia el próximo Congreso de la República. Su periodo será corto, pero puede ser ilustrativo y digno de recordarse. De ahí la trascendencia de llevar al hemiciclo a gente que de la vida  por el país y no que se constituyan en instrumentos de blindaje de tanto maleante que existe en los mal llamados partidos políticos.

¿Cuáles son los principales problemas sociales en el Perú? El más importante es el que se refiere  a la corrupción. La proliferación de videos de políticos ofreciendo y aceptando sobornos, como fue el caso de Alberto Fujimori y su asesor Vladimiro Montesinos, además de sus continuadores, es una muestra de ello. En el mismo nivel está el que tiene que ver con la ausencia de empleo digno y trabajo infantil. Este último es un problema grave y ha alcanzado mayor volumen en el sector de jóvenes menores de edad económicamente activos. A renglón seguido hay que citar la situación precaria en cuanto a derechos humanos, a los problemas raciales, a la pobreza, a la inseguridad ciudadana, dentro de un cuadro que tiene presente el elector, sobre todo aquel que mira con suma preocupación que estos problemas son de carácter estructural en un país en donde la protección social es un mito.

No olvidemos esto. La ciudadanía tiene, como su razón de ser, una finalidad especifica que se denomina “bien común”, la cual incluye una garantía de posibilidad para la realización del destino propio de cuantos formamos el cuerpo social de esta nación peruana. Pero el bien común no es una noción intangible y abstracta. De ninguna manera. Es inseparable del hecho social de cuyo acto es objeto, es, por ello mismo una realidad eminentemente histórica. No es una situación estática. Es esencialmente dinámica. Tal cual reclama la realidad social que la fundamenta. Formar ese bien común, es tarea de todos los peruanos.  En la selección y elección de los nuevos representantes hay gran parte del cumplimiento  de lo que hagamos como ciudadanos el próximo 26 de enero del 2020. Es tiempo que haya un despertar, que se dejen de lado los fundamentalismos. La política es una manifestación excelsa de respeto a la dignidad humana. Política es toda acción que se oriente a dirigir una sociedad mediante el ejercicio del derecho al voto, en este caso del Congreso de la República. Queda entonces actuar con responsabilidad, porque es el arte de hacer posible lo que es menester. La convocatoria del 26 de enero es la valiosa oportunidad de demostrar que no tenemos nada de idiotas y que somos ciudadanos con derecho a tener un país que haga honor a la vida en democracia.