Choledades

 

Próximos a celebrar doscientos años de vida independiente, evidentemente en un escenario nacional diferente, muy cambiado por los hechos y procesos sociales, políticos, económicos y sin duda, por los procesos culturales que hacen que los peruanos de hoy, se vean a sí mismos de modo muy distinto a como se valoraban y percibían hasta hace una o dos décadas. Ahora en nuestro país, si hay algo distinto, es una subjetividad individual y colectiva, que se manifiesta en el pensar, sentir y en las actitudes cotidianas de los ciudadanos, una mentalidad emprendedora, optimista de sí y del futuro de la ciudadanía peruana.

Del mismo modo, como se percibe esta nueva situación, en nuestra conflictiva como controvertida historia, se puede constatar en el universo de nuestras relaciones sociales cotidianas, la persistencia de algunos lastres del pasado, que podrían poner en riesgo la posibilidad de construir una modernidad democrática, sana, otra. Este riesgo, como que esta potenciado hoy por las tecnologías y la velocidad de la comunicación que “empodera” a esos factores que perturban, o por lo menos causan turbulencias, como en el pasado, a la idea de tener en el futuro una sociedad democrática, solidaria.

Nos referimos a las prácticas racistas, el racismo, la discriminación, el ninguneo, formas y fuentes de conflictos y de exclusión social que impiden que la sociedad y política sea democrática, igualitaria, respetuosa del otro, alteritativa. Sucede que estas rémoras del ayer, hoy tan vivas por efecto de las innovaciones tecnológicas (las modernísimas redes sociales, en algunas circunstancias parecen llenas de odio o rechazo al otro, al diferente, al andino, al pobre) y el crecimiento económico, que genera cambios en el consumo, el estilo de vida, en las formas de trabajo y de relación social, pero no ataca sus déficits educativos, sus arcaísmos culturales, por el contrario, parece que nos hacen volver a formas de pensar del pasado, no en plenitud, pero se acercan a esas.

María Luisa Rivara de Tuesta, (Falleció en el 2014), filosofa, historiadora y miembro de la Academia Peruana de Filosofía, rescata y recrea el pensamiento de algunos peruanos ilustres e ilustrados, presentes e influyentes en la historia del pensamiento peruano, aparentemente sepultados por el moderno pensamiento social y por la evolución de las ciencias que, sin embargo, reviven en muchas actitudes y formas de pensar de ¿algunos? peruanos de hoy.
Don Francisco García Calderón Rey, (nacido en Valparaíso en 1883, murió en Lima en 1953), escribía que los mestizos, los negros, los indios retardan los esfuerzos de cambio y modernización, por eso confiaba y hacia votos, para que el entusiasmo de los inmigrantes europeos en el Perú influyan, movilicen y sumen este nuevo mundo a la civilización latina. Abogaba por la tutela a los “aborígenes”, a los nativos, porque son como menores de edad que se dejan explotar por otros. Son una raza inferior por efecto de la conquista y el servilismo al que fueron sometidos. Sus costumbres y tradiciones impiden a los indios y mestizos conseguir la modernización, no su constitución biológica. Sostenía el diplomático peruano, que alguna vez fue propuesto como candidato al Premio Nobel por los intelectuales franceses. Algunos lo estimaron no un racista sino un racialista. ¿Entiende usted la diferencia?.

Ideológica y socialmente, Francisco García Calderón, fue un conservador y muy religioso, que para la segunda década del siglo XX era ya considerado un reaccionario, ligado a grupos de extrema derecha. Sus contemporáneos como Rodó, asumían otras formas de interpretación de la realidad de entonces.

Otro autor con mayor radicalidad racista, como lo fue el filósofo huancaíno, Alejandro Octavio Deustua Escarza (nacido en 1849 – murió en 1945), sostenía que los indios no solo carecen de cultura, tampoco tienen interés de saber. No tienen nociones de racionalidad y no pueden sentir que esta patria es su patria porque no experimentan emociones. ¿Para que le sirven las escuelas? ¿Cuál es el sentido de aprender a leer, escribir? Cuando solo tienen la forma humana, no son personas todavía, no saben vivir como personas y menos saben establecer sus diferencias con los animales. No tienen dignidad humana. Más tarde, 30 años después de haber expresado estas ideas, manifestó que el indio tenía escasa energía, que es un holgazán de inteligencia inferior y una psicología dominada por los bajos instintos. Con el tiempo, esta psicología lo ha convertido en miedoso, hipócrita, rencoroso que odia a todo el mundo y que tiene una aversión natural a todo lo que sea civilización.

Para Deustua, el indio es así porque ha sido sometido a la opresión y está gobernado por sus vicios. Goza y se siente libre en las fiestas religiosas y en las reuniones políticas en donde desencadena sus apetitos sensuales entregándose a sus danzas y a la embriaguez. Creía el filósofo peruano y rector de la Universidad Mayor de San Marcos, que hacia bien el Estado al utilizar la fuerza y el trabajo de indio, que se le cuide y proteja, pero que no se gaste en educación y otras cosas semejantes, que será inversión estéril. Soñaba Deustua, que la salvación del país surgirá de la creación científica de una nueva manera de vivir, operada por una inteligencia omnipotente de un grupo de hombres conscientes del estado del país y de las soluciones que requiere.

Si el indio es la causa de todos los males del país, el mestizo lo es menos, según Deustua. Aunque desgraciadamente, éste, ha heredado los defectos de aquel. El mestizo ha sido concebido en la época de la decadencia moral del indio y de decadencia del español, sentenciaba don Alejandro.

¿Es excesivo e innecesario recordar estas ideas de tan preclaros intelectuales peruanos? Por supuesto, es preciso recordar y analizar estas formas de pensamiento anacrónico, decimonónico que afecta nuestra sensibilidad, porque hoy en muchas de nuestras relaciones comunicativas, sociales, culturales, se perciben. Si no leamos las redes sociales, veamos la comicidad mediática, asistamos a los espectáculos para masas. O nuestras relaciones sociales inmediatas, a la madre rogando, que la hija “mejore la raza” al aceptar al enamorado; al vigilante que desconfía de la apariencia del peatón, al gerente que selecciona personal.