Colombia: Entre la paz y la narcoguerra

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Los “halcones” colombianos  que petardean el Acuerdo de Paz con las FARC, paramilitares, disidentes  y narcotraficantes tocan tambores de guerra para retornar al sangriento conflicto interno de medio siglo, donde miles de campesinos se debatían entre dos fuegos.

En este escenario, una vez más reaparece la ultraderecha, encabezada por el expresidente Álvaro Uribe, bajo cuyo gobierno florecieron los paramilitares que empezaron enfrentándose con  las FARC y terminaron formando sus propios carteles del narcotráfico, muchos de cuyos cabecillas purgan condena en Estados Unidos.

Por extraña coincidencia, por decir lo menos, este  gran opositor a los acuerdos entre el gobierno y las Farc, logró implementar en 2005, durante su gestión, su propia paz que germinó y dio lugar a otro grupo armado: los paramilitares.

Encontrar ese buen balance entre paz y justicia es muy difícil, paz sin impunidad, justicia sin sometimiento. Pero le voy a decir: todos los procesos de paz son imperfectos”, aseguró en marzo de 2005 el ex presidente colombiano Álvaro Uribe, tal como recuerda la revista Semana.

El hombre que ahora es el recalcitrante opositor al proceso de paz entre el gobierno de su ex ministro de Defensa, Juan Manuel Santos , y las FARC , es el mismo  que impulsó  al acuerdo que inició apenas dos meses después de asumir su gobierno, aunque encaminado a favorecer a  la organización paramilitar Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) que terminaría convirtiéndose en un poderoso cartel de drogas.

(Lo videos se difunden para contar con mayores elementos de juicio sin que por ello  necesariamente coincidamos  o rechazamos sus mensajes)

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El ex mandatario, que gobernó entre 2002 y 2010, anunció en ese entonces  el cese el fuego con las AUC, para luego comenzar una negociación con el objetivo de desmovilizar a este grupo armado ilegal.

En  junio de  2003 se instaló la mesa de negociación para someter a la justicia a los paramilitares dirigidos por Carlos Castaño, quien luego fue supuestamente asesinado por miembros de la AUC, aunque el proceso continuó bajo el liderazgo de Salvatore Mancuso (a) “Don Berna”.

El gobierno de Uribe impulsó una norma conocida como Ley de Justicia y Paz que fue aprobada en 2005 en medio de una gran polémica: la oposición y parte de la comunidad internacional dijeron que le abría la puerta a la impunidad, una crítica que paradójicamente  copió  para aplicarlo en el proceso de paz con las Farc.

Uribe parece no recordar que la ley aprobada por su gobierno contemplaba penas de hasta ocho años de cárcel para quienes confesaran todos sus delitos graves y contaran la verdad a las autoridades, a menos que hubieran cometido delitos de lesa humanidad.

Bajo el mandato del entonces presidente Uribe, se desmovilizaron alrededor de 32.000 paramilitares.

Según la revista Semana, la ley de Justicia y Paz introdujo por primera vez la posibilidad de penas de prisión alternativas a cambio de colaboración con algunos de los perpetradores de crímenes dentro de un conflicto armado y en materia de verdad y reparación a las víctimas.

La ley también tenía como objetivo la reincorporación a la vida civil de miembros de grupos armados ilegales.

 “En todos esos procesos de paz finalmente uno ve un poquito de sometimiento en nombre de la justicia, y algo de impunidad en nombre de la paz. En esto hay que hablar con toda franqueza, aquí no hay legislación perfecta”, se justificaba Uribe suelto de huesos  el 10 de marzo de 2005.

El  proceso de desmovilización fue incluso criticado ácidamenete  por el ex Presidente Andrés Pastrana (1998-2002), el  mismo que ahora lo apoya a rajatabla y  tuvo un rol fundamental en la campaña del “No” y que afirmó que el proceso había servido para legalizar a algunos jefes del narcotráfico que se hicieron pasar por paramilitares.

También 20.732 miembros de grupos guerrilleros (incluidas las Farc) y paramilitares ajenos a las AUC se desmovilizaron entre 2002 y 2010.

Pero en mayo de 2008 tuvo lugar otra decisión polémica, con la extradición a EE.UU. de 14 paramilitares, dentro de los cuales figuraban varios jefes que se habían sometido a la Ley de Justicia y Paz.

Los falsos positivos

A finales del 2006 estalló el escándalo de los falsos positivos en Colombia es como se conoce a las revelaciones hechas a finales de 2006 sobre el involucramiento de miembros del Ejército de Colombia en el asesinato de civiles inocentes, haciéndolos pasar como guerrilleros muertos en combate.

Estos asesinatos tenían como objetivo presentar resultados “exitosos” por parte de las brigadas de combate lo que en realidad eran  ejecuciones extrajudiciales y que, en el Derecho Penal Colombiano , se les conoce como homicidios en persona protegida.

Se trataba de un secreto a voces hasta que en el 2008 se encontraron los cadáveres de 19 jóvenes que habían desaparecido en el municipio de Soacha, vecino a Bogotá y de la localidad de Ciudad Bolívar al sur-occidente de la ciudad y  aparecían como bajas del ejército en Norte de Santander, a los que siguieron otros casos en Antioquia, Boyacá, Huila, Valle del Cauca y Sucre. ​

Por dicha denuncia fueron  destituidos varios oficiales y suboficiales del ejército y el comandante de esa rama de las Fuerzas Armadas, el General Mario Montoya, renunció a su cargo y fue nombrado por el presidente Embajador en República Dominicana, indican los medios de prensa.

​Dichas revelaciones pusieron en tela de juicio, según los críticos del expresidente Álvaro Uribe Vélez, algunos procedimientos de la llamada Política de Seguridad Democrática emprendida durante su gobierno.

Aunque no se tiene un número confirmado de víctimas mortales, a octubre de 2009 la Fiscalía General de la Nación tenía bajo investigación 946 casos relacionados con posibles “falsos positivos” y la Procuraduría 1043.

 Para abril de 2015, la Fiscalía adelantaba 3.430 investigaciones por estos hechos. Sin embargo, a pesar de todo el escándalo provocado, en febrero de 2010 por lo menos 40 de los militares involucrados en estos homicidios habían sido liberados por vencimientos de términos.

Este mismo exmandatario que apoyo sus acuerdos de paz con los paramilitares y protegió  a los verdugos  de los falsos positivos, en una larga lista de sangre, dolor y muerte, ahora se rasga las vestiduras para atacar el Acuerdo de Paz con las FARC olvidando sus correrías con los paramilitares,

En su obsesión por destruir la paz con las FARC ha dado de alguna manera la justificación a la que se aferran los disidentes que operan con los carteles la industria de la cocaína, en una pesadilla que amenaza  retornar sicarios, narcotraficantes, disidentes  y profetas de la nada en su camino hacia  los umbrales  de infierno y la paz…de los cementerios.