Control de calidad para no cometer papelones

 

El golazo de Paolo Guerrero en su regreso al fútbol tras cumplir castigo de la WADA, fue un bálsamo para curar las heridas abiertas que dejaron las dolorosas goleadas sufridas por Sporting Cristal y Alianza Lima en la Copa Libertadores.

Fue un alivio y una capa de endulce a la amargura de una semana terrible en el que solamente Melgar con su triunfo ante Junior de Barranquilla, salpicó de alegría a una hinchada castigada por las derrotas de celestes y blanquiazules.

Cuando ya estaba lacrada la semana de pesadilla apareció el “Depredador” para quitarnos el tormento sufrido con un golazo de altísimo nivel con la casaca del Inter de Porto Alegre.

También el doblete de Christian Benavente en Egipto fue una carga de alivio para darnos por enterado que los aportes individuales pesan más que los resultados de los equipos.

Tampoco el “tourner la page” puede abrirse paso para tapar el deshecho futbolístico que atravesamos con clubes sin nivel competitivo que en nada lubrica la asistencia mundialista pasada en el Mundial de Rusia 2018.

Se exige un profundo análisis para detectar los males de nuestro fútbol aunque bien sabemos que el inicio de todo parte con la formación de los juveniles. De hecho es deficiente el trabajo con menores pese a los esfuerzos de algunas instituciones por proveer al fútbol de nuevos jugadores.

Quiere decir que el trabajo con menores no es el adecuado pese a que el Sub 17 de Carlos Silvestri muestra interesantes prospectos que servirán en el futuro como sustento para formar compactas selecciones.

Sin embargo no lo es todo, sigue siendo un faltante porque los Yuriel Celi, Oscar Pinto, Kluivert Aguilar, Alessandro Burlamaqui, Massimo Sandi y José Racchumick por más que se valoricen en el Sudamericano Sub 17, todavía son pocos para un universo de futbolistas que respalden un trabajo a largo plazo.

Los clubes deben igualmente nutrirse de jugadores foráneos de buen nivel y dejar de lado a los que en sus respectivos países no pasan los filtros de suficiencia. Claro que traerlos es barato pero con ello se baja el nivel de competitividad para aterrizar en actuaciones de terror en los torneos internacionales.

Es cierto que el presupuesto que se maneja en nuestro medio es un sencillo comparado a otros países que realizan cuantiosos desembolsos. De seguir así, no podremos esperar que lleguemos a instantes mejores.

El rezo de un obligado concierto de resultados adversos se repite en la parroquia de un fútbol en declive como el nuestro donde los Once Amigos de Surquillo ponen más actitud que los de la primera división.

Es decepcionante que algunos jugadores no pongan suficiente dosis de coraje y entrega para dejar todo en la cancha. Es actitud la que se debe mejorar y el más claro ejemplo la puso la Sub 17 que tras ir abajo 3-0 finalmente perdió 3-2.   

Estamos en un momento en que pelear la clasificación a un torneo internacional no es más que una estafa. Se lucha, se pelea  y al final los resultados no acompañan. Un equipo peruano, en adelante, para jugar la Copa Libertadores tendrá que demostrar que tiene argumentos para no pasar vergüenza. Lo de ahora no sirve. Hay que cambiar los cimientos de nuestro fútbol.