Copa Libertadores sin ton ni son

 

Los escarceos del crecimiento del fútbol peruano lograda la clasificación al Mundial de Rusia 2918, resulta ser un fogonazo en medio de la frágil consistencia de los clubes que en Copa Libertadores acumulan millas de desencanto.

Universitario y FBC Melgar, rápidos para el desembarco anunciado, pasaron por el torneo copero con más pena que gloria, tan efímero que atrás quedaron los augurios de lavarse la cara para limpiar anteriores malas actuaciones.

Universitario no pudo con Oriente Petrolero al quedar eliminado cuando los hinchas cremas prendían fuegos artificiales con la clasificatoria en la mano pero un agónico gol del once boliviano acabó por apagar la tenue llama que alumbraba el camino de un horizonte cortado por la impericia de un arquero despistado.

Pasado el amargo desenlace del papelón estudiantil, llegó otro mazazo con la eliminación de FBC Melgar en un partido de arrabal y sin linaje por parte de los arequipeños.

Fue tan mísera la actuación mistiana que pasada las horas un solo sentimiento mueve a olvidar pronto la desfachatez de un paso copero de pobreza escalofriante que nadie puede entender.

Quedan Alianza Lima y Garcilaso parapetados en situación de emergencia para que no se repita la historia de la temprana eliminación.

Un mal precedente que obliga a tener serias dudas para inflamar el pecho en espera de que Alianza Lima pueda superar a Boca Juniors y Palmeiras en un grupo suicida.

Garcilaso tiene igualmente la obligación de mejorar los números cuando enfrente a Santos de Brasil y Estudiantes de La Plata, rivales de mucho recorrido en la Copa Libertadores.

No es menos cierto que Alianza Lima haya configurado su actuación frotándose las manos ante la ocasión de forrarse de un paquete de dólares enfrentando al poderoso equipo Xeneize que trae como figura estelar a Carlos Tévez.

Los dirigentes aliancistas en premonitoria decisión ven acaso que la suerte de pasar a la otra ronda es una misión imposible, redoblan el precio de las entradas para el partido ante Boca.

Se ve claramente que la ambición futbolística es un necio propósito y se opta por atrapar la apetitosa recaudación que según los cálculos de los entendidos supera el millón y medio de la moneda norteamericana.

Así, queda relegada a segundo plano las tantas veces postergadas ganas de ver un equipo peruano trepado en lo más alto. Y uno se tiene que preguntar ¿hasta cuándo?