Cuando un extranjero ama al Perú

 

¿Puede un extranjero querer a un país que no sea el de él? Pues sí, hay muchos casos, y uno de ellos, a lo mejor el más emblemático el del compositor don Boris Ackerman. El llegó al Perú en el año 1935, cuando apenas contaba con cuatro años de edad, escapándose con su familia de su natal Rumania, producto del irracional odio nazi hacía los judíos.

Ya en nuestra tierra, don Boris Ackerman se dedica al negocio de la importación de materiales de construcción, paralelamente a su actividad comercial. Él y su compatriota, Boris Roseznic, empiezan a alternar con consagrados músicos nacionales de la época, como Filomeno Ormeño; Laureano Martínez; el “chino” Luís Abelardo Núñez; la cantante Teresita Velásquez entre otros criollazos, y es así que se propone componer una serie de valses, entre ellos “No quiero oír tu nombre”; “No se que fue” ; “Tu adorador” , siendo uno de los más bellos el dedicado a la tierra que gratamente lo cobijó. Es así que en agradecimiento al Perú y nuestra vieja Lima compone el valse “SOY PERUANO” cuyo texto es el siguiente:

Soy Fernando Alcalde
Yo nací en una tierra lejana
pero llevo en mis venas el sol
que glorioso alumbró la mañana
que esta tierra mis ojos miró.
He crecido sintiendo el murmullo
de las aguas del río hablador
y aprendí escuchando su arrullo
a sentir por Lima tanto amor.

Por eso al escuchar
la marinera, el vals,
la guitarra, el cajón,
siento como una voz
que me grita ¡Perú!
dentro del corazón.

Este vals
que en mi pecho ha nacido
es la prueba de mi gratitud.
y ponerle por nombre he querido.
¡Soy peruano!
¡Qué viva el Perú!