El despelote, no han aprendido a dialogar

 

¡Esto es el despelote!, frase recurrente que más de un ciudadano de a pie, expresa, respecto a la huelga que lleva adelante un sector de docentes y no, precisamente, de manera orgánica el SUTEP, que es el sindicato nacional que hace rato dio por terminada la medida de fuerza, luego de considerar atendido su pliego de reclamos de mejoras económicas y sociales.

La dirigencia sindical sobrepasada por quienes constituyen la oposición al interior de la organización gremial, no dice nada al respecto en defensa de sus fueros. Apenas si balbucea y con timidez, muy de vez en cuando, tratando de explicar quiénes son los que la han desbancado. Es tan pobre la argumentación esgrimida a la fecha, que hace pensar que se le vienen tiempos malos, a la hora en que se proceda a la renovación de cuadros que conformarán el nuevo comité ejecutivo. ¡Allí se vendrá el despelote!

Las autoridades del ministerio de Educación y hablemos en plural porque la ministra no lo es todo, posiblemente, no esperaban que esto ocurriera. Les bastó con tomar acuerdos, con quien parecía el más belicoso -me estoy refiriendo a la dirigencia del magisterio del Cusco- y luego retornaron a sus escritorios. Dejaron de lado los anteojos, olvidando que tenían el deber de mirar más lejos. El ministro del Interior, haciendo suyos los informes de sus asesores, les echó un capotazo señalando que entre los quejosos, había más de un infiltrado que tenía la camiseta de agitador terrorista. El señalamiento, grueso a no dudar, se quedó allí, tanto que el presidente de la república, creyendo, a lo mejor, que está gobernando un país habitado por seres celestiales, abrió las puertas de Palacio, no para tomar un tecito, sino nada menos que para arreglar el problema. Foto va, foto viene, la reunión terminó siendo un fiasco. Los huelguistas, podría decirse, se rieron en su cara. ¡Todo un despelote!

Para entonces y dado que las papas quemaban como salidas de brasero de anticuchera de callejón, buscaron el apoyo de los gobernadores regionales. Estos escucharon y hasta asumieron la consigna: ¡el que no trabaja, no cobra su salario! Puro cuento, apenas regresaron donde la paisanada, lo primero que hicieron fue ordenar que pasaran por caja. Más todavía, al igual que determinados alcaldes provinciales, ávidos de respaldo político, facilitaron con dinero del presupuesto regional, el traslado de los protestantes hasta la misma Plaza San Martín, en Lima, para apoyar la causa huelguista. Pero, en realidad ¿qué los llevó a eso? Habría que averiguar el porqué y esa es tarea de Basombrío, que dígase de paso, cada día está más calvo con tanto enfrentamiento callejero. El problema ya es un problemón. ¡El despelote!

Por allí comenzaron a terciar ¡cuándo no! los “keikistas” (los de la banda Keiko) a soltar sus puyas. Pero, también a utilizar su escopeta de dos cañones. Por un lado, Galarreta, ahora nada menos que presidente del Congreso, ¡pasu diablo!, dándosela de buena gente, ofreció a PPK las correspondientes facultades legislativas, que le permitiera solucionar el conflicto. Por supuesto que el colorado no aceptó. Legislar le corresponde al Congreso, reflexionó. Y, además, parece que no quiso correr la misma aventura ocurrida hace poco, cuando le dieron las mismas facultades para ver lo referente a asuntos económicos y todo terminó con una serie de cuestionamientos, porque no contaban, alegaron, con sustento constitucional. Le tomaron el pelo. Eso es lo que querían. ¡El despelote!

La muchachada parlamentaria de la oposición y que son minoría en el Congreso por más que se junten, creyeron de buena fe que era necesario servir de bisagra para solucionar un problema tan delicado y que afecta a millones de estudiantes de primaria y secundaria. Se amanecieron todo un fin de semana. Actuando en pared con la ministra, llegaron finalmente a un acuerdo final de diez puntos y hasta redactaron el acta respectiva… Pero, pero, no contaban con la astucia de todo un personaje, ligero de lengua y un habilidoso intrigante, que hace rato dejó de ser un becerrito cualquiera. Este mantenía, por lo bajo, contacto con los huelguistas y les había afirmado que el “keikismo” tenía la fórmula ganadora. Conclusión la bisagra no funcionó y el preacuerdo de la mañana, terminó en la noche, en un rechazo sin nombre. Los huelguistas, dijeron nada con eso de capacitación, ni de evaluación. Para llorar ¡Fue el despelote!

Becerril, quien es el monje negro de todo ésto, inmediatamente llamó a los del conflicto, para conversar en el propio Parlamento y salir, pensaba, triunfante y aplaudido por tirios y troyanos. No sabía que Pedro Castillo, que así se llama el profesor de aula, de un lejano pueblo chotano, comandante en jefe de la disidente facción sutepista, tiene sus propias convicciones. Y sin ser muy trejo en estos menesteres, cuando se habló de la importancia de la evaluación, que servirá para mejorar la enseñanza pública, le dijo nones, porque “las bases no aceptan”. Dejaron mudo a Becerril y ahora el pobre está triste y no encuentra, hasta el momento, explicación a lo ocurrido. Tanto que ha llamado a su botica chiclayana, pidiendo de urgencia todo el inventario de valeriana, para calmar su desencanto y otros males de la cabeza. No es para menos. Ha quedado como palo de gallinero ante su bancada y ante su idolatrada jefa. Es que, quien mal anda, mal acaba. ¡Un gran despelote!

Mientras tanto, los padres de familia, los estudiantes que tienen que ir a escuelas públicas porque en casa la economía no alcanza ni para la comida diaria, sienten las malas consecuencias de una huelga, que bien se podría solucionar, si la ministra de Educación, antes de la demagógica interpelación que afrontará en breve, explica bien en qué consistirá la evaluación y hace entender a los huelguistas que toda capacitación debe ser bienvenida. ¡No muerde y no hay porqué temerle!