El día que Lopez Antay derrotó a los cultos de Lima

 

En la Navidad de 1975, el celebrado retablista ayacuchano Joaquín López Antay recibió el Premio Nacional de Cultura en la categoría de Arte. La decisión provocó rechazos y adhesiones y una profunda división de los artistas, especialmente los plásticos pues los músicos no protestaron. Enero de 1976 debe ser recordado como el mes en que nuestros pintores abandonaron paletas y pinceles para sumergirse en una intensa discusión conceptual y política que todavía, decenas de años después, adquiere vigencia cuando es evocada.

La siguiente es una apretada crónica de aquellos sucesos que llevaron el arte a las página centrales de los periódicos.

-Un contexto complicado

Aquel 1975 fue un año importante, decisivo para la “Revolución de la Fuerza Armada”. Luego de gobernar con mano dura desde 1968, el general Juan Velasco Alvarado había sido reemplazado por el general Morales Bermúdez en agosto en lo que llamaron la “Segunda Fase de la Revolución”. En aquellos siete años, los militares habían llevado adelante importantes reformas, donde quizá la Agraria era la más impactante por la expropiación de las grandes haciendas norteñas. Le habían seguido la Educación, la Industria, las Telecomunicaciones, etc. en una serie de eventos de cambio que no caben en estas líneas pero debemos destacar la expropiación de empresas de radio y televisión en 1971 y luego los diarios de circulación nacional, en 1974, que debían ser adjudicados a lo que llamaron “sectores representativos de la sociedad”.

El gobierno militar había contado con el apoyo de importantes fuerzas políticas, a la vez que soportado férrea oposición de los afectados por las reformas y de quienes sencillamente no creían que aquella “Revolución” que se decía “ni comunista ni capitalista” no conducía a buen fin y que finalmente, insistían, se deslizaría hacia el comunismo tipo Cuba.

Morales Bermúdez asumió el gobierno en agosto de 1975 luego de una serie de desaciertos políticos velasquistas, como la deportación de docenas de opositores entre los que había periodistas, políticos y dirigentes sindicales acusados de conspiración. La medida causó tanto impacto que la salida del general Velasco, otrora admirado, fue recibida con alivio y hasta diarios velasquistas de la primera hora como “Expreso” y “Extra” proclamaron que había llegado el momento de “profundizar la revolución” justificando la defenestración.

Y también recibió el nuevo Presidente un importante sistema de difusión y propaganda porque se controlaba las principales emisoras, los Canales de televisión, los diarios más conocidos, la agencia de noticias, todo agrupado en el “Sistema Nacional de Información” (SINADI) que tenía como órgano de control la “Oficina Central de Información” (OCI).

En cuanto a la cultura, los militares no le concedieron la importancia de otros sectores pero no la descuidaron y en marzo de 1971 reemplazaron la vieja Casa de la Cultura por el Instituto Nacional de Cultura INC, nombrando Director al literato José Miguel Oviedo, quien sería reemplazado un año más tarde por la lingüista Martha Hildebrandt, de impecable historia académica pero de un carácter difícil. Autoritaria y a veces ruda en exceso, asumió las riendas de la cultura oficial sin medir palabras ni consecuencias, adhiriendo con entusiasmo los postulados de la Revolución militar[1].

Gozaba de la confianza absoluta del general Velasco quien admiraba su vehemencia y decisiones rápidas y esto le permitió autonomía para reunir a un grupo de intelectuales destacados para la puesta en marcha del INC. Y por supuesto, como en todos los sectores afectados de alguna manera por la Revolución, concitó fuertes críticas que aflorarían con claridad más tarde, como veremos.

Debe recordarse que la Escuela de Bellas Artes había perdido su autonomía por decisión gubernamental y pasado a depender del INC, esto es, del equipo de Martha Hildebrandt. Esto traería como consecuencia, además del resentimiento de una facción de maestros, el reemplazo del director Ugarte Eléspuro por una Comisión Técnica dirigida por el músico Armando Sánchez Málaga, por entonces Director Técnico del INC. La intención, parece, era que asumiera la dirección Teodoro Núñez Ureta, quien decidió esperar hasta el año siguiente.

Quizá para aplacar las críticas de los artistas Hildebrandt delegó en la Asociación de Artistas Plásticos del Perú (ASPAP) la decisión de seleccionar a los representantes peruanos a la célebre Bienal de Sao Paulo a realizarse entre el 17 de octubre y el 15 de diciembre de aquel 1975.

La ASPAP era presidida por Francisco Abril de Vivero, un artista crítico del gobierno que defendía sus puntos de vista con vehemencia y que había sido elegido por los plásticos que no eran afectos al gobierno ni a la gestión de la Hildebrandt[2]. Pese a ello y con gasto del Estado, llevaron sus obras al Brasil Milner Cajahuaringa, Colomba, Miguel Angel Cuadros, Julia Escalante, Gastón Garreaud, David Herkovitz, Julia Navarrete, Miguel Nieri, Jorge Oka, Edith Sachs, Venancio Shinki y Armando Villegas. Por su cuenta y peculio también participó Fernando de Szyszlo.

Comentando, Abril de Vivero escribiría: “Puede afirmarse que el envío peruano a Sao Paulo constituye un verdadero ejemplo de colaboración entre el I.N.C. y la ASPAP y una positiva manifestación de apoyo del Estado a la actividad de una organización de base en el campo de la cultura, sin menoscabo alguno de su autonomía”[3] .

Todavía, entonces, los artistas plásticos estaban aparentemente en paz pese a que ya habían cruzado opiniones tajantes sobre la orientación artística de la Escuela Nacional de Bellas Artes.

-“¿Un artesano, Premio Nacional de Cultura?”

A mediados de 1975 el INC convocó a los Premios Nacionales de Cultura en las áreas de Arte, Literatura, Comunicación Social, Ciencias Humanas, Ciencias Naturales y Matemáticas y Ciencias Aplicadas y Tecnología y publicó las Bases, que eran generalidades sobre las especialidades y que abrían un abanico de posibilidades de premio que resolverían las Comisiones Técnicas nombradas para cada categoría.

Para la Comisión Técnica de Arte se nombró a un significativo y variado grupo de intelectuales que propondrían a un ganador.

La integraron Carlos Bernasconi, afamado grabador, escultor, propulsor de la artesanía que había sido presidente de la Sociedad de Artesanos en años anteriores; Juan Gunther, arquitecto, historiador de Lima; Cristina Gálvez, escultora muy reconocida; Leslie Lee, pintor que ya gozaba de prestigio; Enrique Pinilla, músico notable; Alfonso Castrillón, importante historiador del arte; y la conocida bailarina clásica Vera Statsny.

La Comisión era pues irreprochable en términos de reconocimientos artísticos y prestigio personal.

El problema era que el ámbito de “Arte” era, y es, tan amplio que la decisión se presentaba difícil y fueron necesarias varias reuniones para ponerse de acuerdo.

Apenas conocida la Convocatoria fueron presentadas las candidaturas de los pintores Núñez Ureta, Quíspez Asín, el músico Rodolfo Holzmann y otros.

Pero a mediados de diciembre comenzó a circular el rumor de que lo concederían a un artesano, lo que alarmó a parte de la comunidad de artistas. Era verdad, el tema planteado en la Comisión se había filtrado al exterior.

¿De quién fue la idea de premiar a López Antay? Alfonso Castrillón, miembro de la Comisión Técnica, ha dejado testimonio público en un artículo: “Yo llevaba la propuesta del pintor Carlos Quispez Asín, pero cambié de opinión ante la idea de Leslie Lee de postular el nombre del artista popular Joaquín López Antay. Los argumentos resultaban contundentes: el largo ejercicio de una vida dedicada al arte de su pueblo, el enriquecimiento del lenguaje plástico de un objeto adoptado como el retablo…”[4].

Se diría después que Marta Hildebrandt influyó en la decisión de premiar a López Antay pero Carlos Bernasconi lo ha negado con firmeza: “Nos convocó uno a uno, luego instaló la Comisión y se despidió… nunca hubo la más mínima insinuación”[5].

La Comisión Técnica elaboró un dictamen por mayoría simple, porque no hubo consenso, en el que se abrió fuegos conceptuales:

En el Perú de nuestros días coexisten un arte llamado culto, tanto por la información erudita de sus contenidos, como por el desarrollo técnico, ambos de corte europeo, y el arte popular, autóctono o mestizo que expresa su idea del mundo de manera directa, utilizando técnicas propias, no por eso menos artísticas. El primero se sustenta en una teoría explícita, a la manera analítica tradicional de Occidente, el segundo lo hace intuitivamente, de manera sintética, presentando el mundo en su totalidad como una vivencia.

Hay pues dos formas expresivas que respetar y tener en cuenta cuando se trata de la Cultura Peruana o en este caso los Premios Nacionales. La primera importada, consumida y respaldada por grupos minoritarios; la segunda mestiza, patrimonio de las mayorías[6].

Se agregaba que la dirigencia cultural peruana había subestimado las formas expresivas populares provocando una división propia de un esquema de cultura dominada el arte culto y el arte popular.

La propuesta fue aceptada con entusiasmo por el INC y el 25 de diciembre los artistas peruanos leyeron en los diarios la noticia: “Premio de Arte fue para López Antay” destacándolo de los otros premiados, todos personajes de valía indiscutible. Así, el Premio de Literatura fue para el poeta Rafael de la Fuente y Benavides “Martín Adán”, el Premio de Comunicación Social para el diseñador gráfico José Bracamonte, el Premio de Ciencias Humanas para el gran historiador Jorge Basadre, el Premio de Ciencias Naturales y Matemáticas para José Tola Pasquel y el Premio para Ciencias Aplicadas y Tecnología para Alberto Hurtado.

-“Arte Culto vs. Arte Popular”

Los periodistas pidieron inmediatamente opinión a los artistas plásticos y los encontraron divididos. En una serie de rápidas entrevista se pronunciaron a favor Víctor Delfín, Eduardo Zamalloa, Alfonso Moreno y Gabriel Kantor y expresaron decidida oposición Milner Cajahuaringa y en particular Juan Manuel Ugarte Eléspuru hasta hacía poco Director de la Escuela Nacional de Bellas Artes (ENBA) quien reclamó la publicación del dictamen agregando “… y esto lo pido porque en casi todos los concursos intervienen factores ajenos al mérito de aquello que se juzga. En este caso me parece que ha primado un criterio oportunista y demagógico, porque artesanía y arte no deben compararse, cada una de ellas tiene su propio nivel muy respetable y que debe ser estimulado pero a cada cual en su terreno y a su altura”[7].

La noticia se fue haciendo cada vez más relevante y tratada en todos los diarios que anunciaron la llegada a Lima del retablista desde su lejano Ayacucho; y enterado de la controversia solo comentó: “En todas partes hay envidia. No todos nos quieren ni en Lima ni en Ayacucho”[8].

Pero la artillería mayor y formal provendría de la ASPAP con un pronunciamiento redactado probablemente por su presidente Abril de Vivero y que transcribimos completo:

COMUNICADO

La Asociación Profesional de Artistas Plásticos expresa su radical discrepancia respecto del fallo que concierne al Premio Nacional de Cultura en el área de las artes.

Las instancias que determinaron la otorgación de dicho premio han creído pertinente conferirlo a un conocido artesano, el señor Joaquín López Antay, en circunstancias de que competían igualmente para esta distinción exponentes de la música y la pintura que han cumplido destacado papel en la cultura de nuestro país, a lo largo de vidas enteramente dedicadas a obras creativas de gran significación así como a la formación de generaciones de artistas.

El que se hubiera querido consagrar la labor de un artesano, que merece nuestro respeto y simpatía más sinceros, habría motivado ciertamente, nuestro mayor beneplácito, de haberse producido dentro del marco de un premio específicamente destinado a la artesanía. Pero el fallo que impugnamos adquiere un sentido totalmente diferente e inaceptable, el sentar la tesis que la artesanía tiene para nuestro proceso cultural una significación mayor que la pintura o la música.

No puede justificarse semejante fallo en la pretensión de oponer un arte popular y auténticamente peruano a un arte llamado “culto” y arteramente motejado de “dependiente”. Pues, en efecto no se podría haber escogido para tal propósito, ningún ejemplo más torpemente desafortunado que el de los “retablos”, cuyo indiscutible encanto no les quita el carácter de una expresión artesanal que no logra superar su primigenia inspiración colonial. Es por eso que los pintorescos retablos ayacuchanos se han convertido en este último siglo, en objeto de consumo que satisfacen a la vez las necesidades de exotismo del turismo extranjero y, en el caso de nuestro turismo interno, las ansias mezcladas de populismo y pasatismo que caracterizan la mentalidad de ciertas capas, por lo visto siempre dominantes de nuestra burguesía teñida de progresismo intelectual e inmersa en irremediables complejos de culpa.

Anteponer esos objetos artesanales a las manifestaciones actuales del arte no constituye otra cosa que una irresponsabilidad nuestra de demagogia cultural que la ASPAP condena severamente.

Por otra parte, llama poderosamente la atención el énfasis periodístico y hasta oficial derrochado para exaltar el sentido pretendidamente peruanista de tan desacertado fallo, en contraste con la curiosa discreción que rodea a los fallos relativos a otras áreas de la cultura, donde las manifestaciones “cultas” no parecen haber sido objeto de menosprecio ni tachadas de “dependencia” o falta de significado peruanista.

Esta dualidad de criterio no hace sino subrayar el carácter irresponsablemente demagógico, es decir contrario a los auténticos valores del pueblo y la cultura, del fallo específicamente referido a las Artes, fallo que descalifica moral e intelectualmente a sus autores.

Por ello, la ASPAP reclama la revisión y reestructura de los Premios Nacionales de Cultura a través de un proceso que sólo podrá resultar de una auténtica participación de todas las entidades y organizaciones implicadas en la vida cultural del país.

Lima 1° de Enero de 1976

La Junta Directiva de la Asociación Profesional de Artistas Plásticos:

Francisco Abril de Vivero, Presidente; Luis Cossio Marino, Secretario General; Alberto Dávila, Secretario de Exposiciones; Carlos A. Castillo, Secretario de Coordinación; Miguel Ángel Cuadros, Secretario de Prensa y Propaganda; Edith Sachs, Secretaria de Economía; Emiliano Martínez, Secretario del Interior.

Y en esos días los artículos de opinión favorables al premio predominaban en los periódicos que controlaba el gobierno dando muy poco espacio a los contrarios. El diario que informaba más de cerca el tema fue “La Prensa” gracias al interés del periodista Luis Freire Sarria. “El Comercio” lo seguía pero en menor medida. Por ejemplo, el Suplemento Dominical dio espacio de queja a Ugarte Eléspuru quien llegó a decir que protestaba por el premio, agrediendo a la Comisión Técnica “…este curioso jurado compuesto por dos pintores, un grabador, un galerista, un arquitecto, una bailarina y un músico… son cosas del mundillo de la vida artística” reiterando el reclamo de que se hiciera público el dictamen[9].

De otro lado, los adjetivos utilizados en el Comunicado de la ASPAP citado arriba no pudieron menos que provocar reacciones en el grupo que apoyaba la decisión y que eran miembros destacados de la institución. Contraatacaron con otro comunicado que abriría todavía más la brecha:

COMUNICADO

Los abajo firmantes miembros de la ASPAP (Asociación Profesional de Artistas Plásticos) con relación al comunicado publicado en el diario La Crónica, el día 6 del presente en el que miembros de la Junta Directiva comprometen indebidamente a la Institución al dar a conocer a la opinión pública la total oposición de nuestro gremio al premio otorgado al artista Joaquín López Antay.

DECLARAMOS: Estar en desacuerdo con lo expresado en dicho comunicado, y con el ilegitimo procedimiento que han usado para emitirlo sin antes haberlo puesto a consideración de la Asamblea General. Del mismo modo, EXIGIMOS PUBLICAMENTE a la Junta Directiva, convoque en el término de una semana a una Asamblea General, para dar cuenta al máximo organismo de ésta y otras actitudes negativas que van en perjuicio de nuestra institución.

Lima, 7 de enero de 1975

Sabino Springett, Ernesto Zamalloa, José Coronado Pizarro, Ugo Camandona, José Carlos Gutierrez, Tilsa Tsuchiya, Julio Camino Sánchez, Ciro Palacios, Carlos Cornejo, Félix Oliva, Lola Schroder, Martha Vértiz, Teresa Brown, Manuel Gómez Ramos, Hugo Florián, Teddy Sawaya, Etna Velarde, Eliseo Guzmán, Gorky Mesones, César Cueto, Luis Sono, Mario Placenza.

-“Revolución y cultura”

Aquel día miércoles 7 de enero, el salón de actos del INC quedó pequeño para los que acudieron a la entrega de los premios por el Ministro de Educación, el General Ramón Miranda, quien pronunció un discurso clave para conocer mejor los rumbos que aguardaban a la “cultura revolucionaria”.

Las reseñas periodísticas destacaron que el ministro planteó cómo debía concebirse la cultura dentro de la Revolución, resaltando los valores de la cultura popular oponiéndola al neocolonialismo cultural: “Nuestra concepción de la cultura reconoce a la comunidad, a sus organizaciones de base y a los trabajadores de la ciencia y la cultura como los sujetos colectivos del desarrollo cultural, como su fuente y destinatario, como su creador y beneficiario”[10].

Y mientras los periódicos elogiaban el discurso y los premiados, los plásticos opositores persistían en su lucha interna. Así, la directiva de ASPAP reaccionó con energía ante las acusaciones disidentes:

Comunicado de ASPAP

Ante el Comunicado publicado por un grupo de asociados y no asociados el día 9 de enero, la Junta Directiva de la ASPAP declara:

-El Comunicado del 1° de enero cuestionando la otorgación del Premio Nacional de Cultura en el área de las artes, fue publicado por acuerdo de todos los miembros de la Junta Directiva, de conformidad con el artículo 20 de los estatutos que le confieren la representación de la ASPAP. Es, por lo tanto, inobjetable la legitimidad del proceder seguido.

-Los Estatutos de la ASPAP contemplan que las Asambleas destinadas a debatir cuestiones específicas podrán ser citadas con carácter de extraordinario “cuando la Junta Directiva lo considere necesario o cuando lo solicite por escrito el 20 % de sus asociados hábiles (artículo 11, inciso b).

-Hasta el momento de emitir esta declaración, la Junta Directiva no ha recibido ningún pedido en tal sentido. En cuanto se le solicite la convocatoria de Asamblea respaldado por el 20% de socios hábiles la Junta Directiva procederá a convocarla en el plazo de una semana.

(…)

-La Junta Directiva reprueba el tono insólitamente divisionista del Comunicado emitido por el grupo ya aludido en el que, por lo demás, se encuentran algunos elementos notoriamente desvinculados de las actividades de la ASPAP.

Lima, 9 de enero de 1976.

Por la Junta Directiva

Francisco Abril de Vivero

La polémica se acentuaba más todavía y alcanzó niveles máximos con dos eventos que marcaron con claridad lo que se discutía, el Arte Culto vs. el Arte Popular, discrepancia en la que todos tomaban partido, inclusive la directora del INC cuando aprovechando la visita de Lopez Antay a la institución dijo a la prensa: “ Con esta designación se reconoce su aporte a la cultura de nuestra patria y a la vez el premio rompe el esquema de un arte culto, consecuente con el cambio de la política cultural del Estado”. Y arremetió contra Ugarte Eléspuru: “¿Es un creador? ¿Puede ser un creador un pintor que repite técnicas extranjeras? ¿Cuál es el género que ha creado Ugarte Eléspuru?”[11].

Interesándose en el tema el Instituto Riva Agüero de la Pontificia Universidad Católica, dirigido entonces por Mildred Merino de Zela convocó a una Mesa Redonda en homenaje a López Antay, quien era el invitado principal y tuvo así la experiencia, amarga por ratos, de asistir a una ardorosa discusión sobre los méritos de su obra.

El miércoles 14 de enero también quedó estrecho el local del jirón Camaná para el evento cultural que se preveía como encendido, por la calidad de los expositores.

Allí estuvieron Raul Apesteguía, de la Galería “Huamanqaqa”; Mario Benites, de la Galeria de Arte Popular”El Retablo”; Alfonso Castrillón, historiador de arte de la Universidad de San Marcos; Raul García Zárate, concertista de guitarra; Enrique Iturriaga, Director de la Escuela Nacional de Música; Pablo Macera, historiador de San Marcos; Luis Antonio Meza, crítico de arte de El Comercio; Josafat Roel, Director del Centro de Difusión y Estudio del Folklore Nacional de San Marcos; Francisco Stastny, Director del Museo de Arte Popular y Juan Manuel Ugarte Eléspuru, Director de la Escuela Nacional de Bellas Artes.

Y además un numeroso público deseoso de expresar acuerdos o desacuerdos, como lo hizo a viva voz Abril de Vivero, presidente de la ASPAP, reclamando un premio especial para el Arte Popular. “El debate en algunos momentos alcanzó singular intensidad” reseñó al día siguiente El Comercio[12].

Pero la voz que destacó nítidamente fue la del historiador Castrillón, miembro de la Comisión Técnica que propuso el premio al retablista y que tenía una clara visión del tema que sistematizó en pocas palabras diciendo que había que considerar que López Antay no era un artesano sino un artista popular porque su obra no era mera repetición de modelos, que su concepción del mundo era auténtica, “frutos de una síntesis e intuición personales”, que en López Antay había más autenticidad que en muchos artistas llamados cultos “que no han hecho más que copiar revistas internacionales toda su vida, saltando de ismo en ismo”. Dijo finalmente que la obra del retablista era el fiel reflejo de la sociedad campesina y había captado más público que el elitismo capitalino[13].

“Cabe citar”, dijo un diario, “que Joaquín López Antay guardó el silencio de los sabios”[14].

El debate pasó entonces a la televisión. Todavía el gobierno permitía la difusión del programa de política y debate “Encuentro” que transmitía Canal 4, ya expropiado y parte del sistema informativo gubernamental.

El programa era dirigido por el sociólogo y periodista Rafael Roncagliolo, quien era además líder sindical de los trabajadores de los diarios “Expreso” y “Extra”.

El anuncio concitó enorme interés y aquel 14 de enero a la 10 de la noche la audiencia debió ser masiva para seguir el debate. De un lado Leslie Lee y Juan Gunther, ambos de la Comisión Técnica que había recomendado el Premio y que defendían apasionadamente su decisión, y del otro, con no menos ardor el presidente de la ASPAP Francisco Abril de Vivero y el pintor Carlos Aitor Castillo.

No ha quedado memoria grabada de aquel histórico encuentro y solo hubo breves líneas en la prensa escrita, como esta: “Los detractores de la artesanía plástica como Arte plantearon inadmisible comparar el arte y la artesanía, pues argumentaron que el Arte responde a las expresiones más excelsas de espíritu humano, cosa que no sucede con la obra de los artesanos… En tanto la contraparte puntualizó que es una falacia pretender crear dos niveles en el arte… Se dijo que lo que se trata en resumen es negar el arte del pueblo en defensa de una élite”[15].

-“Fracasó el caballazo…”

Por fin, el 5 de febrero se realizó la asamblea general extraordinaria de la ASPAP que reclamaban los opositores con el resultado que una revista local describió como intento de “caballazo”[16]. En ambiente de abierta discrepancia y no poca agresividad un grupo abandonó la reunión quedando solo los anti-Premio que inmediatamente aprobaron un voto de censura para los adversarios, quienes días después renunciaron para fundar un “Sindicato Único de Trabajadores en las Artes Plásticas” y su primer firmante era don Joaquín López Antay. Aquí sus razones:

MANIFIESTO

ACTA DE FUNDACION SINDICATO UNICO DE TRABAJADORES EN LAS ARTES PLASTICAS

1.-El pueblo peruano es consciente que el trabajo de creación en las artes plásticas es la expresión de la imaginación y sentimiento populares, plasmados en imágenes y formas singulares. Esta premisa es la misma en el arte de todos los pueblos que, situada históricamente, hace de la creación artística, como de toda acción humana, un acto político innegable.

2.-El arte es un producto de comunicación social y, como tal, en una sociedad de clases, no puede dejar de expresar la ideología de clase de quien lo crea. Se ha pretendido hacer del arte un producto sin otra función y contenido que no sea sino los derivados de un sensualismo preciosista, dependiente de las influencias de los centros hegemónicos del imperialismo, y ajeno a toda significación social.

3.-Nuestro pensamiento es diferente. Nosotros rechazamos esos caminos de alienación burguesa, denunciando la manipulación del arte con fines discriminatorios.

4.-El arte no puede reducirse a una mercancía de consumo, sujeto a intereses de plusvalía, que maniata y enmudece a los trabajadores plásticos, vulnerándolos en su integridad de hombres libres.

5.-Afirmamos que el arte debe inscribirse dentro del proceso de luchas populares, enfrentándose al reto de una auténtica liberación cultural.

POR LO TANTO, decididos a constituirnos en un SINDICATO UNICO DE TRABAJADORES EN LAS ARTES PLASTICAS, reclamamos la formación un amplio FRENTE CULTURAL a nivel nacional, que defienda los derechos auténticos de los trabajadores en el arte, y hacemos un llamamiento a todos los artistas del país a solidarizarse con nuestro pronunciamiento justo y necesario.

¡POR UN ARTE COMPROMETIDO CON LAS LUCHAS POPULARES!

¡POR UNA POLITICA CULTURAL SIN DISCRIMINACIONES!

¡POR UNA VANGUARDIA ARTISTICA SINDICALIZADA!

Joaquin López Antay, Gastón Garreaud, Tilsa Tsuchiya, Ciro Palacios, Manuel Gómez, Félix Oliva, Venancio Shinki, Carlos Bernasconi, Leslie Lee, Juan Acevedo, Juan Gunther, José Carlos Gutiérrez, José Corardo Chávez, Angel Chávez, Sabino Springett, Elda Di Malio, Ugo Comandona, Gedo Chávez, Angel Chávez, José Bracamonte, Víctor Escalante, Julio Camino Sánchez, Ramiro Llona, Cristina Portocarrero[17].

Siguieron algunas cartas más en que Abril de Vivero cruzó adjetivos con colegas a los que llamó “minoría caprichosa”, etc.[18] que no son ya relevantes para esta crónica.

EPILOGO

La discusión se fue debilitando a lo largo de 1976 y pocos artículos se publicaron sobre el tema. Pero hubo todavía sucesos importantes que destacar como por ejemplo la renuncia del pintor Fernando de Szyslo a la Comisión Técnica de Arte el INC porque en la siguiente delegación de artistas a la Bienal de Sao Paulo, de 1977, fueron incluidos artesanos que llevaron una muestra de sus obras.

Martha Hildebrandt abandonó el INC en 1976 para asumir el cargo de Subsecretaria General de la Unesco, en París, siendo reemplazada por el ensayista Jorge Cornejo Polar. Y luego, en diciembre de 1978 la Dirección General fue encargada a Francisco Abril de Vivero, el mismo que había sido crítico acerbo de la política cultural gubernamental desde la ASPAP[19].

Para entonces ya el gobierno militar había perdido los entusiasmos revolucionarios iniciales y se preparaba para devolver el poder a los civiles, lo que sucedió finalmente en julio de 1980.

Nunca más ha habido una discusión tan intensa e importante como la provocada por la famosa decisión que encajaba perfectamente en la concepción de la “cultura revolucionaria” que propugnaba la Revolución de la Fuerza Armada. El importante intelectual Arróspide de la Flor diría con acierto en esos días de debate: “Como en casi todas las polémicas, es muy difícil, si no imposible, que no se confundan en el calor y la humana turbiedad de la controversia apasionada, conceptos, ideologías e intereses, incluso muchas veces los más legítimos. Tal confusión impide jerarquizar y deslindar como es debido los campos y niveles de categorías previos que es necesario clarificar y ubicar”[20].

Lima, PUCP, marzo del 2016

[1] Para conocer mejor el proyecto cultural de la “Revolución de la Fuerza Armada” recomendamos ver “Política cultural del Perú”, un estudio realizado por el INC y editado por la UNESCO en 1977 :

http://unescodoc.unesco.org/images/0013/001341/134157So.pdf

[2] Para una breve biografía del pintor, véase: http://abrildevivero.com/paginas/historia.html

[3] Abril de Vivero, Francisco. “La XIII Bienal de Sao Paulo”. En OIGA. 19.12.75

[4] Castrillón Vizcarra, Alfonso. “Tópicos sobre Arte Popular: 40 años del Premio a López Antay”. En ILLAPA. Revista del Instituto de Investigaciones Museológicas y Artísticas de la Universidad Ricardo Palma. Año 12, No. 12. Lima-Perú, Diciembre de 2015.

[5] Carlos Bernasconi. Comunicación personal. 15.3.16

[6] Dictamen de mayoría de la Comisión. Archivo personal del Dr. Alfonso Castrillón, quien formó parte de dicho grupo.

[7] “Premio a López Antay suscita controversias”. La Crónica. 27.12.75

[8] “No todos nos quieren ni en Lima ni en Ayacucho”. La Crónica. 26.1.75

[9] “Los premio y la cultura”. En Dominical de El Comercio. 4.1.76

[10] “La comunidad: el único sujeto activo y creador de la cultura”. En La Crónica. 8.1.75. pp.6-7
[11] “Directora del INC: Premio a López Antay rompe esquemas del arte “culto”. La Crónica. 5.1.76. p. 7

[12] “Homenaje académico a López Antay”. El Comercio. 15.1.76

[13] “J. López Antay es más auténtico que muchos artistas cultos”. La Prensa. 15.1.75. p. 15.

[14] “Después del intenso debate en el Instituto Riva Aguero: Artistas: López Antay sí merece premio de cultura”. OJO. 16.1.76. p. 6

[15] “Temas para el debate”, en columna “Por Amor al Arte”. La Crónica. 16.1.76.

[16] “Fracasó el caballazo contra la ASPAP”. OIGA. 13.2.76.

[17] “López Antay encabeza Sindicato de Trabajadores”. La Prensa. 17.2.76

[18] “Presidente ASPAP critica a plásticos que renunciaron”. La Prensa. 11.2.76

[19] “En los días posteriores varias revistas comentan que Abril de Vivero está vinculado al Partido Aprista Peruano”. En Perú 1978-Cronología Política. Desco. Centro de Estudios y promoción del desarrollo. Tomo VII. Lima. 1980.

[20] Arróspide de la Flor, César. “Un Premio Revolucionario”. La Crónica 18.1.76