El fútbol debe recuperar el espectáculo de antaño

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El hincha desde siempre ha buscado que el fútbol se convierta en su espectáculo favorito pero las barras bravas y los delincuentes disfrazados de aficionados hicieron lo suyo para que los campeonatos se vean desairados con escasa asistencia.

Todo apunta a que se avance a recuperar la presencia familiar en los estadios que por razones de inseguridad prefirió la comodidad de estar seguros en casa frente al televisor.

Es cierto que en casa no hay peligro alguno de sufrir una agresión y ser presa de las hordas violentas pero la fiesta tribunera es el componente ausente que no se puede reemplazar.

La fiesta está en las gradas, disfrutar de las jugadas, no tiene precio. Las imágenes de la TV no muestra todo lo que el espectador quiere y ello es privilegio de los que están en vivo en los estadios. La desventaja es que ante la duda la TV puede pasar el vídeo y repetir las jugadas para aclarar las dudas.

Se anhela un buen espectáculo pero no hay equidad entre lo que se desea y el festín de varazos de la policía en trato despiadado cuando trata de controlar los excesos de los hinchas.

En este afán de restablecer el orden los buenos hinchas se ven en la necesidad de hacer un análisis primario de no regresar más a los estadios ante el peligro de sufrir una agresión, venga de donde venga.

Es lo que se debe corregir porque en el descontrol se comete increíbles golpizas a gente indefensa, mujeres y personas adultas. Habrá que tomar más cuidado para que no suceda lo apreciado en un vídeo en que los barristas del Sport Boys se refugian en las esquinas para no terminar en el hospital.

Ese trato incruento lleva a la reflexión de que no vale la pena arriesgar la integridad física y ser parte de las estadísticas de ser integrante de la barra brava sin serlo.

Se entiende que la policía quiere que todo camine en orden pero debe identificar a los que generan el caos y tienen propósitos distintos. Los buenos no pueden ser tratados con la actitud de maldad de otros elementos que actúan al margen de la ley.

Es lamentable que el fútbol peruano tenga un lastre permanente con esto de la violencia que le resta ser protagonista y parte de la fiesta cuando se inhabilitan las tribunas reservadas a los equipos que actúan de local.

El fútbol debe encontrar un punto de conciliación para que se recupere el festivo ambiente de antaño en que ir a los estadios era un modo de sano esparcimiento y descargar la tensión de la semana.