El “Síndrome Cordero” (I)

 

En nuestro amado Perú, cada campaña electoral, supone una feria de “candidazos” y una inevitable evocación a Don Pedro Cordero y Velarde “Apu Capac, Emperador de los Ejércitos de Aire, Mar Tierra y Profundidad”, incomprendido periodista festivo, además, por siempre vivo en la memoria de quienes pasamos la cincuentena.

Fue un gran músico, pero…

Don Pedro Cordero y Velarde, fue un ilustre músico cerreño, dos de cuyas óperas incaicas: (“Ollantay” y “Manchaypuito”), llegaron a figurar en el repertorio de la Orquesta Sinfónica Nacional, en tiempos que una notable tiple, contrajo matrimonio, con quien prometía convertirse en una figura mundial de la música culta.

Pero, cierta tarde -cálida y sensual- cuando Don Pedro visitaba un taller gráfico en el cual se imprimía las partituras de sus creaciones, tuvo la suerte -o la desgracia- de toparse con un grupo de bohemios libelistas, encabezado por Federico More, los mismos que al atisbar cierta solvencia en el despistado músico, lo abordaron zalameros, para convencerlo de que se lanzara como candidato a la Presidencia de la República.

Algunos historiadores amateurs como Gastón Rogér y Aurelio Collantes, nunca tuvieron muy claro en qué momento del dispendio falsamente pre electoral, se extravió por completo la razón del musicólogo, ni cuando fue que empezó a creer en serio, no sólo que sería “candidato”, sino que ya era Emperador. Nada menos.

Lo que si es cierto, es que una vez mal vendida, la casi totalidad de sus humildes propiedades, sus “promotores” habían dilapidado ya, la consiguiente platita, en prolongadas juergas de alcohol y no pocas cachimbas de opio. Y entonces, como es fácil imaginar, optaron por abandonar al desplumado “candidato”.

Un extraño “periodista”

Deschavetado ya, el hombre en cuestión, se atavió de frac y galera –de los que por entonces, lucía en Palacio, Don Manuel Prado- orló su pecho de condecoraciones chatarra, (chapas de cerveza, casi todas), empuñó un bastón, más bien palo de escoba y se lanzó en gira por los más variados bares de esta Lima, a degustar el consagrado “Chicano de las Doce” que solía rematar con un disparatado discurso y-cómo no- la venta de su batallador periodiquito llamado “El León del Pueblo”, que expedía a cambio de cinco reales y cuyo lema imbatible era: “sale cuando puede y… paga cuando quiere”.

-Yo -niño aún- asistí de contrabando, a muchas de sus peroratas y puedo dar fe de sus capacidades oratorias, que tenían visos ultra nacionalistas, detalles que arrancaban aplausos al zumbón auditorio, que llamaba “Excelencia” a tan singular ex músico y -para entonces- , político y periodista bamba y firme, de un solo tiro. (MAÑANA: SU “PROGRAMA DE GOBIERNO”).