En 1965 llega Akira Kato y revoluciona el vóley femenino peruano

 

Ahora que somos organizadores del Mundial de Vóley Sub-17, me parece oportuno traer a la memoria de los aficionados, el trabajo efectuado por el japonés Akira Kato, desde el 4 de abril de 1965 en que llegó al Perú, contratado por la Federación Peruana de Vóley, presidida por el médico José Pezet Miró Quesada.

El año anterior, 1964, en los mese de verano, Perú había ganado su primer título sudamericano, al vencer en el partido final a Argentina. El técnico, entonces, era Willy Dufoo, quien se sentía feliz por el éxito alcanzado.

Pero en la ceremonia de entrega de premios, los dirigentes de Brasil, que habían campeonado en varones, dijeron que no habían llevado equipo de damas, pues recuperarían la corona en el siguiente sudamericano, a jugarse en Santos, en 1967. Estas palabras tocaron las fibras más íntimas de Pezet Miro Quesada, quien, como también era miembro del Comité Olímpico Peruano, viajó en junio de ese año a los Juegos Olímpicos de Tokio, donde logró la contratación de Akira Kato, quien había jugado por la selección de su país, como matador, aunque entonces ya entrenaba a un equipo femenino de una empresa automotriz.

Y los primeros entrenamientos de Akira, en la vieja “Bombonera” del estadio Nacional, bajos de tribuna Norte, fueron tan exigentes, que las jugadoras, campeonas sudamericanas, fueron renunciando una a una. En una entrevista que hice a la capitana Sarita Pinedo, me dijo que Akira estaba aplicando la falta de consideración que los países asiáticos muestran hacia la mujer. Y se lamentaba que Akira les tirase pelotas al cuerpo, hombros, cabeza, sin ningún remordimiento.

Las únicas que quedaron de aquel seleccionado fueron Esperanza “Pilancho” Jiménez, reconocida levantadora y capitana, e Irma Cordero, excelente recepcionista.

Existía el compromiso que Perú debía asistir a los Juegos Bolivarianos de Ecuador en noviembre de ese año, 1965, por lo que se debió buscar en provincias a nuevas jugadoras. De Ica, se trajo a Luisa Fuentes, quien solo tenía 14 años, y de Pisco llegaron Ana María Ramírez y Alicia Sánchez, también muchachas, pero de gran vocación por el vóley. De Lima también se convocó a varias jugadoras como Olga Asato, Rita Pizarro, Norma Velarde, Emperatriz Manzo y Margarita Núñez, entre las más recordadas.

Y con este equipo juvenil, Perú ganó el título bolivariano en forma invicta, en Ecuador. Las chicas se habituaron a la forma de trabajar de Akira y no se palteaban ni reclamaban si un pelotazo les caía en el cuerpo o la cabeza. Y Akira Kato siguió trabajando en forma rutinaria y efectiva.

Lo que pretendía era cambiar el juego tradicional y poco efectivo, por el de la escuela asiática, de juego rápido, combinaciones y potentes mates, en ofensiva. Y estar atentas a los envíos contrarios, para bloquearlos o ser recepcionados, si la bola pasaba. Akira se ganó la confianza de las muchachas, que lo consideraban un maestro.

En Santos ganan a Brasil 3-1 pasamos a ser el mejor de Sudamérica… 

Estuve presente en ese sudamericano de Santos, en Sao Paulo, Brasil, y soy testigo de la gran performance peruana y el don de mando de Akira y la gran superación de Lucha Fuentes, considerada la mejor jugadora a pesar de sus escasos 15 años.

La formación más frecuente de Perú era con “Pilancho” Jiménez, Irma Cordero, Norma Velarde, Ana María Ramírez, Lucha Fuentes y Alicia Sánchez.

Para los dirigentes brasileños, este renovado equipo peruano fue una gran revelación y pretendieron bajar la moral de las muchachas, que habían logrado notable amistad con los jugadores venezolanos, cambiando el orden de los partidos de la fecha final. Inicialmente jugaban primero las damas y luego los varones. Finalmente programaron primero a los hombres, en la seguridad que les darían una paliza a los venezolanos, bajando la moral de las peruanas.
Pero hasta en esos detalles reparaba Akira Kato, quien dos horas antes del último juego con Brasil, llevó a las chicas a “entrenar”, prohibiendo el llevar radios portátiles que los había. En ese ensayo, al que un par de dirigentes se opusieron, creyendo que Akira exageraba, el japonés dio las últimas instrucciones para salir airosos frente a Brasil.

Como había logrado una muy buena amistad con Akira, al punto de compartir habitación en el hotel, pues escribía en mi máquina mecánica, portátil, mientras el se queda despierto hasta pasada la media noche, dibujando en gráficos, los entrenamientos o partidos, del torneo. También estuve en ese último ensayo y llegamos al Coliseo faltando minutos para iniciar el partido y todos bajamos del bus cantando “Mi Perú” (Tengo el orgullo de ser peruano / y soy feliz / de haber nacido en esta hermosa tierra del sol….) sin hacer caso a los gritos hostiles y silbidos de la preocupada barra brasileña, que había copado el coliseo.

Las chicas se dieron íntegras y al final ganamos 3-1 y el título siguió en manos peruanas. Las chicas estaban tan felices, ya con el público aplaudiéndolas, que nos arrojaron a una pila con agua a los dirigentes y al par de periodistas que asistimos al evento.

En los Juegos Olímpicos de México 1968, peleamos la medalla de bronce… 

El trabajo de Akira fue tan fructífero, que, como Perú había clasificad a los Juegos Olímpicos de México, 1968, aceptó la llegada de nuevas jugadoras, entre ellas “Meche” González, de Chimbote, a la que llevó a pesar de solo tener 14 años.

Y fue tan grata la actuación peruana, que llegamos a disputar con Checoslovaquia la medalla de bronce, que perdimos tras reñido encuentro. Pero el cuarto lugar olímpico y la supremacía sudamericana, fueron suficientes para justificar la contratación de Akira Kato, a quien las muchachas llegaron a querer como un padre y sintieron mucho su sentido fallecimiento. Ocurrido en 1982, cuando ya trabajaba en Chile, por la incomprensión de los militares que tomaron el gobierno en 1968 y obligaron la renuncia del gran Akira.

Eso ocurrió en 1974, y la Federación, con notable criterio, contrató al sur coreano Man Bok Park, quien formó un nuevo seleccionado, con Cecilia Tait, como la gran matadora, y alcanzó la medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Seúl 1988. Pero esto ya es otra historia… Hasta la próxima.