Juan Gabriel: Esencia gloriosa

 

La muerte del cantante mexicano Juan Gabriel conmocionó al universo popular de los divos latinoamericanos. Su figura se recordará como un fenómeno social que se hizo masivo a pesar de sus contradicciones.

Los ídolos populares están hechos de otra materia. El cantante mexicano Juan Gabriel estaba construido de una sustancia carburante que hacía contacto eléctrico apenas pronunciaba palabra. De sus voz se dice que se oía con el corazón y que su vida no era la de él sino de los otros. Por ello sus canciones evitaban la aduana del prejuicio y se hacían himnos para entender la complejidad de lo público, conocido y apreciado. Juan Gabriel fue hecho para destrabar la contradicción entre lo vulgar y lo culto. Ahora muerto, es apología del mito a pesar que fue un hombre marcado del lugar común y sus contingencias. Ahora muerto sigue vivo.

Juan Gabriel fallecido el domingo en EE.UU. pero sus raíces estaban en la frontera de las ciudades del norte de México, aquellos parajes y vórtice de una de las violencias más descarnadas del planeta donde el cantautor vivió su infancia y comenzó su carrera hace más de cuatro décadas. Allá, por las noches, caminando por las calles de Juárez, desafiaba esa cruda “mexicanidad” donde Juan Gabriel solo cantó canciones de amor como “Yo no nací para amar”, “Hasta que te conocí”, “Querida” o “Amor Eterno”, temas que se opusieron a la otra poesía canónica de la intelectualidad, de Octavio Paz, de José Emilio Pacheco, de Jaime Sabines u Homero Aridjis.

El cantautor de Juárez organizó otra estructura poética a partir de sus versos redundantes y contagiosos y armonías aprehensoras. El tema amoroso fue sencillo y transparente. Un ejemplo: No tengo dinero, ni nada que dar /Lo único que tengo es amor para amar./ Si así tú me quieres, te puedo querer / pero si no puedes, ni modo qué hacer. Nótese la diferencia con el poema de Octavio Paz “Más allá del amor”: Tiéndete aquí a la orilla de tanta espuma,/de tanta vida que se ignora y se entrega:/tú también perteneces a la noche. /Extiéndete, blancura que respira, / late, oh estrella repartida, copa,/pan que inclinas la balanza del lado de la aurora, /pausa de sangre entre este tiempo y otro sin medida”. Perdón, no digo que uno es mejor que otro, afirmo que es harina de otro costal.

Su muerte ahora es la vida prensada por los medios como en su tiempo ocurrió con otros ídolos populares mexicanos que se marcharon de este mundo sin despedirse. Jorge Negrete, Pedro Infante, Javier Solis. Uno diría que hay una diferencia, Juan Gabriel era un artista amanerado contrario a la imagen del ícono charro, macho hasta sus cachas, machista hasta sus forros. Ahí el de Juárez se impuso con sus canciones y su estilo afeminado en una sociedad donde la homofobia tiene un rango nacional. Aquella estupidez de los pueblos donde existe la doble moral sobre la homosexualidad y donde se hablaba a los murmullos de escándalos indecibles que le dieron fama con los chistes y mofas.

Juan Gabriel nunca habló públicamente de su sexualidad. Cierta vez confesó que: “Lo que se ve no se pregunta”. No obstante, los homosexuales en México pudieron verse reflejados en él y descubrir que ellos no eran los únicos. Incluso, el cantautor fue parte de la cultura LGBT mexicana desde que su figura se hizo popular en la televisión por la manera en la que desafiaba los roles de género. Para sus críticos, él cantaba y escribía canciones desde la perspectiva de un hombre con una sensibilidad feminizada aunque jamás se lo vio en marchas gay aunque su música se escucha en las marchas y se canta a todo pulmón y con orgullo en los antros gay. Además, los drag Queens, que la veneraban en bares y espectáculos hicieron de sus canciones verdaderos himnos desgarradores.

En el Perú hemos vivido episodios masivos con ídolos que murieron en la cumbre de sus éxitos. Ahí están los entierros masivos de cantantes de todos los géneros populares como Picaflor de los Andes, Flor Pucarina, Lucha Reyes o Chacalón, a quienes sus seguidores les han otorgado ahora patentes de santos. Lo dije, los ídolos populares están hechos de otra materia. Y al estar construidos de otras sustancias, se les perdona todo porque como diría Juan Gabriel, ellos vivirán en los fastos del “amor eterno”.

Según Carlos Mansiváis

En su libro “Escenas de pudor y liviandad”, el escritor mexicano Carlos Monsiváis describe a Juan Gabriel como un fenómeno de “letras reiterativas y pegajosas, y melodías prensiles. El compositor más famoso de México es un joven amanerado a quien se le atribuyen indecibles escándalos”. Juan Gabriel murió a los 66 años con más de cuarenta años de carrera, cien millones de discos vendidos en su carrera y unas mil 800 canciones traducidas a varios idiomas como el japonés, ruso, inglés, francés y hasta en turco. Para muchos fue el mexicano más cantado del mundo” por encima de figuras de la canción como José Alfredo Jiménez, Agustín Lara o Joan Sebastian.