La hora de los cambios

 

Estamos en una hora crucial de la historia humana. La crisis del modelo neoliberal indica también el agotamiento del sistema capitalista como vía para responder a las necesidades humanas y estar en sintonía con las exigencias del desarrollo sustentable y sostenido.

Esta crisis llega en la etapa final de la primera década del presente siglo XXI. La profundidad de la misma y su impacto global, afectando a todo el planeta y a todas las estructuras de la sociedad (económica – social – política – cultural – espiritual) es una demostración clara de que estamos en una profunda crisis de cultura y de civilización. El neoliberalismo, despreciando valores fundantes de la convivencia humana como la solidaridad, la cooperación, la justicia social y desnaturalizando el verdadero sentido de la libertad, sacude los cimientos de la cultura, y al mismo tiempo, revela que estamos construyendo una civilización depredadora, que contamina el medio ambiente, genera las condiciones para el cambio climático y como resultado, pretende condenar a las grandes mayorías a mayor desempleo, mayor miseria y mayor asimetría en el desarrollo de los países.

El neoliberalismo se ha caracterizado por celebrar la desigualdad como mecanismo de retribución a los exitosos y castigo a los fracasados. Por eso pone en marcha políticas de crecimiento económico al servicio de la maximización de las ganancias de las corporaciones transnacionales.

El proceso de globalización, tan alabado por los neoliberales, ha fracasado. Una gran verdad lo estableció el premio Nobel de Economía Josep Stiglitz, quien no se cansa de decir que “la globalización produce efectos devastadores en los países pobres”.

En Paraguay un diputado nacional presentó un proyecto de ley para eliminar la estabilidad laboral. Actitud semejante a la propuesta de los empresarios colombianos que buscan eliminar la ley de salarios mínimos con el argumento de que el salario debe estar regido por la ley del mercado. Es la gran trampa para seguir sobreexplotando el trabajo humano.

Los trabajadores tenemos la gran responsabilidad de batallar todos los días en defensa del valor del trabajo -el trabajo no es mercancía- y la defensa de los derechos humanos, en especial de los derechos laborales.

El siglo XXI y la presente crisis nos está mostrando el camino a seguir. Es nuestra gran oportunidad de buscar y presentar proyectos alternativos de desarrollo humano, colocando la economía como medio y al servicio de la satisfacción de las necesidades humanas y del desarrollo integral de nuestros países y nuestros pueblos.

Es evidente que es la hora de la integración y desarrollo de América Latina-Caribe.

De verdad que tiene razón el Foro Social Mundial al anunciar: otro mundo es posible.
Los trabajadores debemos hacerlo posible.