La pobreza tiene rostro indígena en el Perú

 

La autoidentificación o identidad como derecho ciudadano es fundamental para los pueblos indígenas u originarios porque contribuye al reconocimiento de sus derechos territoriales, sociales, económicos y culturales.

El Perú será el último país de América Latina que en el Censo de Población y Vivienda de este año 2017 incluirá la pregunta de autoidentificación étnica. Todos los demás países lo hicieron en el año 2000.

Este retraso no es producto del azar. Pese al Convenio 169 (1987) y otros acuerdos internacionales suscritos por el Perú y que obligan a los “Estados el mejoramiento de las fuentes de información estadística desagregadas con enfoque étnico”, en el Perú la tendencia del Estado, del sistema económico, social, político, cultural ha sido de invisibilización de los pueblos indígenas andinos, amazónicos, costeños y afrodescendientes.

Los objetivos y fines de la autoidentificación censal

El 7 de este mes de junio, el despacho de la congresista ayacuchana Tania Pariona organizó un foro público denominado “Autoindentificación étnica en el Perú y el censo 2017” en el que desde las miradas, perspectivas y enfoques del Estado y de la sociedad civil, principalmente las organizaciones indígenas andino-amazónicas y afrodescendientes, se analizó y debatió sobre los objetivos y alcances del censo y sus limitaciones.

La autoidentificación o identidad como derecho ciudadano es fundamental para los pueblos indígenas u originarios porque contribuye al reconocimiento de sus derechos territoriales, sociales, económicos y culturales.

Porque tal como expresó la congresista Pariona, durante el foro público, el censo tiene como meta y objetivo conocer la situación en que sobreviven las poblaciones indígenas u originarias de nuestro país, a través del registro censal, en lo que toca a sus tierras y territorios, vivienda, producción, salud, educación, infraestructura y otras necesidades, posibilitando los cambios sociales y económicos mediante una mayor y fluida dotación de recursos, de la ubicación y priorización de focos de desarrollo, de la identificación y atención de las poblaciones más vulnerables.

De la pobreza al desarrollo

El análisis de los censos de vivienda y población desde los años 1940, 1961, 1972, 1981, 1993 y 2007 muestra de modo irrefutable que el sistema en el Perú ha sido construido para invisibilizar a los pueblos indígenas u orginarios y a los afrodescendientes.

Las cifras y estadísticas son contundentes e incuestionables y retratan y describen un país racista y excluyente. Un registro de esta invisibilización tiene que ver con la lengua. Los registros censales de 1961 y el 2013 revelan que el 87.8 por ciento hablan español; el 11.4 por ciento el quechua y solo el 0.46 se expresa en aymara y un ínfimo 0.2 por ciento en lenguas indígenas de la Amazonía.

Sin embargo, la realidad demográfica revela que la población quechua se estima en 8 millones de habitantes, la aymara en 1 millón 800 mil, mientras que los indígenas amazónicos suman 350 mil habitantes correspondientes a 12 familias etnolingüísticas que hablan más de 50 lenguas.

Esta invisibilidad lingüística y étnica es –además de los errores censales- también resultado del temor y la vergüenza de autoidentificarse como indígena.

Y este temor y vergüenza, de acuerdo a la Asociación Interétnica de Desarrollo de la Selva (AIDESEP), la mayor y más representativa organización indígena amazónica, será uno de los problemas del censo de setiembre de este año. Muchos jóvenes indígenas ante la pregunta sobre su identidad étnica optarán por declararse “mestizos”.

Para evitar y corregir estos posibles errores, voluntarios o involuntarios en la autoidentificación étnica, la Confederación Nacional Agraria (CNA), mediante la líder Melania Canales, está pidiendo y demandando un diseño y ejecución del censo con participación indígena.

La pobreza estructural en el Perú tiene rostro indígena, afrodescendiente y de mujer. De acuerdo al censo del año 2007 el Perú tenía en ese año 28 millones y 200 mil habitantes. De estos 28 millones, 4 millones se identificaron como indígenas.

La característica de esta población indígena es la pobreza. Porque la pobreza en el Perú tiene rostro indígena. De acuerdo al origen étnico, el año 2016 la pobreza indígena alcanzaba los siguientes porcentajes: quechua, 24.1 por ciento; aymara, 30 por ciento; indígena amazónico, 23.1 por ciento.

En la Amazonía, 1 de cada 2 niños indígenas sufren de desnutrición crónica; 6 de cada 10 niños están corroídos por la anemia; en Santa María de Nieva, en Amazonas, donde la población indígena Awajúm y Wampís representa el 95 por ciento de la población, la prevalencia del VIH es 10 veces mayor al promedio nacional.

Por su parte, de acuerdo a la investigadora Cecilia Ramírez, la población afroperuana, estimada en 2 millones, es víctima de un racismo estructural. De cada 10 jóvenes afroperuanos (entre 18 a 26 años) solo 3 acceden a universidades y centros de educación superior. Solo 1 de cada 10 afroperuanos termina sus estudios universitarios.

La refundación del Perú

Hay una coincidencia y un consenso de que el censo de autoidentificación étnica a realizarse en setiembre de este año será una herramienta útil para visibilizar estadísticamente a los pueblos indígenas u originarios andino-amazónicos y a los afrodescendientes y mediante esta visibilización obligar al Estado a borrar el estigma de la pobreza, el racismo, la discriminación y la exclusión, tal como lo expresó la líder indígena quechua, Tarcila Rivera Zea, miembro del Foro Permanente para las Cuestiones Indígenas de las Naciones Unidas.

Pero no es suficiente. La solución estructural y de fondo pasa por una radical y profunda reforma del Estado colonial y por la refundación de la Nación peruana.