La religión en el Perú según el censo 2017

 

El último censo, de 2017, con todas las carencias, limitaciones y presiones de carácter ideológico que tuvo arroja, sin embargo, un dato que ya conocíamos: el Perú es un país profundamente religioso. En efecto, el 95 % reconoce tener una religión y sólo el 5.1 declara no tener ninguna. Pero ¡ojo!, no tener ninguna no significa lo mismo que ser ateo. Muchas personas creen en Dios pero no en la religión, y de hecho, eso se convierte en tendencia entre los jóvenes debido a los tristes escándalos sexuales y económicos que se han dando en diferentes religiones y al modo como los han manejado los medios de comunicación. Después está un grupo más amplio de personas agnósticas, también en boga, por un motivo más intelectual: no es evidente que Dios no exista, ni se puede demostrar científicamente que exista, de forma que optan por una actitud más “humilde” y prefieren abstenerse de emitir un juicio y vivir en la duda… por lo menos durante una inocua entrevista; pero muchos de ellos, al enfrentar el sufrimiento o encarar la propia muerte reconsideran su postura pero, obviamente, eso no puede reflejarse en el censo.

Ahora bien, como toda estadística, mucho depende de la perspectiva con la que se aborde, con qué ojos se interprete, cómo se presenten los datos. Así, por ejemplo, y sin faltar a la verdad, podemos afirmar: más de 3 de cada 4 peruanos se confiesan católicos. 9 de cada 10 reconocen que Cristo es Dios. Casi el 95 % de los peruanos aceptan el carácter revelado de la Biblia y consideran a Jesucristo como un referente religioso importante, pues en el “sacó” de “otras religiones” meten a mormones, Testigos de Jehova, Israelitas del Nuevo Pacto Universal, los cuales aceptan a Jesucristo, solo que no lo consideran Dios. Incluso para los musulmanes, que también entran en ese “combo”, Jesus es, después de Mahoma, el profeta principal, le guardan reverencia al igual que a la Virgen María, y aceptan el carácter revelado de las Escrituras. Solo quedaría fuera el exiguo porcentaje de judíos, quienes, efectivamente, no aceptan a Jesus, no obstante ser Él también judio.

Por ello, como bien han solicitado los representantes oficiales del ateísmo en el Perú, Henry Llanos y Helmut Kessel, debería existir la casilla “ateo” dentro de la batería de preguntas sobre religión o creencias del censo. Por dos motivos: el primero, por sincerar los datos. El 5.1 % de personas que dicen “no tener religión” podría suponer un triunfalismo irreal para los ateos, y la utilidad de un censo descansa en su fiabilidad, su apego a la realidad; no está para satisfacer las ambiciones expansionistas de las minorías, sino parareflejar lo mejor posible la realidad en el momento de tomar la foto del país. Recordemos que ese 5.1% es compartido indistintamente, y por limitaciones de la herramienta censual, por ateos, agnósticos y personas que simplemente no se adscriben a una religión organizada, pero creen en Dios, o en algo semejante a Dios, e incluso por religiones primitivas como la brujería en las regiones selváticas. Cabe suponer, además, dada la idiosincrasia del pueblo peruano, que en ese grupo la tajada más pequeña del pastel le toca a los ateos, siendo la proporción inversa al orden señalado, es decir: primero personas sin religión establecida, luego agnósticos y en tercer lugar ateos, el pequeño grupo de los que están seguros, sin la menor sombra de duda, de que Dios no existe (siempre en el momento de la pregunta, algunos cambian de opinión al enfrentarse al sufrimiento o sentir cercana la muerte. Deponen el orgullo intelectual y recuerdan lo que su abuelita les enseño, o reconsideran la conveniencia de acogerse a “la duda de Pascal”).

El segundo motivo de poner expresamente la casilla ateo dentro de la batería preguntas sobre religión y creencias en el censo, además de sincerar y dimensionar el auténtico tamaño de esta minoría peruana, es que efectivamente encaja dentro de este grupo. Ser ateo no es sino otra forma de creencia, y por lo tanto, muy a pesar de ellos mismos, otra forma de religiosidad, aunque invertida. La razón fundamental es clara: al no poder demostrarse que Dios no existe, es decir, no poder llegar por evidencia racional a esta conclusión, la negación de Dios termina por ser algo en lo que se cree, de la misma forma en que el creyente afirma que Dios existe.

El ateísmo muestra, en efecto, formas de comportamiento semejantes a las sectas evangélicas: suelen ser proselitistas, críticos de la Iglesia, de donde obtienen su mayor número de nuevos miembros. También, cómo las sectas, o por lo menos de forma análoga, sólo ellos son racionales y sus principios compatibles con la ciencia; los demás seríamos ignorantes, del mismo modo como para la secta, solo sus seguidores serían poseedores de la salvación y quien no está con ellos, se condena. En el caso del ateísmo, quien no forma parte de su grupo está condenado a la ignorancia, superstición, manipulación y engaño. Por eso se da el curioso fenómeno de que los ateos suelen hablar demasiado de Dios y de la Iglesia, lo que hace pensar que se trata en realidad de un fenómeno dependiente del catolicismo, como remanente producido por la religión mayoritaria del país. También por eso debe incluirse, en honor a la verdad y a sincerar los datos, en el grupo de diversas religiones del Perú que aparece en el censo.

Ahora bien, los datos del censo, insisto, no son novedosos. Vivimos en la “era secular”, es decir, el secularismo se abre camino apoyado por políticas públicas camuflajeadas bajo el slogan del “estado laico”, y es apoyado por los medios. No es raro entonces que haya una mayoría de jóvenes sin religión, pues al fin y al cabo ese es el mensaje dominante que reciben. Pero también es sintomático que sea menos prevalente en personas adultas, es decir: menos idealistas, con más experiencia de la vida y que han pasado por la criba del dolor, todas ellas vivencias que nos conducen a Dios y a redescubrir el sentido de la vida.