La ronda de los payasos

 

“Cuando veas en acción a un payaso que se las sabe todas, comprende que se trata de un trapecista que cierta noche, cayó fuera de la red”- me explicó “Farolito”, como justificando sus arrestos filosóficos, que por siempre avalaron su creencia en las múltiples vidas sucesivas que según afirmaba creer- todos hemos de experimentar, aunque usted no lo crea, mi estimado.

Él, se vistió de payaso a raíz de una sensacional caída del “Tercer Trapecio”…como a veces nos pasa a todos en cualquier función sin aplausos. Y por eso, sabía lo que afirmaba.

Será difícil entenderlo, pero el gran cómico y experimentado sonero mayor “Melcochita ”, lo sintetizó en una sola pincelada, cuando me disparó sonriendo: ”es por tu buen corazón, mi hermano”.

-Y con eso, me dio a saber por qué me pasa lo que me pasa- en la vida y en el amor- y porqué, entiendo tanto a la gente del circo- de todos los circos- afición que compartí con mi inolvidable maestro Guillermo Cortez Núñez, ”Cuatacho”, con quien recorrimos largamente Sarasota, la ciudad miamense, en la cual descansan los elencos circenses más famosos del mundo, durante las temporadas en las cuales, el despiadado invierno, los aleja de las pistas de emoción y carcajada.

Allí conocí, por ejemplo al “Tarzán Argentino”, orgulloso habitante de una finca en la cual, más de una docena de feroces leones africanos retozaban en total-y peligrosa- libertad, respetando de cerca y de lejos, a este “domador” que- según él- era “un verdadero hermano” para estas fieras.

Claro que omitía pronunciarse acerca del brutal método de dominación que empleaba para convertir a estos feroces felinos, en dóciles gatitos, que-a ratos- solían prácticamente “comer de su mano”, sin eufemismos de ningún trote.

Durante la época propicia, este Tarzán millonario, se exhibía “por pura diversión”- y buenos dólares, realizando pruebas tan escalofriantes, como” La Jaula de la Muerte”, en la cual se encerraba con seis leones de melena negra, para acometer acrobacias increíbles para cualquier humano que no hubiera perdido la razón, o el más elemental equilibrio del raciocinio.

Conocimos también a un “excéntrico musical” que “tocaba el violín”, rasgando un serrucho, hacía la marimba golpeando botellas semi llenas y ejecutaba “El Danubio Azul”, arrojando al entarimado, pequeñas rodajas de sonoro latón, acompañado por la consabida banda de “cachimbos”.

-“Yo fui trapecista estrella de Las Águilas Humanas- nos confesó una tarde- pero me enamoré perdidamente de una lanzadora de cuchillos. Una noche, minutos antes de ejecutar mi triple salto mortal de trapecio alto, me contaron que mi amada había fugado con “Cuchillos Bill”, un sioux que compartía con ella, arriesgados números, en los cuales esta hermosa chica, posaba de pié, con un blanco circular de fondo, mientras él, la dibujaba en contorno, lanzándole afilados aceros. En la mitad del triple salto, no sólo calculé mal el trapecio siguiente, sino que evolucioné el salto, fuera del amparo de la red. El empresario-que era mi gran amigo- creyó y sigue afirmando- que en realidad, intenté suicidarme aquella noche.

Me operaron siete veces y cuando finalmente me repuse, comprendí que mi historia de trapecista “volador”, había terminado para siempre. Pero yo, en mi juventud, había estudiado música en el conservatorio. Y entonces, mis hermanos circenses me rebautizaron como “Lechuguín”, me hicieron ensayar algunos números de excéntrico musical y aquí me tienes, en gira por el mundo ocultando mi cara –y mi dolor-bajo un maquillaje de payaso. ¿Y mi amada que fugó? Nunca he vuelto a saber de ella.

De ese amor, sólo me queda un bolero. Lo compuse en el hospital. Se llama “Vivir sin Verte”, y suena así”- me dijo, y acompasando una botella casi vacía, empezó a cantar entre lágrimas: “He vivido sin verte/mujercita querida/. “Cuanta pena sufrida…/ Y desesperación/. “Mientras vives dichosa,,,/ Yo me corto la vida”…-y desgarradores versos por el estilo.

Años más tarde, leí en un escueto cable periodístico, que el autor de esta canción única, cantada por diversos tríos y solistas, se pegó un balazo en mitad el pecho, sin que nadie entendiera porqué. La información comentaba que el suicida, pudo haber sido alguna vez un consagrado pianista. Es decir, de no haber sido seducido, por…el circo de la vida.

Bueno. Me hubieran preguntado a mí. Yo sé muy bien, cómo duelen ciertas payasadas del falso amor. Algo así como caer desde el abismal trapecio de nuestros más apasionados sueños.