Manipulación inteligente

 

La sociedad debería estar atenta para defenderse de la manipulación sutil. No es fácil, pues precisamente los medios de comunicación, en principio, deberían realizar esa función, pero si son ellos los que distorsionan la realidad, su función crítica queda fuertemente comprometida, y una gran parte de la población a merced de la informada desinformación. ¿A qué me refiero?.

Quizá el amable lector ha ido en las ferias a casas de espejos, las cuales tienen diversos nombres (de la infancia recuerdo una conocida como “La Cabaña del Tío Chueco”). En esos lugares los cristales deforman la imagen de forma lúdica, de manera que uno aparece excesivamente gordo o delgado o simplemente deforme. Ciertamente es preciso que exista algo que deformar, pero en vez de reflejar con nitidez la realidad, la distorsionan. Cuando uno asiste a esos sitios, es precisamente ese efecto el que busca, pero cuando uno acude a los medios de comunicación, quisiera que reflejaran con la mayor nitidez posible la realidad, sin editorializarla, para no ahorrarnos la labor de pensar. Ya nosotros, con los datos más objetivos que nos puedan brindar, nos encargaremos de elaborar un juicio.

Sin embargo eso no sucede cuando de forma escandalosa los medios de comunicación ponen lupa a ciertas noticias, mientras elegantemente miran hacia otro lado tratándose de otras; cuando hacen escándalo por rumores, pero callan realidades; cuando airean morbosamente intimidades y ocultan crímenes verificados; cuando no se limitan a dar la noticia, sino nos indican cómo interpretarla, tratándonos así, en la práctica, como incapaces mentales.

Un ejemplo elocuente se da con los tristes escándalos de pederastia en la Iglesia. Hay una realidad triste (es necesario que exista algo que reflejar), pero se exagera y deforma, mientras se calla el mismo escándalo cuando no es realizado por algún eclesiástico. Se trata con bombo y platillo el supuesto crimen, olvidando que es de justicia la presunción de la inocencia hasta que no se demuestre la culpa, invirtiendo el fiel de la balanza, debiendo el eclesiástico en cuestión probar su inocencia.

Dos ejemplos recientes lo muestran de modo cabal. El Cardenal de Lyon, Francia, Monseñor Barbarin fue absuelto por la justicia francesa de la falsa acusación de encubrimiento de abusos sexuales. Un silencio elocuente en los medios seculares; solo algún portal católico se digna dar la noticia. La misma información, cuando era una mera acusación, es decir, una suposición, debiéndose presumir la inocencia del inculpado, se presentó con gran escándalo en los medios seculares como si fuese un hecho incontrovertible, otorgándole la primera plana a la injusta difamación, dándose obviamente por cierta.

Curiosamente, cuando ha sido sentenciado por pedófilo Benjamin Levin, Ministro de Educación de la Provincia de Ontario en Canadá, país líder en lo que a implantación de la ideología de género se refiere, particularmente en el ámbito educativo, también tenemos un silencio sepulcral, ¿o deberíamos decir criminal? Tímidamente algún diario local dio la noticia y poco más. ¿Curiosos silencios, no es verdad?.

No son los únicos casos tristemente. La ONU misma ha sido acusada de pedofilia. En efecto, los “Cascos Azules” han sido denunciados por eso en Congo, Sudán, Liberia, Haiti, Costa de Marfil, e incluso el colegio Odenwald de la UNESCO, en Alemania, ha sido acusado por cuarenta alumnos de ser utilizados como “sirvientes sexuales” por sus profesores. Pero eso no es noticia, la noticia es que en el coro de Regensburg, presidido por el hermano del Papa Emérito, hubo casos de violencia y algunos abusos sexuales. Los 49 culpables fueron identificados, no siendo Georg Ratzinger uno de ellos. La investigación fue mandada hacer por el obispo de la ciudad. En fin, no se trata, obviamente, de justificar lo injustificable, solo de señalar que cuando nos hacen mirar con lupa una realidad mientras nos ocultan otra nos están manipulando, y cuando eso lo hacen los medios de comunicación, queda un inmenso punto ciego en la sociedad que puede ser utilizado para beneficiar y proteger a algunos mientras se estigmatiza a otros. Se corrompe el sentido crítico de la sociedad, cegándose el acceso a la verdad, para utilizar el error o la ignorancia en beneficio de los poderosos.