Millonario plástico

 

“El dinero no hace la felicidad. La compra hecha, hermano”, me dijo eufórico el “playboy”, levantando su “dayquiri” heladito en la semi calatería de los baños turcos del añorado “Hotel Crillón”.

Renzo era uno de los notables herederos de una importante fortuna inmobiliaria, que, a la muerte del “páter famili”, se había dividido en equitativas porciones, destinadas a a legatarios que a su vez, vendieron casas y terrenos, generando incluso, una urbanización, que hasta hoy, lleva el apellido familiar.

Y se diría que los jóvenes recipiendarios de tan rico dineral, estaban destinados a pasar el resto de su vida, en la más dichosa comodidad, pero sucede que hay proverbios magistrales que jamás han dejado de cumplirse, aunque el vulgo los ponga en duda.

Uno de ellos-de prosapia itálica – sentencia: ”Abuelo laborattore… nieto despilfarattore”- y, en el caso de Renzo, esto fue verdad de principio a fin y como se dice: ”al pié de la letra”, mi estimado. Consagrado por una revista pituca, como “el soltero más codiciado”, el pata- buenmozón él, -para qué- empezó a vivir un tren de gastos que envidiaría cualquier jeque árabe, apostando a los caballos, bebiendo fino y cómo no, engatusando a una serie de chibolas de la high y otras tatas de media mampara nomás, que alucinaron en su momento, marchar al altar, tomadas del brazo con tan dispendioso galán.

El hombre, tenía-resulta ocioso recordarlo- una deslumbrante “plástic platinum card”, de esas que, según se dice, podrían servir para comprar u edificio de veinte o más pisos, o quién sabe, un transatlántico, con sólo mostrarla oportunamente.

Renzo era por aquel lejano entonces, caserito gracioso de mi columna de “sociales” y, desde luego, cofrade de una alegre patota que había hecho pacto jurado con la diversión sin límites, renglón al cual, yo me integraba moderadamente. Pero, pasó el tiempo, cual todo pasa, y los frecuentes viajes a cualquier parte del mundo, las costosas pachangas y, deportes tan caros, como el polo, el surf, y la compra irresponsable de yates y automóviles “full equipo”, fueron erosionando las cifras de la fortuna heredada y…jamás incrementada con alguna inteligente inversión productiva, o un trabajo multiplicador, derivaron en consecuencias fáciles de imaginar.

De pronto, en los corrillos de indetenible fiesta nocturna, empezó a comentarse, que Renzo, había “quemado” su fortuna. Es decir, se había quedado sin plata…y algo peor. Estaba viviendo de su “platinum Crédit Card”, cuya periódica amortización, no se molestaba en honrar como es debido.
Ignoro si ustedes lo sabrán, pero las empresas financieras que emiten el “plástic money” , estiman en mucho su discreción y su prestigio…. Así como la tranquilidad de sus “tarjetahabientes”. De modo que jamás arman “cherry” alguno, cuando alguien deviene moroso, limitándose a decomisarle la tarjeta, a veces, empleando métodos-digamos-“heterodoxos”, que pueden incluir un disimulado atraco, a cargo de dos o tres “fortachones”, que acogotan al “caballero incumplido”, le arrancan el poderoso “producto bancario” y… buenas noches, los pastores. -“Eso, no sucedió nunca…y si no me acuerdo, no pasó”, como canta una salsa pegajosa.

Desde luego esta increíble verdad, se convierte en paranoia galopante, para ciertos magnates arruinados. Y, como se entenderá, Renzo no era ninguna excepción a tan ominosa regla. Vivía, viajando semana tras semana, en danza fugitiva, contra la amenazante cacería, al tiempo de seguir “haciendo pinta” de millonario, sin lucir un solo cobre en su manirroto presupuesto.

La última vez que lo ví estaba instalado en tremendo hotelazo neoyorkino cinco estrellas y algo más de cien pisos. En la recepción el edificio -se había enterado, no sé cómo- de mi visita a “La Gran Manzana” y para “darme coba”, envió un regio “Remisse” –pagado con su agonizante “Crédit Card”, desde luego- invitándome a “revivir recuerdos, para entonces, viejos y archivados en la bohemia memoria.

Nos acomodamos pues, en el “Penthouse”. El “playboy” el ayer, lucía bastante desmejorado y cuando quise referirme a su situación económica, me disparó: “no hablemos de negocios, hermano”. He tenido algunas inversiones equivocadas, pero ahora, estoy invirtiendo en hotelería de los Emiratos Árabes
Y pronto, estaré recuperado. Lo demás, son habladurías”.- Después, me comentó que estaba esperando a “un linda modelo”, contratada vía una importante agencia, ue, claro, aceptaba “pagos con tarjeta”, tratándose de “elegantes caballeros”-lo cual entendí como una invitación a despedida.

Antes del adiós, brindamos con n “Chivas 12 Años”, en recuerdo de nuestras añejas noches del “Mon Cherí” miraflorino. Luego, estrechó mis dos manos, mirándome fijamente, mientras me decía a manera de despedida: “El mundo da vueltas brother… y quizás, ya no volvamos a vernos”.

El resto de la historia, es casi de crónica policial. Un vivaz puertorriqueño que trabajaba en la administración del hotel, le había anunciado a “Mr. Renzo”, que “un par de gorilas habían preguntado por él y… estaban subiendo por el ascensor.”… -Y entonces, este “millonario plástico”… el último vestigio de lo que alguna vez se llamó: “El Soltero Más Codiciado”, se asomó al borde de la terraza rascacielo y sin pensarlo más, saltó a la noche, como quien emprende el último viaje. Ese que no se paga al crédito, ni con la más ficha de las tarjetas.