No hay mal que dure cien años, ni cuerpo que lo resista

 

La mayoría parlamentaria controlada por el autoritarismo fujimorista está convencida que la democracia funciona siempre que ella imponga las reglas de juego. La interpretación auténtica de lo consagrado en la Constitución Política del Estado es tal porque así lo decide ante sí y por sí ese grupo de becerriles, salaverrys, letonas y hasta alcortas, entre otros y otras, cuyo mayor y único privilegio es contar con una lengua afilada y venenosa. Salvo error u omisión entre tanto advenedizo, reclutado exprofesamente para fines que no son, precisamente, los de servir a la patria, la ausencia de cacumen es total. Las recientes declaraciones de Galarreta, presidente del Congreso de la República, por esos hechos raros que se dan en la democracia peruana, justificando la inconstitucionalidad de la intromisión parlamentaria en la delicada función del Ministerio Público, hace pensar que el país está despilfarrando sus escasos recursos en funcionarios públicos que carecen de la idoneidad del caso.

A estas alturas, me pregunto ¿Por qué en lugar de buscar peros a la transparente gestión del Fiscal de la Nación y de los Fiscales que tratan de esclarecer los actos de corrupción que han hecho tanto daño a la salud material y moral del país, ese grupo parlamentario, con la mayoría que tiene, no dedica sus esfuerzos a la aprobación de leyes que el pueblo reclama para su redención social desde hace años? ¿Es tanta la torpeza y su escasa visión política, lo que les impide actuar en terrenos fértiles para labrar la grandeza del Perú? ¿Los precedentes de efectivo beneficio del pueblo, no serán más provechosos si alguna vez llegan a ganar la aprobación ciudadana? ¿O es que de fuerza popular solamente tienen el apelativo?

Es una lástima lo que está ocurriendo. Esto no quita que desde ahora se le avise a tal grupete que el pueblo peruano, más allá de los males provocados por la naturaleza, es cada vez más consciente de la mala situación en que vive, de sus múltiples problemas, de sus carencias y limitaciones. Y, que al mismo tiempo sabe que tiene derecho a una vida más digna. El fujimorismo, si es que se considera modernizado sin presencia del autócrata mayor, debería entender que no hay mal que dure cien años, ni cuerpo que lo resista. Del mismo, el recado va para las débiles fuerzas del pepekacismo, que siguen frágiles, primero porque no son muchos en el Congreso, tampoco en la calle y no son nada como partido político. La hora de organizarse, aunque sea como muestra de decencia o de gratitud a quienes le honraron con su voto, también hace rato que ha tocado las doce campanadas. Dejar de lado ese actuar a manera de club de barrio y asumir con la enorme responsabilidad de un verdadero partido político es una obligación.

Por ahora no le voy dedicar unas líneas a los demás. ¿Para qué? ¿Ya se dice por allí que están más perdidos que cuy en feria? Claro, porque demagógicamente nos hacen creer que estamos cercanos, bajo la política conservadora, que nos acercamos a las condiciones de vida propias del llamado Primer Mundo, cuando en verdad seguimos siendo víctimas del subdesarrollo y frente a una minoría privilegiada, millones de peruanos sobreviven en la miseria.