VARbaridad de final

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El viernes 6 de diciembre, en horas de la tarde, se confirmó la noticia que venía trascendiendo: las finales de la Liga 1 entre Alianza Lima y Deportivo Binacional se jugarían con la inclusión e implementación del videoarbitraje (VAR). El ingeniero agrónomo Agustín Lozano, probablemente, no conocía los lineamientos que se deben seguir al implementar el uso de esta tecnología. Es más, tal vez tampoco sabía que para utilizar el VAR éste tiene que estar reglamentado en las Bases del torneo. Quizá por ello hicieron firmar con tan poco tiempo de anticipación un compromiso a los clubes protagonistas en el que accedían al uso del VAR ¿O, en todo caso, sí lo sabía?

Luego del primer partido disputado en Juliaca, la Conar (Comisión Nacional de Árbitros)  cayó en cuenta que la terna seleccionada para dirigir el partido de ida en Juliaca, incluyendo a los oficiales VAR, no podría repetir el plato en Matute el domingo. Al no contar la FPF con suficientes árbitros asignados con la categoría FIFA -ni capacitados en el uso del VAR- se decidió que el juez principal del partido sea el FIFA Miguel Santivañez y que los oficiales que se instalen en la cabina de videoarbitraje sean extranjeros. Sin embargo, al parecer la FPF tampoco contaba con que los árbitros nominados deben recibir una capacitación en el uso del VAR, motivo por el cual quedó descartado Santivañez, quien no ha recibido dicha capacitación aún y, por propia confesión, recién lo hará el 2020. Otro dolor de cabeza para la Conar que arrinconada contra las cuerdas como una pelea de boxeo, no le quedó otra cosa que nominar al argentino Patricio Loustau como el juez principal del partido.

¿Equipo que gana, no se cambia…?

Sin lugar a dudas toda esta historia tiene un responsable: Agustín Lozano. Él ha avalado el uso del VAR cuando es claro que no estamos preparados para su llegada, y peor aún, cuando no ha habido una capacitación a los árbitros en su uso ni un periodo de prueba. Por el contrario, se ha optado por incluirlo de manera improvisada e irresponsable en una definición de campeonato. Algo insólito si lo comparamos con otros países de la región.

En Colombia, por ejemplo, se demoraron un año en implementar el uso del VAR. Curiosamente, el domingo pasado fue la primera vez que el videoarbitraje se utilizó en la Liga colombiana y, fue también en la final del torneo ¿La diferencia? El VAR se había probado hasta en dos ocasiones en modo ‘offline’, es decir se ensayó su funcionamiento, pero sin que tenga incidencia oficial en el juego.

En aquellas ocasiones se probó las cámaras y la calidad de audio y video. Adicionalmente, se capacitaron a 24 árbitros en el uso del sistema (sí, veinticuatro). Y luego de realizadas las pruebas, el Estadio Metropolitano, donde se disputó la final, recibió la certificación por parte de FIFA para utilizar el VAR. Esa es la diferencia entre la organización colombiana y la improvisación peruana. Mucho por aprender, ¿no?

Si bien es lindo hablar y comentar sobre fútbol, creo que la situación amerita que toquemos este tema, porque no podemos permitir que la improvisación siga reinando en nuestro fútbol. El año pasado fue maravilloso para el fútbol peruano. Volvimos a estar en los ojos del mundo cuando conseguimos clasificar al Mundial de Rusia. Posteriormente, con un trabajo serio y sacrificio deportivo, conseguimos disputar una final de Copa América en Brasil luego de más de 40 años. Sin embargo, en el ámbito local seguimos dejando mucho que desear. Son los clubes –aún con deudas y todo- los que deben nutrir a la selección y en la selección los jugadores deben potenciarse para volver mejores a sus clubes. Todo esto hace que la competencia sea mejor y, por lo tanto, el torneo más atractivo. Ese debe ser el ciclo ya que generando improvisación y falta de gestión llevan a  que se rompa el ciclo. Un país en crecimiento como el nuestro, no puede darse el lujo de romper el ciclo de desarrollo del jugador y de las instituciones deportivas. Es el momento perfecto del año para planear el que viene el 2020 donde habrá Eliminatorias para el Mundial de Qatar 2022 desde marzo y la Copa América en Colombia y Argentina tres meses después. Hagamos bien, por lo menos, lo que hoy convertimos en barbaridad el tema del VAR.

Foto Andina