 Aunque muchos sigan exaltados y aún la condenan, por aquel episodio –no tan lejano –de una vida de escándalos, degenerada y viciosa, que la condujo a la fría celda de un penal, Angie Jibaja, respira aliviada al saberse por fin, en libertad.
El 26 de abril de este año, la jueza que despacha el Trigésimo Tercer Juzgado Penal de Lima, ordenó su reclusión, no sólo por haber incurrido en el delito de lesiones en agravio de la joven Vanesa La Torre Cutipa, a quien le ocasionó una herida en el rostro, sino, por su reiterada conducta de ultraje a la investidura de la autoridad jurisdiccional. Rebeldía, que pensaba para sí, era el cobijo perfecto de su fama, sintiéndose, como muchos, invulnerable. Craso error que la condujo a prisión.
Angie, quien conoce muy bien los fríos espacios de soledad que dejan los vicios, hoy conoce, también, la frialdad de aquel grito silencioso, cuando se es privado de la libertad. Fueron dos meses y doce días, abrazada sin quererlo, a los barrotes del castigo, mudo testigo de su arrepentimiento, aparentemente eficaz. ¿Eficaz? y ¿por qué no abrigar la esperanza de cambio de aquella desdichada en prisión en aquel deseo ansioso por una nueva oportunidad?. Hacerlo, es alimentar la ilusión de un mundo más humano, aunque, predecirlo aún es prematuro. Sin embargo, es bueno, sin mezquindad, desearle lo mejor.
Y como “no hay mal que por bien no venga”, entonces, diremos que esos vientos de libertad que hoy soplan en la vida de la Jibaja, sean un renacer a ese mundo de luces para el bien. Los flashes la aguardan y las tentaciones también de quienes sonríen incrédulos, ante aquella, génesis de cambio. Nosotros, ni verdugos ni inmaculados, confiamos, tras nuestro deseo sincero, de que recaídas nunca más. Ojalá, aquel infierno llamado cárcel, que lacera la dignidad del ser humano y convierte a mucha gente, en sucios despojos de la sociedad, sea la provocación perfecta al rechazo a todo aquello que desdibuje el preciado don de su libertad, y mucho más, de aquella libertad del alma, pues no hay nada más terrible que encarcelar nuestro ser, por culpa de nuestros excesos. Comentarios (1) | Visitas: 286 |