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(Fotos)Con juramentos de amor, súplicas y amenazas, Iris Robinson acosaba a su amante juvenil...sin imaginar que estaba dejando pruebas de su infidelidad.
La Primera Dama de Irlanda del Norte, Iris Robinson, tenía fama, dinero y poder político pero a los 60 años de edad no podían competir con las muchachas que merodeaban a su amante, Kirk McCambley, de 21, por lo que fue cayendo en la tortura de los celos obsesivos.  Iris Robinson y su obsesión fatal Como una fiera herida, Iris escribió cartas candentes con amenazas, súplicas y promesas de amor, escribiendo frases de las que ahora debe arrepentirse en la clínica psiquiátrica donde trata de esconder de la pesadilla desatada por su pasión prohibida.No tuvo reparos en enviar, nada menos, que 150 mensajes al teléfono celular de Selwyn Black, antiguo capellán de las Fuerzas Aéreas, pidiendo favores para su joven amante que se le escapaba de las manos. Esas cartas y mensajes ahora son los documentos más buscados por la prensa sensacionalista y valen una fortuna, pero Kirk McCambey parece decidido a jugar con las expectativas económicas. Mientras tanto el Primer Ministro, Peter Robinson, quien se apartó de su cargo por seis semanas, debe estar preparando maletas para una jubilación adelantada. Cuernos al por mayor
De acuerdo a los testimonios que empiezan a salir como flores de fango, Iris Robinson era una mujer de armas tomar y, en el aspecto sexual, no se iba por las ramas ni se detenían en demasiados detalles.
 En la década de los 80 empezaron los engaños Sus escarceos amorosos se remontan a la década del 80 cuando dos guardias que custodiaban la residencia familiar, acudieron extrañados al escuchar unos gemidos y ruidos extraños en la sala.Al entrar los vigilantes se encontraron con una escena digna de una película erótica. Iris y un antiguo camarada de la DUP se revolcaban en la alfombra enceguecidos por el placer y sin percatarse de que habían moros en la costa. Como era de esperarse, los incómodos testigos guardaron silencio hasta que el escándalo político sexual estalló y colaboraron con su granito de arena en el culebrón mediático. Esa aventurilla demostraba que Iris tenía una larga data en lo que respecta a adulterios y que el affaire con Kirk no era una pasión otoñal, seducción ni ganas de rejuvener al ritmo de sexo...sino una raya más al tigre. De tal padre tal hijo
A comienzos de la década , la veleidosa Iris Robinson empezó su tórrido romance con William McCambley, quien administraba una carnicería en Ballyhackamore, al este de Belfast, acompañado de su hijo Kirk, todavía adolescente.
De alguna manera, Iris se convertía en una “madrastra extraoficial” de Kirk, por lo que resulta falsa la versión de que recién lo conoció cuando el carnicero murió víctima de cáncer, en febrero del 2008. Kirk no fue quien sedujo a la Primera Dama de Irlanda del Norte sino todo lo contrario de lo que dejaban entrever los defensores de la sexagenaria.  Campaña de la comunidad gay contra la Primera Dama de Irlanda del Norte La misma Iris Robinson manifestó que empezó su relación con Kirk cuando acudió para consolarlo por la muerte de su padre, una escena edulcorada que trataba de maquillar la aventura sexual como un idilio otoñal tierno. Lo cierto es que Kirk, solo y deprimido por la muerte de su padre, estaba dispuesto a aferrarse a cualquier tabla de salvación, incluso a la veterana Iris en baby doll. Todo o nada
 Lo que empezó como una aventura se convirtió en pesadilla para Kirk La relación amorosa empezó en el verano del 2008, es decir a mediados de año, con una Iris Robinson acosando al joven amante para apartarlo de las muchachas que coqueteaban delante de ella, ignorando las relaciones adúlteras.Para apartarlo de esas peligrosas distracciones, Iris decidió convertir a Kirk en hombre de negocios, animándolo a presentarse a un concurso para regentar un bar que iba abrirse con impulso municipal, en una nueva área urbanizada en el sur de Belfast. La sexagenaria enamorada estaba decidida a jugarse de cuerpo entero para retener a su juvenil amante. Para comprar la cocina y el mobiliario del local, le proporcionó a Kirk dos cheques de 25.000 libras, procedentes de dos empresarios inmobiliarios, a uno de los cuales, a cambio de ese “favorcito” , le ayudó a defender un proyecto en su distrito electoral. De toda esa suma, pidió a McCambley que solamente le diera 5.000 libras en efectivo para ella. También apoyó el proyecto, que era una concesión municipal, con decisiones en las que ella tomó parte como concejal de un distrito de Belfast. En su premura “olvidó” que tanto la referida suma como su interés personal en la puesta en marcha del negocio tenían que haber sido declarados ante las autoridades correspondientes.  Kirk quería estar con su novia y apartarse de la obsesiva Iris La carta delatora
 Fue el último en enterarse Kirk tenía una novia de su misma edad y comenzó a temer que ella se enterase de sus escarceos de alcoba con la Primera Dama que le enviaba mensajes al por mayor, lo que terminaría por hundirla.Una de las cartas que Iris escribió a su amante pero que no llegó a enviarla fue encontrada en el domicilio familiar por su marido, el otrora todopoderoso Primer Ministro, Peter Robinson, quien se enteró de esa manera del triángulo amoroso en el que estaba inmerso. Con flema de político de alto nivel, le recriminó pero decidió perdonarla para evitar un escándalo ante una aventurilla, por lo que pidió a su esposa que devolviera el dinero, pero no advirtió a las autoridades de la transacción realizada, a pesar de estar obligado por su alto puesto como máximo gobernante de la región. Robinson asegura, no obstante, que no ha cometido ninguna falta y no piensa dimitir. Te odio y te quiero
La fogosa Iris Robinson no era una mujer que se amedrentase por la cólera de su marido. La pasión dominaba su vida y empezó a escribir cartas con promesas, súplicas y amenazas a Kirk quien, a esas alturas, prefería las caricias de su escultural novia.
 Se inventó un cáncer al testículo para alejarse de su sexagenaria amante La Primera Dama le exigió que le devolviese dinero o accediera a sus requerimientos amorosos. De acuerdo a sus amigos es, en esos momentos, que Kirk decide recurrir a una medida desesperada, aunque para ello tuviera que hacer la mejor actuación de su vida.  En la clínica psiquiátrica trata de rehacer su vida Entre lágrimas y sollozos, Kirk le dijo a la Primera Dama que padecía de cáncer a los testículos lo que, aparte de minar su organismo, había debilitado su capacidad sexual y no podía atenderla como antes. Como Iris no se tragó tan fácilmente la píldora, le dijo que el cáncer se había extendido a su estómago y que los médicos le diagnosticaron que era propenso a las enfermedades neoplásicas, teniendo en cuenta que su padre había muerto con ese mal. Como broche de oro a su fabricado “cáncer”, le dijo que un laboratorio lo utilizaba como conejillo de indias para probar nuevos medicamentos contra el cáncer y, de esa manera, reemplazar la quimioterapia. La calma sin embargo era solo el preludio de la tormenta.
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