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(Fotos)Por el escurridizo y siniestro narcotraficante Juan José Esparragoza (a)"El Azul" se ofrece recompensa de 5 millones de dólares tanto por autoridades mexicanas y de EEUU.
La leyenda negra de este Padrino de la mafia sinaolense se difunde a través de los narcocorridos en la red de Internet y se estima que, junto con Joaquín “El Chapo” Guzmán, intenta conciliar a los capos de otros carteles en una especie de Federación de la Cocaína.  Juan José Esparragoza (a) El Azul Alrededor de su personalidad se han tejido historias como “conciliador” mafioso pero también como uno de los más sangrientos capos, cuando se trata de ajustar cuentas a sus rivales e inclusive se le atribuyen ejecuciones de algunos jefes policíacos.Es uno de los principales enemigos públicos y la Procuraduría General de la República (PGR) ofrece millonaria recompensa a quien brinde informes que conduzcan a la captura de "El Azul", mediante sendos anuncios en la Av. 1° de mayo, en Naucalpan, Estado de México. La PGR pone a disposición del público dos teléfonos 01-800 para marcar desde cualquier lugar de la República Mexicana o bien, desde Estados Unidos. La implacable búsqueda no ha tenido mayores resultados, hasta el momento, porque El Azul dispone de una red de corrupción debidamente aceitada, como diría Rómulo León, y sicarios que desaparecen a los incómodos testigos, al estilo de Vladimiro Montesinnos.  Mapa de la DEA sobre el reparto territorial de los carteles de la droga FBI lo tiene en su mira
 Recompensa millonaria por El Azul Los agentes del FBI (Buró Federal de Investigaciones)han colocado en su reciente “Alerta Criminal” a Juan José Esparragoza Moreno (a) El Azul, quien también usa los seudónimos de Juan José Esparragoza-Martínez, José Luis Esparragosa, Juan Esparragosa-Ualino, Juan José Esparragoza-Italino, Arturo Beltrán, Raúl González y Juan Robledo.En su ficha, destaca que El Azul nació el 3 de febrero de 1949 en Chuicopa, Sinaloa, su estatura es de 1 metro 70 y puede tener alguna cirugía plástica. Lo responsabilizan de haber introducido a territorio de Estados Unidos por lo menos 14 toneladas de drogas (cocaína y marihuana). La recompensa que se ofrece por El Azul es similar a la que el FBI fijó por el narcotraficante colombiano León Montoya Sánchez (a)Don Diego, capturado en 2006y dos años después deportado a Estados Unidos. Por quien más paga el FBI es por Osama bin Laden; se ofrecen 25 millones de dólares, y 2 millones adicionales de una asociación de las líneas aéreas, por su captura.  Una de las balaceras protagonizadas por sus sicarios en el estado de Morelos Triple Alianza
Por sus relaciones con los principales capos de los carteles mexicanos de la droga, El Azul es considerado la eminencia gris que viene aglutinado a los padrinos charros en un “sindicato” para tratar de controlar el mercado de la droga en la frontera con Estados Unidos.
Es el gestor de la Triple Alianza conformada con Ismael “el Mayo” Zambada y Joaquín “El Chapo” Guzmán, además de que mantiene nexos con los sucesores del difunto Amado Carrillo Fuentes (a) El Señor de los cielos. Tras la muerte de Arturo Beltrán Leyva (a) “El Jefe de los Jefes” o “Barbas”, la alianza intenta aglutinar a Edgar Valdez Villarreal (a) “La Barbie”, aunque no se define todavía a los herederos de ese cartel. Esparragoza es considerado el decano de los narcotraficantes pues ha tenido relaciones financieras con Miguel Ángel Félix Gallardo, Rafael Caro Quintero, Ernesto Fonseca Carrillo Don Neto, Vicente Carrillo Fuentes, Ismael El Mayo Zambada y José Albino Quintero Meraz, entre otros. No solamente fue lugarteniente del cártel de Juárez, sino consejero y negociador de Carrillo Fuentes, tanto en México como en Colombia. Sin tener la fama de un mañoso sanguinario como el desaparecido Benjamín Arellano, El Azul, tiene fama de ordenar con frialdad ejecuciones al mejor estilo de la mafia sinaloense. Sobre todo, de aquellos, que han traicionado o que se han metido con la familia. Después de purgar una condena, extrañamente benevolente, de siete años de prisión en el Reclusorio Oriente, se dedicó a reconciliar a poderosos narcotraficantes en varias regiones del país.  Tras su sonrisa amable y hasta bonachona, se esconde el alma perversa de El Azul De perfil bajo
 Sus sicarios acostumbran descuartizar a sus oponentes Con profundas raíces en Cuernavaca, Morelos, El Azúl (por el color de su piel) es un hombre duro de 60 años de edad y abatido por la diabetes, de acuerdo a los últimos informes de mafiosos capturados. Lejos de adoptar la estampa del clásico narcotraficante, luciendo botas y joyas, además de aparatosas escoltas, Esparragoza Moreno, esconde su personalidad en pantalones de mezclilla y unos tenis, señala un informe del diario mexicano El Universal. Al salir de la cárcel, El Azul organizó las reuniones cumbre de los carteles para repartirse las rutas de la droga. Le gusta acudir a buenos restaurantes, pero sin el oropel y lo ostentoso que caracteriza a jefes de los cárteles, lo que devino incluso en encuentros sorprendentes como el suscitado con el procurador Antonio Lozano Gracia, quien en ese entonces recién había asumido el cargo. 
A continuación reproducimos textualmente el informe publicado en El Universal sobre ese incidente. Cortesía al rojo vivo
 Las vendettas constituyen rutina exasperante en el norte mexicano El encuentro fue casual y ocurrió en la puerta de un restaurante en la zona de Polanco. Se originó porque los escoltas de Juan José Esparragoza Moreno alertaron a su patrón sobre el arribo de personal de la Procuraduría General de la República (PGR) al lugar donde se disponía a comer aquel día de principios de 1995. El Azul, como lo apodaban por su tono de piel desde los años 70 sus correligionarios en Sinaloa, salió tan apresurado que no se percató que una persona esperaba a que le asignaran mesa y, de manera accidental, tropezó con él. —Oiga, discúlpeme— le pidió Esparragoza a aquel hombre que vestía traje y aguardaba en el acceso.
—No hay cuidado, no se preocupe— le contestó el procurador. —Que tenga buen provecho— le dijo el mafioso y se retiró.  Procurador Lozano Gracia se cruzó con El Azul sin que ninguno se reconocieran Quien esperaba mesa en el restaurante, de acuerdo a quienes conocieron de primera mano aquella anécdota, era el recién designado titular de la PGR, Antonio Lozano Gracia, quien en aquel momento no conocía ni sabía quién era ese hombre robusto, moreno y de cabello quebrado, que de manera caballerosa excusó por el incidente. Pocos minutos después, cuando el procurador aguardaba en su mesa a unas personas con las que se había citado para comer, sus escoltas del Estado Mayor Presidencial (EMP) se le acercaron para comunicarle la urgencia de retirarse del lugar. Lozano escuchó atento y no hizo mayores comentarios, siguió a los miembros de su equipo de seguridad y cuando abordó su vehículo uno de ellos le explicó que la razón por la que se tenían que marchar era porque habían detectado hombres armados distribuidos en varios vehículos ya que adentro estaba Esparragoza el segundo hombre en importancia, sólo por debajo de su compadre Amado Carrillo Fuentes, en la cúpula del llamado cártel de Juárez. —¿Cómo era?— preguntó Lozano. Al escuchar la descripción, reconoció al hombre con el que tropezó y quien de modo amable se disculpó. Después, en la PGR se enteraron que la salida intempestiva del capo se debió a que sus escoltas creyeron que se desarrollaba un operativo encabezado por el procurador, de ahí que abandonara el restaurante. En la confusión, ni Esparragoza reconoció al procurador, ni Lozano supo de quién se trataba.
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