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(Fotos)Los policías huelguistas formaron una barricada con autos patrulleros que teminaronconvertidos por los tanques en chatarra.
A las 2 de la madrugada del 5 de febrero de 1975 los policías huelguistas apagaron todas las luces del cuartel de Radiopatrulla, ante el avance de los blindados e improvisaron una barricada en la puerta principal con los autos patrulleros.  Ráfagas de ametralladora pesada contra el cuartel de Radiopatrulla Desconcierto y gritos de bravata entre los amotinados. Los más radicales sabían que de nada servirían las balas ni botellas de gasolina contra los blindados, pero exigían no retroceder. Las antiguas puertas de madera no garantizaban una resistencia mínima. En la esquina del jirón Andahuaylas y la avenida Grau se encontraban parapetados los periodistas de La Crónica con su director, Guillermo Thorndike. Una primicia que no se podía publicar, renegaba Pedro Parra. El Chino Domínguez y Ángeles tomaban fotos desde todos los ángulos. Aguardaban J.L. Díaz, Mirko Lauer , Rodney Espinel , Alejandro Sakuda y Abelardo Oquendo. El testimonio de Thorndike es de primera mano, por lo que reproducimos algunos párrafos que escribió sobre este suceso en su libro “No, mi general”. Los subtítulos son nuestros. Diez minutos para salir
Los amotinados vieron al oficial que se zambullía en su tanque, los blindados que colmaban las calles, rodeándolos, y atrás, a los soldados que se movían velozmente, acordonando la oscuridad y completando el cerco.
-Tienen diez minutos para abandonar sus armas y salir con las manos en alto!- tronó una voz por un altoparlante. Eran las tres y veinticinco- ¡Toda resistencia es inútil. 
-Somos periodistas- dijo Thorndike al soldado que asomó a la oscuridad.  Guillermo Thorndike No hay postes de alumbrado público en el jirón Andahuaylas. A la luz de un zaguán donde se apretujaban unos vecinos, el soldado apuntó hasta que mostraron sus documentos. Una tanqueta retrocedía y su intermitente luz anaranjada bañó a los periodistas que siguieron acercándose al cuartel. -¡Tienen ocho minutos!- amenazó la voz. -No se ve ni m…-se acauteló Lauer. A ver si pisabas una cáscara y te rompías una pierna, advirtió Oquendo. Avanzan los blindados
-¡Abandonen sus armas y salgan con las manos en alto!- se agotó la voz.
-Asesinos- respondió un vozarrón. -¡Viva la Guardia Civil!. Las puertas no se abrieron. 
El ladrillo en polvo, la penumbra en luz, el silencio en espanto, el miedo en rabia, el aire en astillas, el vaho a cordita, en estallido, tronó la pesada ametralladora del tanque de vanguardia. El resto de los blindados avanzó tiroteando. Apuntaban alto, esquivando las murallas, acaso bastara el ruido para rendir a los sitiados. Del torreón replicaron con fuego de metralleta. A diez metros, un tanque descargó su ametralladora contra la armazón de concreto. De ambas partes medían los tiros, ajustando la puntería cada vez más cerca pero sin darse todavía.  Comandos militares ocupan el cuartel de Radiopatrulla El asalto
A la puerta, creció la voz del coronel yel tanque embistió la madera, volcó la barricada, descuajó bisagras, derrumbó la albaliñería, bufó sobre los escombros. Rechinaban las orugas aplastando obstásculos.
…otro tanque derribó la puerta opuesta. Tardaban en ver. Antes que los reflectores descubrieran a un millar de policías sentados en el patio con las manos en alto, de los techos dispararon contra el Ejército. Al filo de la carnicería, las balas quemaban en busca del coronel, desfondaron a un soldado, despedazaban la mandíbula a un cabo… …las manos de la tropa se cerraron en los gatillos y, sin enfurecerse, el coronel ordenó que fuego, a tomar el cuartel. 
…techos vacíos, el vaho del combate todavía encharcado en las veredas, la infantería entrando al cuartel, incompresible voces de mando, el motor en marcha de los blindados; en eso terminaba la sublevación. ¿Y los muertos?
Se conectó la luz en el cuartel y el coronel inspeccionó cuadras y patios. Se comunicó con la División Blindada; Comandancia tomada, prisioneros despachados, siete policías heridos, ni un muerto, mi General.
Muy bien regrese. Ocho tanquetas y dos compañías quedaron en poder del cuartel.  Mirko Lauer -Oiga, señor Thorndike, nosotros no vamos a echar leña al fuego. No me publique una línea de lo ocurrido-ordenó el general Segura.No obstante, este tema nunca ha sido esclarecido a plenitud , precisamente por los límites del parametraje oficial en la prensa, lo que lejos de amainar la tempestad, contribuyeron a que los rumores crezcan como bolas de nieve. El silencio como remedio fue peor que la enfermedad. En ese sentido, Mirko Lauer, al hacer una analogía con el caso de Bagua, señala textualmente: El 5 de febrero de 1975 nació una leyenda urbana según la cual el Ejército había asesinado a cien, y hasta cientos de policías. Nunca apareció un solo cadáver policial ni un solo deudo, pero la versión (en ese tiempo el Apra estaba del otro lado del mostrador) siguió dando vueltas, probablemente hasta hoy, sin la menor preocupación por los hechos. Hasta hoy no ha aparecido el investigador de ese tema.  Jirón de La Unión convertido en tierra de nadie Horror y vandalismo
El enfrentamiento en Radiopatrulla solo era el preludio de la pesadilla porque los rumores de centenares de policías muertos conmocionó a la ciudadanía ante el silencio oficial. A las 8 de la mañana la rabia crecía como un fantasma.
Los primeros saqueos se registraron en La Parada. La ciudad desprotegida era vulnerable a los revoltosos que empezaron a apedrear tiendas y automóviles. Versiones periodísticas señalaron la presencia de francotiradores que disparaban desde el techo. Lima era una tierra de nadie y estalló la pesadilla. (Continúa)
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