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Caos y muerte en Lima (III)
Viernes, 05/02/2010

Image(Fotos)Tras incendiar edificios públicos, los vándalos saquearon tiendas y enrumbaron hacia los periódicos,  con bombas molotov para incendiarlos.

Al amanecer del 5 de febrero de 1975, las miles de personas que se dirigían a sus centros de trabajo, se dieron con la sorpresa de que no había un policía en toda la ciudad, mientras circulaban los rumores de “una matanza en Radiopatrulla”.

Radiopatrulla
Las puertas de Radiopatrulla derribadas por los tanques dieron lugar a las versiones de una supuesta matanza policial
La ausencia de policías de tránsito confirmó la huelga en la Guardia Civil  y el cuartel de Radiopatrulla, con las puertas derribadas por los tanques, alimentó los rumores de la supuesta “matanza” que azuzadores de todo pelaje esparcían con una capital que se convertía en una “tierra de nadie”.

El diario La Crónica había preparado una edición especial que, tal como señalamos en el informe anterior, se prohibió para “evitar que contribuyese a los desordenes públicos”.

Las primeras noticias alarmantes sobre los sucesos en Radiopatrulla fueron propaladas desde las 5 de la mañana por los centenares de comerciantes de Villa El Salvador que acudían a La Parada para abastecerse, debido a que en ese entonces su ruta incluía la avenida 28 de julio.

5 de febrero
Los vándalos coordinaban los ataques incendiarios por medio de motociclistas (Ver círculo)

5 de febrero
Lima desprotegida y a merced de las hordas vandálicas

Las portadas de los diarios no mencionaban una línea de los sucesos. Noticiarios de la radio y televisión callaban mientras las “boladas” se propagaban como reguero de pólvora, para beneplácito de los agitadores radicales de derecha e izquierda.

El silencio, repetimos, fue una medicina peor que la enfermedad. A falta de noticias oficiales, los rumores eran la única fuente de información.

Y, como era de suponerse, los azuzadores de la violencia se encargaron de dar una visión dantesca para despertar la ira de los incomunicados ciudadanos.

A las 8 de la mañana empezó a incendiarse  la pradera en las tres veces coronada Ciudad de los Reyes, con saqueos en La Parada mientras en la desguarnecida Lima céntrica la violencia sorda crecía, como uno de los Jinetes del Apocalipsis.


Vándalos al ataque


5 de febrero
Comerciante herido por misteriosos francotiradores
A las 8.30 de la mañana, en el centro de Lima la mayoría de las tiendas comerciales, restaurantes y oficinas públicas habían abierto sus puertas. Los primeros agitadores improvisaban “mítines” en la Plaza San Martín, para “denunciar la matanza de policías” y después abiertamente exigir la “sublevación popular”.

Los primeros ataques fueron en los mercados pero, al ver que la ciudad estaba desprotegida, encabezaron el ataque al  supermercado del jirón Washington que, en esos momentos, había cerrado las puertas metálicas.

No había policía ni nadie que auxiliara a los aterrados empleados. Las cajeras que pretendieron guardar el dinero terminaron con los trajes en jirones, escapando a carrera de los depredadores.

La turba arrasó con todo lo que encontraba a su paso. Con rugido salvajes los vándalos salieron llevando en alto lo robado. No perdonaron ni el papel higiénico.

Envalentonada por la facilidad del saqueo, la turba se dirigió hacia el Centro Cívico. En uno de los pisos funcionaba el Ministerio de Comercio, donde el titular, Mayor general FAP, Luis Arias Grazziani, atendía al agregado comercial de la Unión Soviética.

5 de febrero
El vandalismo se desató impunemente en una ciudad convertida en tierra de nadie (Archivo de La Prensa)

Los vándalos arrojaron decenas de bombas molotov y el fuego se propagó rápidamente por las costosas alfombras, cortinas y tabiquerías. A los pocos soldados que custodiaban el inmueble se le habían agotado las balas.

Armado con una metralleta  y dos revólveres, Arias Grazziani salió al pasaje principal y se encontró con un cuadro dantesco. Disparó dos balazos a la turba que frenó la embestida.

-Al que pase lo mato c…Piénsenlo bien. ¡Ahora largo carajo!.

Los vándalos apedrearon el Hotel Sheraton pero retrocedieron ante la decidida actitud del servicio de seguridad. Como pirañas sedientas de sangre solo atacaban en grupo donde no existía resistencia.

5 de febrero
Centro Cívico, Círculo Militar del Perú, edificios públicos arden en Lima antes del mediodía del 5 de febrero de 1975

5 de febrero

5 de febrero

5 de febrero


Alerta en los diarios


En el segundo piso del diario Expreso se convocó a una asamblea de emergencia ante el avance de los vándalos. Francisco Landa y Francisco Moncloa organizaron la resistencia y se pidió a las mujeres retirarse. Ninguna hizo caso de la orden y se quedaron para la pelea.

Las noticias eran canalizadas a través de Enrique Paredes, en ese entonces ni se soñaba con los teléfonos celulares, quien se desplazaba en motocicleta hasta donde se encontraba turba, infiltrándose entre los azuzadores para conocer sus planes.

La única alternativa era la resistencia en la calle. El punto neurálgico estaba en la esquina de los jirones Ica y Chancay, donde se colocaron bobinas de papel como barricada.

Carlos Ramos ordenó  cortar  lingotes de plomo, en forma triangular, como proyectiles para ser lanzados con hondas, así como  preparar botellas del ácido nítrico utilizando en Fotograbados.

 Solo quedaba esperar.

5 de febrero

5 de febrero


Incendio y muerte


En las inmediaciones del jirón Andahuaylas, donde estaba ubicado el diario La Crónica,  las turbas recorrían las calles saqueando lo que encontraban a su paso. Francotiradores misteriosos disparaban desde las azoteas.

Los primeros muertos fueron los vendedores ambulantes Honorata Poma Mamani, Pedro Pablo Alarcón y Elsa Purisaca Purisaca.

Seis automóviles ardían en la avenida 28 de julio con una densa humareda. El saqueo se había desatado en la capital. Ciudadanos pacíficos hasta ese momento, se contagiaron de la sicosis colectiva y terminaron robando refrigeradoras, fardos de tela, licuadoras, todo lo que encontraban en los destrozados escaparates.

La turba enrumbó a La Crónica pero encontró a Thorndike y la plana mayor provistos con dos fusiles ametralladora. Mirko Lauer y Pedro Parra portaban revólveres, Carlos “Chino” Domínguez , dirigía al grupo de choque con un garrote.

Las balas hicieron retroceder a los vándalos. Avanzaban las horas y no llegaba ayuda a los sitiados.

5 de febrero
El diario Correo quedó reducido a cenizas y escombros


Queman Correo


La turba avanzó hacia las instalaciones del diario Correo, en esa época ubicadas en la avenida Wilson. Lo s sucesos tomaron desprevenidos a una treintena de empleados y periodistas. No estaban los directores y el gerente Barbis era el único de la plana mayor.

Los depredadores  se detuvieron ante un solitario efectivo militar, con casco y uniforme de combate, quien disparó al aire ráfagas de metralleta mientras se movía en círculo…hasta que se le agotó las municiones y se vio obligado reabastecer su arma.

5 de febrero
En el ataque a Correo intervienen también los azuzadores a bordo de motocicletas

Los vándalos atacaron al soldado para arrebatarle el arma mientras la turba avanzaba rugiendo. Una ráfaga de metralleta disparada por un segundo soldado frenó la embestida.

Dos soldados habían detenido la turba hasta ese momento pero, al no recibir resfuerzos, se retiraron al quedar sin municiones.

Desde el balcón de Correo, el gerente Barbis gritó emocionado a una fila de diez tanquetas que se desplazaba por la avenida Wilson. Pidió ayuda en vano. Los blindados prosiguieron su marcha hacia el sur.

Con un automóvil incendiado, la multitud avanzó hacia Correo. En pocos minutos el edificio ardía en llamas.

5 de febrero

A continuación reproducimos párrafos de la crónica “La rebelión olvidada” de Luis Eduardo Podestá, en ese entonces periodista  de Correo.

Cuando llegué al mismo centro de Lima, al crucero de las avenidas Tacna y La Colmena, había una descomunal congestión vehicular, a tal extremo que preferí bajar del ómnibus y dirigirme a pie las cuatro cuadras que me faltaban.

Óscar Cuya Ramos, el jefe de informaciones, me vio llegar y casi dio un grito de emoción:

–¿Vas a trabajar?

–Claro, para eso estoy aquí.

Tomó el teléfono, llamó a fotografía y ordenó que un fotógrafo me esperara en la camioneta, que ya estaba lista para salir. Con el mismo tono emocionado, corre, hermano, hay un tiroteo en Radiopatrulla.

...Y al llegar (al diario Correo) mi sorpresa no tuvo límites. Por la puerta de salida de vehículos los trabajadores sacaban muebles, archivadores metálicos, escritorios, todo lo que podían salvar. Me acerqué más y me introduje en un caos espectacular. En medio del patio de cemento estaban amontonados los muebles que podían salvarse. Una sección del local, construida de material prefabricado, donde había algunas oficinas y el comedor, ardía como una antorcha alimentada con gasolina.

...allí dejamos el archivador metálico que habíamos salvado. El edificio entero, desaparecida bajo cenizas la sección prefabricada, ardía en ese mediodía trágico, cuyas columnas de humo se sumaban a otras que en varios sitios de la ciudad… anunciaban que la cólera popular se había ensañado con edificios estatales y a veces con lo que no debía – por ejemplo, el edificio del ministerio de Educación, de cuyo vestíbulo desapareció una de las famosas pinturas de Teodoro Núñez Ureta.

5 de febrero


¡A quemar Expreso!


En la sexta cuadra del jirón Ica se habían ultimado los preparativos para la defensa, cuando llegó Enrique Paredes con el último  reporte. Los vándalos se habían reagrupado para marchar con una siniestra consigna: ¡A quemar Expreso!.

Correo se encontraba en un espacio abierto, lo que facilitó el desplazamiento de la turba que, además, sorprendió a los trabajadores al iniciar en esa zona, a escasos metros del Centro Cívico, el cobarde ataque.

5 de febrero
Una historia para recordar y no cometer los mismos errores

Aparte de que hubo tiempo para organizar la defensa, Expreso se encontraba ubicado en la sexta cuadra del angosto jirón Ica. El único espacio abierto era la plazuela de San Sebastián.

Las llamadas al comando militar eran infructuosas. La respuesta se repetía “No se preocupen, ya los vamos a ayudar”, mientras avanzaba la turba.

Alucinados por el terror que sembraban a su paso, la hoesa rugiente ingresó por la esquina del jirón Ica con  la avenida Tacna. Los revoltosos se detuvieron consternados ante la barricada donde periodistas y empleados respondieron a sus amenazas con lo más floreado de la jerga.

Seguros de que nada los detendría los vándalos llevaban palos, bombas molotov y algunas piedras. La primera granizada de los defensores los hizo retroceder.

5 de febrero

Una pedrada de los defensores encontraba blanco seguro en la compacta masa de vándalos. Los periodistas se parapetaban en la barricada o la raleada columna podía evitar la mayoría de los proyectiles.

-No huyan cobardes c…que recién empieza la fiesta- les gritó Guillermo Sheen Lazo.

A los pocos minutos llegaban más vándalos con la consigna ¡A quemar Expreso” y se desató una nueva  batalla con inusitada violencia.

Huelga policial
Recién al día siguiente, 6 de febrero de 1975, se publicó ampliamente lo sucedido en Radiopatrulla

El autor de la nota se encontraba en esa zona al lado de Reynaldo Muñoz, Edilberto Alvarado “Mascafierro”, Pedro Franco, entre otros compañeros.

En el jirón Chancay, la puerta de acceso a los talleres, otro contingente resistía otra andanada vandálica, donde fue masacrado a golpes el dirigente Antonio Laynez. Sin dudarlo, Anlay se enfrentó a la turba y fue rescatado providencialmente. El francés Pierre de Zutter no daba ni pedía cuartel.

César Augusto Dávila, recordando su época de boxeador, repartía golpes. Melita Guerrero y Esther Basurco colaboraban en la defensa interna y la atención de los heridos.

Cerca de las tres de la tarde se ordenó el primer repliegue. Los grupos de contención arrojaron todos sus proyectiles, incluyendo las botellas de ácido nítrico que estallaban quemando el asfalto.

Al ingresar al diario los defensores, la turba avanzó creyendo una fácil victoria, tratando de derribar la puerta metálica hasta que una verdadera catarata de piedras, fierros retorcidos y ácido cayó sobre sus cabezas.

Retrocedieron los vándalos pero se apostaron en las inmediaciones hasta que al caer la tarde llegó una tanqueta militar para ayudarnos. Se improvisó una tabla para auxiliar al reportero gráfico, Otto Díaz, herido en la cabeza y el ojo derecho que estuvo a punto de perderlo.

Al caer la noche, las noticias confirmaban la dimensión de la tragedia. Saqueos, destrucción y muertos en las calles.  

Huelga policial
Los periodistas defendieron sus centros de trabajo...y cubrieron las informaciones de ese infausto día

El “Febrerazo”


A continuación reproducimos párrafos de la crónica sobre el 5 de febrero de 1975, del periodista Jaime Uribe Rocha

En vispera del 35 aniversario del "Febrerazo", tengo claro los  luctuosos sucesos del  5 DE FEBRERO DE 1975 como si fuera ayer, porque lo viví en directo en el diario Correo y se los  entrego, como testimonio personal. Ese día Lima y el Callao (y todos sus distritos) amanecieron sin protección policial y desguarnecidos  de canto a canto en su seguridad. Lima, era una ciudad sin Ley.

…elementos extraños a la policía, alientan el "paro" y el acuartelamiento de varios cientos de "tombos" en el local de Radio Patrulla de la Av. 28 de Julio del distrito de La Víctoria (local que fuera tomado a sangre y fuego en la madrugada por el Ejercito, con lamentables resultados y aún no esclarecidos).

…En la Av. Wilson (hoy Garcilaso de la Vega) los pocos trabajadores de Epensa que se encontraban en ese momento, con arrojo nos enfrentamos a los policias vestidos de civil, a las turbas que atacaron a los dos soldados que resguardaban las instalaciones  del diario Correo y permitir que los agitadores  empujen  las carretillas  con  gasolina en galones o bidones: para llegar a su "blanco" designado (este combustible sirvió para incendiar el moderno local del Centro Cívico, a media cuadra del diario Correo, que nunca llegó a funcionar y fue quemado antes de su inauguración).

Con el colega Ricardo Muller  y pìstola en mano, disparamos varios tiros  por la ventana de la Sala de Redacción, para dispersar a los revoltosos que comenzaron atacar e incendiar el diario  (estoy seguro que en "talleres"  hubo algún infiltrado de "m…" que se aprovechó de la situación para prender fuego y "joder" las máquinas, si no es así pregunto: ¿COMO ARDIO TALLERES, SI NINGUN  EXTRAÑO, HABIA INGRESADO? ¿QUIEN  "CARAJO" CORTO EL CIRCUITO DEL PATITO O MONTA CARGA, INUTILIZANDOLO PARA EL RESCATE DE LAS BOBINAS?

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