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Según estudios de reciente data, a nivel nacional, el consumo de bebidas alcohólicas ha tenido un incremento considerable, por esta razón alrededor del medio millón de personas muestran claros signos de dependencia. Alarmante cifra si nos ponemos a pensar en los daños colaterales que esta enfermedad provocaría al organismo, si no es tratada a tiempo, y a la sociedad.
Entre los factores que alientan su consumo se encuentran un coeficiente intelectual bajo, problemas emocionales, composición de la familia, el aumento de la oferta de bebidas alcohólicas y con ello un mayor acceso a ellas, entre otros. Pero lo más deplorable es que la afición por consumir estas bebidas comienza a la tierna edad de 12 años, simple y llanamente porque los padres o amigotes, cuando se encuentran en su entorno social cometen el error de dárselo a los niños por juego o gracia, para hacerlos hombrecitos dicen, ignorando el daño físico y psicológico que le están creando. De esta manera estos niños inician su afición dañina al consumirlas a escondidas, posteriormente, con sus amigos. Devida (2006) señala que una cuarta parte de la población escolar de secundaria a nivel nacional bebió licor 30 días antes de una encuesta, también que cuatro de cada diez estudiantes, en algún momento de su vida, lo habían hecho. Las consecuencias de este mal y que repercuten en la sociedad son los homicidios y suicidios cometidos mayormente bajo los efectos del alcohol y otras drogas. En los centros laborales son causantes de accidentes, tardanzas o ausencia al centro de trabajo. Y lo más grave es que el 50% de accidentes de tránsito bajo sus efectos, es causado tanto por conductores como por peatones. De otro lado, esta enfermedad, de veraz peligrosa, es causal de la destrucción de muchos hogares porque genera violencia doméstica, cuando esposas, cónyuges o los hijos son agredidos física, psicológica y verbalmente, pero, a pesar de todo, en la mayoría de los casos la vida familiar prosigue como si no hubiera ocurrido nada relevante. El machismo, acendrado aún en nuestro país, permite que los transgresores siempre se salgan con la suya. En estos casos la mujer está en la obligación de acudir a las instancias respectivas, como son las instituciones protectoras de sus derechos, la policía nacional tiene comisarías especializadas para estos casos, deben recurrir a ellas porque de eso depende que se fortalezca la protección tanto de ella como de sus hijos. Deben armarse de valor para denunciarlos, porque si no lo hacen llevarán una vida aterradora juntamente con todos los que conviven bajo el mismo techo; no muestre debilidad y tenga la seguridad que las leyes las protegerán. Igualmente existen normas que castigan a los individuos que se olvidan o no pasan el sustento a su familia, con pena de carcelería, alternativa a la que deberían recurrir cuando haya amenazas de abandono material y moral por parte de estos abusivos, porque ese es el argumento que esgrimen para someterlas a su libre voluntad. Para que la sociedad se sienta tranquila es importante que las autoridades de salud, policiales e instituciones privadas, que bregan por combatir este problema social, tomen el toro por las astas y comiencen a profundizar una lucha sin cuartel contra el alcoholismo en nuestro país. En la recuperación por alcoholismo tiene vital importancia la familia, por eso en la receta recomendada debe existir una buena relación entre todos en el seno del hogar, donde exista respeto, cariño, afecto y lo más importante, comunicación; también la presencia de ideas religiosas y espirituales que contribuyan a su paz interna; que padres e hijos se interrelacionen con actividades conjuntas, como deportes y juegos de entretenimiento. Finalmente, desterrar la presencia de bebidas alcohólicas en el núcleo familiar. Y de pronto, en el bar, tan solos, sí tan solos / me asomo al pozo y veo en la copa un rostro / grotesco de algún monstruo / que ni morir ya quiere, que es una cosa sólo / que se mira y no ve, como un hombre perdido / para siempre al fondo de los hombres / extranjero en el mundo, un extraño en su cuerpo / una interrogación tan solo que se mira sin duda / con certeza, perdida al fondo del vaso. Esta glosa pertenece al poeta español Leopoldo María Panero, quien sufrió de alcoholismo y que voluntariamente se internó en un pabellón psiquiátrico de su tierra natal. Nos pinta de cuerpo entero los estragos a los que nos puede conducir el excesivo consumo de bebidas espirituosas. Este ejemplo literario también nos recuerda que el alcoholismo no tiene fronteras de razas e idiomas, ni fama, como los grandes escritores como Ernest Hemingway, William Faulkner, o de artistas famosos ergo Hugh Grant, David Hasselhoff, el chofer del auto fantástico, etc. Evitemos que seres queridos de nuestro entorno caigan en ese remolino de locura y angustia, tratándolos como personas que padecen una dolencia que es superable con un buen tratamiento, que la sociedad toda se lo agradecerá, porque el índice de accidentes de tránsito, los crímenes, las violaciones de menores, los abusos de violencia familiar disminuirán o serán desterrados definitivamente. Al licor dile no.
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