Mi Otro Yo
Fue ayer... recordémoslo siempre | Fue ayer... recordémoslo siempre |
| sábado, 28/07/2007 | ||||||
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Era agosto de 1868 y varias provincias del Perú fueron zarandeadas por un terremoto que dio la impresión de reventar la tierra. En mayo de 1870 un préstamo llegaba desde los bancos de París y unos meses más tarde, otro más. Monsieur Enrique Meiggs, seguro de un gran futuro, celebraba con noches arábigas y 50 platos servidos para sus cientos de invitados. Pero pronto se acabó la bonanza del guano y del salitre. Se reventó la economía. La población, aun no se había recuperado del susto que le produjo la agitación telúrica, ahora tenía que padecer, además, la eterna pena y el inmortal quebranto que es el atraso. No es la primera vez que los peruanos hablamos de bonanza, de crecimiento económico, de Milagro económico peruano. Imaginemos el impacto que produjo en los peruanos de la mediados del siglo XIX, las décadas del 50, 60, cuando vieron (y gozaron) cómo el presupuesto de la República saltaba de 5 a 25 y como una élite de peruanos recibieron dinero a manos llenas para emprender negocios y hacerse ricos. Estos si que fueron comechados por antonomasia: hicieron nada. Repetidamente en nuestra historia se han presentado épocas de vacas gordas, los buenos tiempos, asociados al incremento de las exportaciones unas veces, otras al aumento de precios de algunos productos de exportación, especialmente de los minerales, toda una vedette, con sus reiterados boom. Una constante: siempre se trataba de un producto de bandera, como diríamos ahora. A los tiempos de auge exportador le seguía un crecimiento ridículo, comparado con el derroche y corrupción de gobernantes y élites sociales. Con los años, acaso los meses, se iniciaban los tiempos de lamentos y confrontaciones que desembocaban en graves crisis, que infligían al país heridas que el tiempo no ha sanado. Los economistas señalan que los años 1996-97 (inicio de la bonanza de hoy) fueron muy importantes para nuestra economía por el enorme flujo de inversiones, había mucho dinero en el Perú. Desde ese momento, también, empezaron los casos de corrupción mas escandalosos que peruano alguno haya imaginado y que pudieron ver a través de los videos-shock del Fujimorato. La corrupción fue la ubicua compañera del auge económico. En los años 1880 al 90 productos naturales como el guano, que había dejado de ser el boom de antaño, sin embargo, tenía una importante participación en nuestros ingresos fiscales junto al oro, la plata y las lanas del sur andino, dieron lugar a una prosperidad económica. Nos parece, ojalá coincidamos con los historiadores, que en este lapso, las políticas fueron algo mas cautelosas como nunca antes y después. En el periodo de 1910 a 1920 y unos años mas, el precio de exportación de productos naturales como el cobre, petróleo, caucho, el algodón y el azúcar, crecieron siete veces, tanto como la corrupción, el centralismo y lo que hoy denominamos exclusión. No fueron diferentes en su tendencia al auge, las décadas del 50 y 60 del siglo pasado, nuestra economía se nutría en un mercado internacional abierto y una coyuntura de precios en alza del cobre, el petróleo, el algodón, el azúcar y la pesca. El poder protegía las inversiones, había muchas facilidades para los inversores y también inestabilidad política, abandono del campo y aumento de los pobres. Como constatamos, no son pocas las veces que los peruanos hemos vivido coyunturas favorables, con palancas para el cambio y posibilidades de un crecimiento con calidad, que genere –como lo señala la economista oxfordiana, Rosemary Thorp- estabilidad en la producción y en los precios, para resistir los embates (económicos) externos y que tenga impacto sobre la sociedad y el ambiente (Progreso, pobreza y exclusión. Una historia económica de América Latina en el siglo XX. BID-UE, 1998. Washington.) . Nos preguntamos si en estos tiempos de ilusión por el Milagro peruano, ¿Lo podremos hacer? ¿Ahora será diferente?. Ojalá que nuestros gobernantes y los otros, hayan leído o escuchado a la experta británica, cuando afirma que los peruanos no hemos aprendido las lecciones que nos da la historia. Algunos economistas peruanos, respecto de nuestra capacidad de aprovechar, favorablemente, las coyunturas de auge de la economía peruana, formulan la hipótesis de la maldición de los recursos naturales, en el sentido que son los países pobres en recursos naturales los que han evolucionado mucho mas hacia el crecimiento económico y el desarrollo que los países ricos en recursos naturales no renovables. En verdad, es una paradoja mundial, fácilmente verificable, el paradigma es el Japón. En realidad, la explotación de recursos naturales de modo intensivo no aporta estratégicamente al desarrollo de un país, en cambio produce conflictos y tensiones alrededor de ella, sea por la explotación irracional, el deterioro progresivo del recurso o por la afectación de otros recursos. Además emergen una serie de conflictos ambientales, sociales con las comunidades locales. Evidentemente el asunto parece inviable, pero hay que tomar como lecciones experiencias de desarrollo favorables, como la de algunos países industrializados. Sobre el tema, volvamos a Thorp, criticada al publicar el libro que hemos referido por los economistas peruanos, que consideraron sus propuestas para enrumbarnos hacia el desarrollo, algo ingenuos e insuficientes. Esta claro, no tienen que ser las recetas, ni ella la mas indicada, pero nos invita a la reflexión. Para hacer el Milagro peruano es indiscutible tener una burocracia estatal eficiente. Si tenemos que hacer cambios, serán graduales. La apertura extrema de la economía es desfavorable si no se promueve el mercado interno diversificado y expansivo. Los nacionales tenemos que aprender, asumir responsabilidades y generar institucionalidad, solo así se reducirá la omnipotencia y ubicuidad del capital extranjero. La coherencia de la política económica esta dada por la asociación público-privado, debemos escoger productos con futuro e integrarnos regionalmente, sin olvidar que la élites tradicionales no son un factor de desarrollo en América Latina. En el aniversario patrio, hagamos votos para que enrumbemos por el sendero viable del crecimiento económico con desarrollo humano, que no repitamos el pasado para sumirnos en él, indefinidamente, hasta que las cosas cambien a pesar de nosotros. Escribir Comentario
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