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Mi Otro Yo
Cocó
Mi Otro Yo
Cocó | Cocó |
| Martes, 31/07/2007 | ||||||
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Las mujeres, sus historias, no tienen porque ser sólo algunas, terminan por subyugarnos por entero. Edith Piaf, Norma Jean, Simone de Bouvoir, Frida y mas, siempre concitan el interés de muchos, el asombro de todos. El próximo 2008 amenaza ser el año de Cocó Chanel, si no lo cree, sepa que la industria del cine prepara tres películas sobre la modista más influyente de la historia. Una de ellas, tratará sobre la juventud de Madame Chanel y será dirigida por la francesa Anne Fontaine, que pondrá ante nuestros ojos, la vida interior de Cocó, cuando era joven, pobre, sin educación, pero con una impresionante personalidad, poco común en una mujer de su época. Otro director famoso, William Friedkin (El exorcista) trabaja en un filme sobre la relación de la diseñadora con el célebre compositor Igor Stravinsky, el autor de El Pájaro de Fuego y amante del jazz americano.
Sin duda fue Cocó Chanel quien inventó a la mujer moderna. Le sacó el corsé con varillas, le cortó el pelo, le puso pantalones, pero antes de eso, ella se inventó a sí misma. Me interesa la calle, no los salones decía mientras aclaraba que la moda debe bajar a las calles, pero no provenir de ellas. Gabrielle Chanel nació en el refugio para pobres de Saumur el 18 de agosto de 1883. Cuando tenía doce años murió su madre. Rápidamente su padre se deshizo de ella y sus 5 hermanos. Los ubicó, a los varones en casas de familia, las niñas a Obazine, un orfelinato. Gabrielle padeció el abandono. Quería suicidarme. Durante mi infancia sólo ansié ser amada. Todos los días pensaba en cómo quitarme la vida, aunque, en el fondo, ya estaba muerta. Sólo el orgullo me salvó. Un orgullo que, años después, la llevó a su venganza: transformar aquel humillante uniforme negro del orfelinato en bandera del buen gusto francés y mundial: un Chanel. Odiaba a su familia. No me gusta. Se nace en ella pero no con ella. No conozco nada más espantoso que la familia. En ella sintió que los vestidos eran demasiado austeros y la disciplina a la que estaba obligada la tornaron muy testaruda, obstinada y rígida, actitudes que eran para ella una tabla de salvación. Todavía no tenía sueños concretos, pero lo que sí sabía Gabrielle era que quería salir de su mundo de pobre y ser libre, aún al precio de quedarse sola. Pero para eso se necesitaba dinero. Era el año 1900 y todavía no había alcanzado la mayoría de edad, pero todos los testimonios que se conservan sobre ella coinciden en lo mismo: era especial, no una belleza clásica según los cánones de la época, no había en ella ni busto ni caderas, su cabellera abundante y rebelde, sus facciones marcadas y musculosas. Quería aprender y la distinción de la ciudad de Moulins, le permitió observar en las calles a la gente elegante. Del orfanato le quedó una enseñanza que se convertiría en su sello distintivo: la rigurosidad y la austeridad. Ya por entonces rechazaba los accesorios exagerados y consideraba que las joyas eran un signo de que la mujer quería convertirse en objeto del hombre. La ahora ya famosa frase: Lleva más adornos que un árbol de Navidad, era repetida constantemente por ella. Gabrielle tenía un sueño y era ser cantante de opereta. Con la ayuda de su tía Adriana, cantaba en La Rotonda, un café de Vichy, típico de aquellos años. El final de una de las canciones le dio el nombre que la haría famosa: Cocó. En 1905 Gabrielle pasó a ser Cocó Chanel. En 1910 se trasladó a Deauville para seguir a su amante Arthur Capel (un oficial de caballería, que se casó con otra, pero que no la abandonó mientras vivió) y abrir una tienda de ropa con mucho éxito. Sus modelos eran revolucionarios, ella misma vestía diferente y todas la imitaban. Cuando en el año 1914 abrió una sombrerería en París, sus vestidos a base de jersey y blusas blancas sin corsé ya eran famosas. Fue gracias al millonario duque de Westminster que logró abrir esa casa. Fueron amantes pero ella le devolvió hasta el último centavo que él le prestó para la empresa. El duque la dejó, el amor de la costurera podía opacar su carrera política. Herida, solamente atinó a decir: duques hay muchos, Chanel solo una. A mediados de los veinte lanzó el estilo Chanel clásico: un traje de punto de lana con una chaqueta recta y sin cuello, una falda corta a juego, que se llevaba con joyas estilo Art Deco falsas (más chic que las reales) y un sombrero marinero y boinas sobre el pelo corto. Pantalones, blazers, impermeables. Muchos de sus admiradores, están convencidos que el estilo Chanel no es más que la sofisticación y la estilización del uniforme del orfanato. También lanzó las famosas faldas tubo negras, los sobrios tailleur con una gardenia de piqué blanco como único adorno y las primeras carteras y bolsas con el logotipo de la doble C eslabonadas. Finalmente, el perfume Chanel Nº 5. Toda una revolución en perfumes. En el que incorporó materiales jamás utilizados en una fragancia femenina, que le daba más volumen y potencia, además mucho más accesible que los perfumes conocidos. Cocó popularizó el lujo y con Chanel Nº 5 ahora si, todas las mujeres del mundo, podrían conseguir lo que ella no: un amor de verdad. El diseño del frasco del perfume mundialmente mas famoso, está inspirado en un dibujo a carbón que Picasso le había regalado a Cocó en 1920, La botella de perfume. Lo que jamás imagino ella, años mas tarde, fue que algunas estrellas del cine, con todo el poder del cine de esos años, hicieron gratuitamente la mas impactante publicidad de su perfume. Cocó se convirtió en la célebre modista. Vestía a las divas de Hollywood. Comenzó a incorporar tejidos masculinos como el tweed para ropa femenina. Impuso los pantalones, la figura esbelta y los sombreros de paja. El amor de su vida, a los 49 años, fue Pablo Iribarnegaray, un caricaturista, que firmaba como Paul Iribe. Mis relaciones con él fueron pasionales. Cómo detesto la pasión. Qué espantosa enfermedad. El apasionado es un atleta, no conoce el hambre ni el frío, vive de milagro. Sus planes de matrimonio se deshicieron el 21 de septiembre de 1933: su amado falleció de un infarto en un campo de tenis. Cocó volvía a estar sola, a los 52 años. Incapaz de conciliar el sueño, recurrirá a la morfina. Su única compañía desde entonces. Durante la II GM y la posguerra Cocó no diseñó. No son tiempos para crear vestidos decía. Tenía 59 años y conoció a Hans von Dinklage quien tenía 46, un oficial nazi que enamoraba a las francesas pero que eligió a Cocó. Ese romance le ocasionó la vergüenza de un proceso por colaboracionismo del que salió airosa porque, como sostuvo su abogado en su defensa, fue todo por amor. El proceso vivido en esos años la marcó profundamente y no logró recuperarse hasta diez años después. En 1954 dejó perplejo al mundo cuando volvió a abrir la casa de modas sin presentar ninguna novedad, simplemente revivió las mismas faldas tubo negras y los trajecitos de los años 30. Se convenció que el estilo era ella. Evidentemente, no se equivocó, porque en pocos meses todas las mujeres volvieron a vestir Chanel y a usar el perfume Nº 5. Avejentada, maquillada como una trasnochada actriz de cine mudo y resentida por sus fracasos sentimentales, sólo cuando se encerraba en su casa, una habitación del hotel Ritz, volvía la Chanel frágil del hospicio de Obazine. Una huérfana de 88 años que se anclaba frente al televisor hasta la madrugada para no reunirse con los fantasmas. Es como una enfermedad. No me decido a despegar el trasero del sillón. Me horroriza ir a acostarme. Hace diez años que no me han besado en la boca... El 10 de enero de 1971 terminó su vida, pero no su largo reinado en la moda. Seré una mala muerta. Cuando esté bajo tierra me agitaré y sólo pensaré en regresar para volver a empezar. La Chanel fue nada elegante en su trabajo, repudiaba a los modistos, cruel con sus empleados, indiferente con sus clientes. Escribir Comentario
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