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Por Ernesto Chávez Álvarez Aparte del “mercado negro” donde se ofrecen hasta fusiles Fal y granadas de guerra, comprar un arma de fuego en Lima es tan sencillo como adquirir boletos para el cine aunque los resultados puedan ser desastrosos para el usuario y la sociedad civil.
Paradójicamente la adquisición de un arma de fuego en cualquiera de los establecimientos autorizados en la capital resulta de increíble facilidad. Primero se realiza la compra luego se tramita la licencia, donde no se exigen mayores requisitos y en menos de una semana se tiene el revolver o pistola en el bolsillo. En Lima existen 96 empresas dedicadas a importar y vender armas. Para encontrar sus direcciones basta acceder a las páginas amarillas o a la página web de la Dirección General de Control de Servicios de Seguridad, Control de Armas, Munición y Explosivos de Uso Civil (DISCAMEC). De esta manera, cualquiera puede comprar pistolas desde 390 hasta 800 dólares, si tiene mayores recursos económicos un revólver Smith&Weston por mil dólares, una Mágnum 44 a 1.500 dólares o una GT27 a 1.200. Las municiones se venden con las mismas facilidades.
Esto ha provocado una verdadera “pistolización “cuyas consecuencias son motivo de análisis entre psicólogos, sociólogos, juristas , policías y congresistas. Lo malo El vacío legal existente facilita tramitar el permiso ante la Dirección General de Control de Armas y Explosivos de uso civil (Dicscamec) sin mayores problemas por cuanto no es necesario presentar certificado de antecedentes policiales o condenas judiciales, como sería lo ideal. Para obtener la licencia de portar armas de fuego sólo se requiere una declaración jurada de uso, si es para defensa propia o trabajo en seguridad.
Un requisito bastante cándido, por decir lo menos, porque ese vacío es aprovechado por delincuentes que han salido de las cárceles, por asalto o secuestros, y que, por supuesto, juran ser mansas palomas. Por lo menos se debería primero cumplir primero con tramitar la licencia ante la DISCAMEC y con ese documento efectuar la compra. Lamentablemente realidad es distinta. El comprador va a la armería, elige el arma, paga y recibe la boleta o factura más una carta de retiro que proporciona la armería. Luego, el comprador debería registrar el arma obligatoriamente en la DISCAMEC. Como no existe ningún control, son muy pocos los establecimientos que exigen la presentación de la licencia y, lo que es más grave, el comprador puede decidir si la registra o no ante la DISCAMEC. Por lo demás los requisitos no son rigurosos. un pago al Banco de la Nación por 66 soles, pagar la foto digitalizada (3 soles), llenar un formulario, pasar un examen de tiro en el polígono de la DISCAMEC y presentar una copia del DNI o Carné de Extranjería vigente, una declaración jurada simple y un certificado de salud mental otorgado por algún centro autorizado por el organismo regulador. Si la persona es mayor de 70 años, debe presentar un certificado médico que garantice su buena salud. Sobre seguridad, nada. Sobre antecedentes penales, nada. Y el certificado de salud mental no supone un examen cuidadoso que puede descubrir tendencias violentas en el individuo. Lo feo En los últimos meses la policía detuvo a varios delincuentes que, de acuerdo a los servicios de inteligencia, eran dirigidos por Manuel Francia Pesaje (a) “Negro Francia” y Jacinto Aucayari Bellido (a) “Cholo Jacinto ” para extorsionar a empresarios de la construcción en el Callao.
La fiscalía provincial del Callao los dejó en libertad porque los abogados presentaron las licencias de Dicscamec para portar armas de fuego y los supuestos agraviados no presentaron denuncias por temor a las represalias. De otro lado, muchos de los compradores fueron asaltados y las armas de fuego terminaron en manos de los pandilleros juveniles, drogadictos y delincuentes, con lo que aumentó la ola de violencia en la capital. Y, de paso, se incrementó la venta de revólveres y pistolas para la protección personal. Lo bueno El jefe de Dicscamec, coronel (r) PNP Ricardo Ganiku Furugen, manifestó que no se puede rechazar las solicitudes de esas personas debido a que el Texto Único de Procedimiento Administrativo (Tupa), no exige, para otorgar licencia, la presentación del certificado de antecedentes policiales y condenas judiciales. Precisó que sólo se pide una declaración jurada del uso del arma. “Durante mi gestión, que empezó en abril, no se ha otorgado licencias a los malhechores, debido a que dispuse que el trámite sea personal y no mediante los tramitadores, de los que se valían las personas al margen de la ley”, aseguró. Dijo que el otorgamiento de licencias tiene que verse desde la perspectiva de la seguridad ciudadana y la cultura de la prevención por lo que los trámites se reducirán de un mes a 24 horas. Además se pondrá en marcha el Sistema Integrado de Identificación Balística que permitirá personalizar al propietario del ama que sea disparada en cualquier momento. Una versión mejorada para las licencias que salen como pan caliente a manos de quienes las necesitan y , lamentablemente, para los marginales de la Ley. Adiós a las armas En Estados Unidos la venta libre de armas de fuego fue el centro de un tenso debate político debido a las matanzas perpetradas por estudiantes desquiciados o apacibles ciudadanos que, de la noche a la mañana, se convirtieron en siniestros francotiradores que terminaron suicidándose.
En medio de la polémica la emblemática National Rifle Association NRA, presidida por el legendario actor, Charlton Heston, se convirtió en el lobby de mayor influencia en el Partido Republicano, y por ende, en Washington, para la libre portación de amas. Como organización, la NRA nació en Nueva York en los años de la guerra de secesión en los Estados Unidos, para enseñarles a las tropas de la Unión a apuntarle bien al blanco, p ero hoy su papel principal es el de defender la Segunda Enmienda de la Constitución, que garantiza la portación individual de armas. Tanto es su poder que, en 1994, Bill Clinton acusó a la organización de haber provocado su derrota en el Congreso por haber firmado una ley para acotar la tenencia de armas largas, llamada Brady Bill, lo que enfureció a la ultraderecha. En el año 2000, la NRA se adjudicó haber derrotado a la campaña de Al Gore en Tennessee, Arkansas y West Virginia, lo que le permitió a George W. Bush llegar con los votos justos a la Casa Blanca. Pero el mal de Alzheimer derrotó al actor de 78 años de edad que debió retirarse empuñando en alto un rifle Winchester de 1866, repitiendo su conocida frase, aunque sin la energía de antes: "Sólo me lo sacarán de mis manos frías, muertas". La guerra de la pistolización continúa.
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