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Mi Otro Yo
Beguinismo
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| martes, 07/08/2007 | ||||||
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El medioevo fue muy largo, repetimos, con frecuencia estático, sin embargo, hay hechos que nos dicen que habían turbulencias. También fueron tiempos de crisis y cambios en el ámbito espiritual e intelectual protagonizados por los monasterios, las universidades y la cultura plural resultado de las influencias árabes, griegas, cristiana, judía y musulmana. El beguinismo, se desarrolló en este escenario. El espíritu rebelde del hombre siempre presente en cualquier época, encontró el modo de expresarse.
Las beguinas fueron mujeres, podían ser solteras, casadas, viudas, solas o agrupadas, como otras, pero eran excepcionales. Ajenas a toda autoridad, eran libres, activas, solidarias, inteligentes casi luminosas, coherentes y dignas. No creían en la jerarquía, tampoco se las arrogaban. Altruistas, se dedicaron a la defensa de los niños, ancianos y mujeres. Tan espléndidas como eran, cultivaron apasionadamente, la labor intelectual. Si comparamos estas cualidades y características de las beguinas con la época, concluiremos que tenían que ser temidas y vistas con desconfianza por el poder de entonces. Un Papa, Clemente V, en el Concilio de Viena, decretó que la manera de vivir de estas mujeres era prohibida y excluyente de la vida eclesial. Si la iglesia era el poder de la época, imaginamos lo difícil que fue en adelante la existencia de las beguinas. El beguinato era el recinto en el que vivían las beguinas, llamadas así, tal vez por el color beige del burdo hábito que tenían por atuendo, o por la voz flamenca que significa pedir (rezar). Una beguinage, estaba consagrada a vivir por sus manos, servir a los demás. No hicieron votos pero vivían en santidad y aportaron un intenso misticismo a su tiempo. El movimiento de las beguinas se expandió por toda Europa, Francia, Holanda, Cataluña, Renania, Baviera, Bélgica. A sus protagonistas se les reprochaba su modo de vivir fuera de la iglesia, su comunitarismo, los oficios que desempeñaban, las maestras que elegían. Incluso, se criticaba que eligieran entre ellas el nombre de Marta, para simbolizar la unión de la contemplación y la acción como normas de sus vidas. Todo esto las condenaban, pero nada las detenía. La beguinas eran en realidad maestras de vida que producían admiración en sus contemporáneos. El afán por la sabiduría y el cultivo de la inteligencia las llevó a enfrentarse a la iglesia, en ese entonces un poder que reclamaba el monopolio de lo divino y de lo humano, de modo beligerante. Es importante anotar que todo esto aconteció en los inicios del medioevo, el avance de ellas produjo un enfrentamiento ideológico que era sancionado con la declaración de herejía. Como ellas, los Templarios, los begardos, los Cataros. Los hermanos del Libre Espíritu, científicos, filósofos y todos aquellos que disentían de las prescripciones bíblicas, era acusados de herejía y castigados terriblemente. La férrea represión logró su propósito: avanzada la edad media, el modelo de mujer imperante en la sociedad feudal era la mujer austera, sometida al marido, la esposa modelo ideal de orden, trabajo y sumisión. Cualquier conducta que no fuera esta, era calificada de bruja, mujer bruja. Una condenada a muerte. Las beguinas cultivaron su intelecto, ennoblecieron el espíritu y desarrollaron una gran cultura que las convirtieron en las madres de la lenguas europeas. A Beatriz de Nazareth, se le considera Madre de la Lengua italiana; a Matilde de Magdeburgo, la madre de la Lengua Alemana, a Margarita Porete de la Lengua Francesa o Hadewichj de Amberes, de la lengua flamenca. Esta última, en sus escritos denominados Visiones elabora, no una teoría del amor, sino un arte de amar. Una apologética del amor y del deseo, una defensa del amor apasionado, de la ebriedad amorosa. Enseña el camino para alcanzarlo y describe la maravillosa suavidad que es, para los amantes, habitar en el otro, disfrutando uno del otro, comiéndolo, bebiéndolo y engulléndolo enteramente. Una interpretación humana y real de Cristo, diferente a su tiempo, en el que todos querían ser Dioses, pero pocos aspiraban a ser hombres y llevar su cruz. Otras beguinas ilustres fueron María D'Oignies, Lutgarda de Tongeren y Juliana de Lieja. Formidables mujeres, sobre las que se guarda un larguísimo silencio de mas de siete siglos, por haber expresado una actitud vital de la mujer mística. Antes se las redujo al enclaustramiento. Acaso el hecho que de haber tenido como símbolo el Ave Fénix, haga que resurjan esos espíritus inquietos que buscaban el cielo aquí y ahora en la tierra. Este movimiento laico, de mujeres cultas, nobles unas, otras burguesas, de gran actividad en el medioevo, sin embargo no tuvo una organización y estructura, por ello fue fácil suprimirlas, en diferentes siglos, el XV y hasta en el XVIII, pero aun existen en el mundo del siglo XXI, especialmente en Bélgica. Nosotros las recordamos, simplemente por que significa que en todos los tiempos han existido mujeres que desafiaron el statu quo patriarcal, que vivieron y nombraron el mundo desde sus experiencias, en este caso desde el mundo místico femenino y desde allí, dieron forma y sentido a su ser y estar en el mundo. Eran gentes identificadas con su tiempo, de gran inquietud religiosa, que buscaron respuestas y fórmulas heterodoxas, heréticas, a sus necesidades religiosas y espirituales. Consiguieron liberarse del rol que les asignaba la sociedad de su tiempo, lograron expresarse con un discurso místico activo y colectivo, elaborado por ellas mismas, sin la mediación de los hombres y desafiando los saberes hegemónicos. En verdad fueron muy valientes. Escribir Comentario
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