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Por Ernesto Chávez Álvarez El mercado negro de armas ha desencadenado una nueva amenaza en la capital con las cuatrocientas pandillas, integradas por unos 13 mil jóvenes desadaptados, cuyos cabecillas portan revólveres y pistolas para imponerse o dirigir sangrientas peleas callejeras.
Muchos los grupos que en la década del 90 se enfrentaban con piedras, cuchillos o machetes, han degenerado en el crimen organizado, debido a que los adolescentes revoltosos se convirtieron en hampones y la facilidad en la compra o “alquiler”de las armas de fuego. El cabecilla y sus lugartenientes se ven obligados a portar armas de fuego para "imponer la disciplina" entren sus huestes, dirigir sangrientas represalias contra delatores o rivales y perpetrar asaltos. Aunque no existen estadísticas oficiales sobre la cantidad de delitos que cometen anualmente las pandillas, un reciente estudio del Instituto de Defensa Legal (IDL) sobre la opinión pública revela que un 55,2% de la población de Lima y Callao considera que en los últimos meses han aumentado las agresiones cometidas por pandillas frente al 31% que cree que estas han disminuido.
Los atemorizados vecinos de Villa María del Triunfo identifican a Los Dulces y Los Novatos, como dos de las decenas de bandas que atemorizan que el populoso distrito que, al igual que San Juan de Lurigancho y Comas, tiene la mayor cantidad de pandillas de Lima Metropolitana. En Comas la banda de los Neonazis es integrada incluso por hijos de policías que no tienen mejor idea que encubrir las fechorías de sus engreídos mientras sus vástagos se precipitan por el camino del delito. Lamentablemente ni la Policía Nacional ni el Ministerio Público tienen registros exactos sobre las acciones, cantidad y cabecillas de las pandillas. Tribus de la calle Pese a las amenazas de represalias los vecinos han denunciado a las tribus callejeras pero poco o nada se ha hecho. Y, como todas las noches, estas tribus pandilleras se apoderan de las calles apenas cae el sol, esta vez armados con revólveres y pistolas automáticas. “Como fenómeno social, el pandillaje cobró protagonismo a partir de 1993. Ha pasado más de una década y muy poco se ha hecho para reconvertir a sus jóvenes integrantes”, señala Federico Tong, experto en el tema y consultor de las Naciones Unidas contra la droga y el delito.
Si bien hay comunas, como la de Lima, que desarrollan trabajos de resocialización con jóvenes pandilleros, en los que se le provee de un empleo y se les incluye en actividades deportivas y educativas, Tong señala que hasta el momento el Estado no ha sabido impulsar programas que canalicen el liderazgo y la capacidad de convocatoria de los integrantes de estas agrupaciones. Según el coronel Leopoldo Arce Cáceres, jefe de la División de Familia de la PNP, el consumo de pasta de cocaína y marihuana es bastante difundido en la mayoría de pandillas, entre cuyos miembros hay jóvenes y adolescentes cuyas edades fluctúan entre los 11 y 18 años. No hay que olvidar que "en el país hay 1'341 mil jóvenes que no estudian ni trabajan. Por ello, son un grupo de riesgo que podría integrar una pandilla o una banda delictiva ante la falta de mejores opciones", precisó. Tráfico de armas La llamada pistolización es una de las principales causas del salvajismo en que vienen incurriendo las pandillas. En los últimos 15 años en América Latina más de 2,700 millones de dólares se ha gastado en armas sólo para particulares a quienes, por supuesto, se les facilita las licencias para que el negocio marche viento en popa.
Por ejemplo, en Brasil el 90 por ciento de las armas están en manos particulares y el año pasado murieron 36 mil personas por arma de fuego. Las favelas de Río de Janeiro, copada por el hampa, son tierra de nadie y escenario de violentos enfrentamientos con las fuerzas militares y policiales. En la Argentina, las armas de fuego son la causa número dos de muertes y en el 2004 fue la causa número uno Es el pago de la pistolización. En Lima, Buenos Aires, Lima, Río de Janeiro o cualquier otra capital Latinoamericana, es perfectamente factible comprar armas ilegales o “de segunda mano” a 40, 50 ,60 dólares. Si bien es cierto que en muchos países de Latinoamérica está regulada la tenencia de armas , el problema es la existencia de un activo mercado negro, donde no hay leyes y que ya está tocando nuestras puertas. Estamos todavía a tiempo de actuar antes que la pesadilla nos alcance.
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