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Mi Otro Yo
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| miércoles, 08/08/2007 | ||||||
El domingo 12 de agosto de éste y todos los años, desde el 2000, se celebrará, en el Perú y en el mundo el Día Internacional de la Juventud, bajo el lema Ser visto, ser escuchado: participación juvenil para el desarrollo. Pocos saben (por ahora) que esta decisión fue adoptada el 17 de diciembre de 1999 en la Asamblea General de las Naciones Unidas, por recomendación de la Conferencia Mundial de Ministros de Asuntos de la Juventud, llevada a cabo en Lisboa del 8 al 12 de agosto de 1998. Muchos asociamos la juventud con la primavera, con la estación de las flores y la alegría. Septiembre, mes de la juventud. No, ya no es así, por lo menos oficialmente. En Latinoamérica, entonces, tenemos mucho que celebrar, si tomamos en cuenta las estadísticas, que indican que los jóvenes son la mayoría de la población y, si tuviéramos que señalar la edad de Latinoamérica esta sería la de una joven de 24 años, algo menos del limite del rango de la juventud que va de 11 a 25 años de edad. El Programa de la Juventud de la ONU, organizará varias actividades en su Sede principal, en Nueva York, para celebrar el Día Internacional de la Juventud. Será la gran oportunidad del mundo, de todos, de reconocer el potencial de los jóvenes, de celebrar sus éxitos y de hacer planes para implicar, a más jóvenes, en la acción para el desarrollo. ¿Será la oportunidad para decirles que están incluidos en los asuntos globales, nacionales y locales, así como en la toma de decisiones? Cuando hablamos de celebraciones, no nos queda mas camino que sumarnos a ellas, es inútil resistirse a toda tendencia celebratoria. Ser un aguafiestas, no es bien visto y también uno mismo se priva de vivir los días de júbilo. Es inevitable mirar mejor. Hay dos problemas que nos resultan imprescindibles recordar, por que generan grandes dificultades a los protagonistas de estas celebraciones, marcan sus vidas de modo doloroso. Nos referimos al embarazo precoz y a la migración de la juventud. Son tiempos difíciles para los jóvenes de los países pobres, a ellos, les toca vivir en hogares propensos a caer bajo la línea de pobreza, a reproducirla generacionalmente y con grandes dificultades para dejar de ser pobres. En América Latina, se ha producido en estos años, un sistemático descenso de la tasa de fecundidad, sin embargo, la fecundidad adolescente ha sido una cifra que se resiste a bajar. Muchas mujeres jóvenes, antes de llegar a los 20 años son madres. Lo grave es que las políticas globales que persiguen el descenso de este tipo de fecundidad, no son efectivas. Cuando es así, sencillamente se arruina toda la juventud y –consiguientemente- la adultez de la persona. El impacto es muy grande en la madre joven, los hijos, la familia. La madre joven, sobre la que estamos escribiendo, una vez embarazada, deberá abandonar los estudios, socialmente experimentará el aislamiento y tampoco podrá incorporarse al trabajo adecuadamente. Su proyecto de vida estará limitado a la supervivencia, sin futuro previsible. Técnicamente no acumulará activos. En las clases no pobres se retrasa hasta el máximo posible el inicio de la actividad sexual, de la nupcialidad y la procreación, lo que no sucede en las clases pobres, la madres jóvenes inician la actividad sexual, sin matrimonio y sin pareja. ¿Cuál será su horizonte?. En el caso de la migración de los jóvenes. Unos emigran legalmente, otros recurren a los canales de emigración ilegal y un contingente mayor queda en lista de espera por cualquier medio. Para la sociología, las migraciones en toda época inciden en el crecimiento económico y en el nivel de desigualdad en los países receptores y los reduce en los de origen., sin embargo, hay factores como la situación demográfica, la apertura a los mercados, el nivel educacional, el estado de desarrollo, que hacen mas compleja la relación migración desigualdad. También es verdad que los sectores mas caracterizadamente pobres no optan como estrategia de supervivencia la emigración y que los ingresos de ella permiten a una familia no caer en la extrema pobreza. A pesar de todo esto, no podemos dejar de lado una situación real: los jóvenes que emigran de un país a otro o en el propio del área rural a las ciudades, se enfrentan a un mundo que los condena a la pobreza y a la desigualdad, si son jóvenes esta situación puede prolongarse por toda su existencia. Los aeropuertos de los países pobres se llenan de jóvenes llorosos que marchan hacia los países opulentos, arrancados del seno familiar y – seguramente- con grandes obstáculos para formar su propia familia en el país de destino, deben trabajar desprotegidos social y humanamente. El trabajo es solo eso y no empleo, es decir, provee recursos para la subsistencia pero niega la realización de la persona. Vive una situación de incertidumbre (opuesto de estabilidad) asociada a la precarización e informalización de su empleo. Su trabajo, como para otros, no es mas una actividad que lo integra a la sociedad y le da identidad. No hay con quien compartir. Es decir el migrante, especialmente el joven, vive, intensa y traumáticamente, los cambios globales producidos en el trabajo, sin alternativa. Imaginemos lo que acontece con los millones de migrantes ilegales jóvenes. En el Día Internacional de la Juventud 2007, desde donde estemos hagamos que ellos, los jóvenes de todo el mundo, refuercen su acceso a la información, al conocimiento de sus derechos y obligaciones, se eliminen las barreras que impiden su contribución con la sociedad e invoquemos a los gobiernos fomenten la acción juvenil y los apoyen financiera, educativa y técnicamente en la realización de sus actividades. Todo lo anterior será inútil si ellos mismos, como lo dicen los activistas de la ONU, no se asocian, organizan, actúan y naturalmente, celebran, demostrando su capacidad e interés en participar e instalarse en los problemas del mundo. Escribir Comentario
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El domingo 12 de agosto de éste y todos los años, desde el 2000, se celebrará, en el Perú y en el mundo el Día Internacional de la Juventud, bajo el lema Ser visto, ser escuchado: participación juvenil para el desarrollo. Pocos saben (por ahora) que esta decisión fue adoptada el 17 de diciembre de 1999 en la Asamblea General de las Naciones Unidas, por recomendación de la Conferencia Mundial de Ministros de Asuntos de la Juventud, llevada a cabo en Lisboa del 8 al 12 de agosto de 1998. Muchos asociamos la juventud con la primavera, con la estación de las flores y la alegría. Septiembre, mes de la juventud. No, ya no es así, por lo menos oficialmente. 

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