
Son seres generalmente simpáticos, buenos, con desarrollado sentido social, extrovertidos, sensibles, cualidades que en su conjunto les permiten ganarse la confianza de los dioses y de los hombres que habitan la tierra.
En la mitología peruana, referente al heraldo de los dioses, existen algunas diferencias sustantivas. El negociador oficial no tiene forma humana, sino de ave, más exactamente, un colibrí. Tiene algunas características similares a los demás mensajeros: inteligencia, simpatía, locuacidad, pero esta vez, nuestro negociador, Chiwake, tiene además unos ligeros toques de personalísimo estilo.

Esta leyenda fue recopilado de la región sur del Perú, exactamente de Nasca y tiene aproximadamente 2,500 años de tradición oral.
Una mañana de crudo invierno, cuando los dioses estaban formando el antiguo Perú, decidieron atender el pedido de los hombres que solicitaban mayor cantidad y calidad de alimentos y les enviaron con Chiwake, el mensajero de los dioses, una olla mágica de la que saldrían los potajes más deliciosos, ya listos. Pero Chiwake era traviesa y juguetona y perdió en el camino tan preciado regalo.

Con remordimiento por su descuido, se presentó ante los hombres y les dijo que los dioses querían que ellos mismos prepararan sus alimentos y les enseñó cómo escoger los ingredientes, cómo combinar los sabores y los aromas de mil maneras diferentes y presentarlos con fina armonía. De esta manera los peruanos aprendieron a cocinar con el mismo arte y tecnología de los dioses.
Esto explicaría por qué los peruanos tienen tanto sabor para cocinar, pues han aprendido el oficio directamente “de arriba”, ni más ni menos. En otras palabras, cocinan como los propios dioses.