
Esta planta rastrera tiene frutos ricos en vitaminas y minerales que la convierten en el arma curativa de muchas enfermedades, tiene virtudes dietéticas, antianémicas y reconstituyentes, además de que sus hojas machacadas son un buen remedio para combatir las arrugas.
Se considera que sus cualidades ácidas neutralizan los efectos cancerígenos del humo del cigarrillo y ayudan a eliminar el exceso de ácido úrico, por lo que una dieta de fresas podría disminuir los malestares producidos por la gota, entre otras múltiples propiedades.
Cuenta con propiedades dietéticas, es empleada para purificar el aparato digestivo y reduce la anemia y los malestares ocasionados por la artritis y el reumatismo.
Sus frutos, muy ricos en vitamina C, tienen virtudes antianémicas y reconstituyentes por lo que resultan muy adecuados en la época de crecimiento y en la vejez. Las hojas machacadas y aplicadas sobre la piel constituyen un buen remedio para evitar las arrugas.
Las variedades cultivadas comercialmente son por lo general híbridos que han reemplazado casi universalmente a la especie silvestre, Fragaria vesca, por el superior tamaño de sus frutos.

Es una planta perenne que produce brotes nuevos cada año. Pertenece a la familia de las rosáceas. Los tallos florales no presentan hojas. En su extremo aparecen la flores, de cinco pétalos blancos, cinco sépalos y numerosos estambres. Los peciolos son pilosos y cada uno soporta una hoja compuesta con tres foliolos ovales dentados.
El fruto, que conocemos como "fresa", es en realidad un engrosamiento del receptáculo floral, siendo los puntitos que hay sobre ella los auténticos frutos.
Su historia como especie cultivada es reciente. Era una planta silvestre hasta que a partir del siglo XIX se cruzaron y seleccionaron diversos tipos para obtener mayor calidad y calidad de sus frutos, lográndose centenares de variedades.
Es tan deliciosa como jugo refrescante que fue exaltada en la poesía por Rubén Darío, en la música por Los Beatles y en la ciencia por los médicos.
Propiedades medicinales
La vitamina C, la vitamina E y el betacaroteno, antioxidantes por excelencia, se encuentran altamente concentrados en la fresa. La acción del trío anterior previene el daño en la capa más interna de las arterias (endotelio), observado con frecuencia en personas que sufren de diabetes, hipertensión arterial o alteración de los lípidos (colesterol y triglicéridos).

Contiene además las vitaminas B y K, fructosa, ácido salicílico, agentes antibacterianos, azúcar pectina y aromas.
Por esta razón es utilizada en medicina natural para limpiar y purificar el aparato digestivo y hasta como solución para reducir índices anémicos y malestares por artritis y reumatismo.
Una ración de 8 fresas contiene 45 calorías, 12 gramos de carbohidratos (4 de fibra y 8 de azúcares simples), 1 gramo de proteínas y ningún aporte de grasa, colesterol o sodio.
Es útil como diurético, mejora el reumatismo, el exceso de ácido úrico, en las anemias, ayuda a disolver los cálculos biliares y renales, mejora las enfermedades del hígado, aumenta del defensas, alarga la vida, regenera la piel y depura la sangre.
Se le recomienda en los regímenes dietéticos por su escasa concentración de glúcidos. Una taza (144 g) de fresas contiene aproximadamente 45 calorías y es una excelente fuente de vitamina C y vitamina P o bioflavonoides.
La gran cantidad de ácido ascórbico, así como de lecitina y pectina contenida en sus frutos, la hacen ideal para disminuir el nivel de colesterol de la sangre.

Las hojas tiernas se pueden consumir como verdura, aunque es infrecuente ese uso. Las hojas deben recogerse cuando la planta esté bien florida; las raíces, cuando se encuentre a punto de secarse; y los frutos bien maduros, de color rosado intenso.
Siempre se debe conservar a la sombra y en un lugar resguardado del calor y de la humedad.
Diuréticas y antirreumáticas
Se recomienda tres a cuatro tazas diarias de la infusión de las hojas y las raíces nos ayudan contra el ácido úrico, gota y artritis.
Infusión: verter 1 g. den rizoma (tallo horizontal con raíces) en una taza de agua hirviendo. Filtrar, dulcificar y beber dos veces por día.
Afecciones intestinales
Especialmente para el catarro se aconseja la siguiente decocción: hervir durante diez minutos 2 g. de rizoma en una taza de agua. Filtrar el líquido, dulcificar y beberlo inmediatamente.
La cocción de las raíces ayuda a disminuir las inflamaciones artríticas. Beber tres a cuatro tazas diarias de la cocción de sus hojas es útil contra la diarrea.
Llagas

Las infusiones de hojas secas son muy astringentes y pueden utilizarse para curar las llagas de la boca.
Para las irritaciones a la piel se aconseja el tratamiento por medio de compresas. Lavar y machacar hojas aplicándolas sobre la zona afectada (enrojecida) por el frío, viento o sol.