 El miedo, esa emoción primaria que vive agazapada y nos asalta en el momento menos esperado, trastocando nuestras rutinas, enturbiando el día, perturbando nuestras vidas. Es definida por el Diccionario de la Real Academia de la Lengua, como la perturbación angustiosa del ánimo por un riesgo o daño real o imaginario. Es un recelo o aprensión que uno tiene de que le suceda una cosa contraria a lo que desea. Siempre esta allí, impertérrita y oportunista. ¿Quién inventó el miedo?. Sin duda es creación de los dioses. ¿Quién sino ellos, pudieron haber creado tan inquietante emoción? Será por eso que los sacerdotes de todas la confesiones y mundos la utilizaron con tal maestría, que hizo prescindibles los soldados, los ejércitos y las armas. Como Edgar Morin, diremos que la religión le dio al hombre seguridad y salvó al hombre de la duda, pero no la aniquiló de ningún modo. Con toda seguridad, el miedo fue heredado por otros hombres, de todos ellos, los políticos y también hoy, los medios de comunicación masiva.
El miedo humano primitivo se ha transformado en un arma de dominio político y de control social, se extiende sutilmente hacia diferentes campos de la vida. No es ajena a la vida social o la económica, pero especialmente, esta presente en la vida política y como no en la vida cotidiana. Ingrese a Internet y compruebe los demonios que se levantan para despertar el miedo de adultos y niños, de varones y mujeres; además, hay un miedo a Internet, a la terrible red de pedófilos, traficantes de órganos y estafadores. Pero, no lo olvidemos, los instrumentos que generan el miedo –hoy- son los medios y el mejor aliado, la credulidad y la educación acritica de las masas, en realidad son éstas las que expanden el miedo.
Una breve digresión, nuevamente, recordando a Edgar Morin. Al hombre le fascina el miedo, precisa experimentarlo. La mente humana crea los medios para ello. Si no, cómo comprender que en un rincón oscuro de una sala de cine, cientos de personas se apretujan contra sus sillas y los unos a los otros, ante un argumento irreal y absurdo, creado por la mente humana. Saben que es falso, pero sienten el miedo mas genuino ante los monstruos de sus mentes. Y después de sentir el miedo-espectáculo, viene la paz, el sosiego.
Hay otros miedos como los golpes de Vallejo. En otras latitudes, como en los EE.UU., antes del 9/11/2001, era manifiesto que las estrategias de comunicación, que permanentemente buscan el mayor impacto en la población, se sustentaban en la difusión del terror, en todas sus modalidades. Los resultados eran económicamente fabulosos. Todo un éxito. Como es natural no importaban los valores éticos, el éxito lo justificaba todo.
Después del derrumbe de las torres, el miedo se expandió planetariamente. Un miedo que afecta a todos, aunque no lo sientas, terminarás siendo una victima. Compruébelo, viaje desde cualquier punto del planeta a algunos países como los Estados Unidos. La vida cotidiana de las gentes hoy esta organizada en función de los miedos del poder y también de los nuestros. Qué paradójico, cuando en el mundo predomina un afán hedonístico, una búsqueda explicita del placer, nos sumergimos en los miedos reales y en los imaginarios. No es necesario ser un científico social para ver como la sociedad de hoy esta marcada por el miedo, basta ser humano, un simple humano. Y eso que ya habíamos llegado a la convicción que la modernidad era el periodo de nuestra historia (humana) en la que los miedos y temores habían quedado atrás, lo que antes eran tenazas y cadenas de la vida social, hoy controlaríamos nuestra vidas y nos liberaríamos de las fuerzas naturales y sociales imprevisibles que controlan nuestras vidas. Creímos que el desastre no es posible en la era de la modernidad, menos en la post modernidad. Para nuestra perplejidad, los desastres humanos están pareciéndose, cada vez mas, a los desastres naturales.
Y sobre estos miedos, Zygmunt Bauman, ensaya algunas explicaciones. Para este sociólogo polaco, el miedo que se infunde a la población desde el poder, es una parte ínfima de los muchos miedos que afecta a la sociedad occidental. El diagnóstico que hace es, mas o menos, el que hemos planteado antes, el siglo XXI es el tiempo del miedo. Experimentamos una gran ansiedad ante los peligros imprevistos que nos acechan, vivimos en la incertidumbre, porque ignoramos las amenazas que se ciernen sobre nosotros, además, no sabemos que hacer (o no hacer) ante ellas, para contrarrestarlas.
El escenario-eje de la sociedad del miedo, es la ciudad, con un atemorizante ejército de marginales, delincuentes, terrorismo, excluidos, que viven en guetos y en inexorable debilitamiento de las relaciones sociales. En la base de este escenario, está la élite global que ha llegado a cualquier ciudad, en la que atiza, en vez de mitigar, los miedos de cualquier población. Esta élite reconfigura y reenfoca los miedos que nacen de la inseguridad social y global, convirtiéndolas en preocupaciones locales por la seguridad personal de los individuos - que asustados- entonces, apartan sus miradas de las causas auténticas de los problemas de su entorno. Una estrategia de domino y control de mucho éxito y sin riesgos para el orden en la sociedad contemporánea, según el estudioso polaco.
¿Y, ahora, quien podrá salvarnos del miedo? Una nueva traición es lo que han perpetrado los intelectuales de nuestra época, según Zygmunt. Critica a los que trabajan con la inteligencia y que mantienen un silencio indiferente, que en vez de ayudar a desarrollar un pensamiento critico, para navegar en la seguridad y la libertad, solo construyen discursos sobre sí mismos.
Bauman, afirma que el siglo que vivimos puede ser el de la catástrofe global final, salvo que un nuevo pacto negociado entre los intelectuales y el pueblo no lo permita.
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