
Reimond Manco es perfecto intruso en el mundo futbolístico, se coló un día en que enfermaron los predestinados brasileños, argentinos o uruguayos para dejar espacio justo para que se hiciera de un nombre.
Nació en Lurín, un poblado cerca de Lima el 23 de agosto de 1990. O sea que tiene 17 años recientemente cumplidos en pleno ajetreo mundialista en Corea del Sur.
Un accidente de la vida lo llevó a tierras llaneras donde prolongó su estada con tiempo suficiente para arrancarle poemas a la pelota y provocar delirio de persecución a los técnicos venezolanos. Lo querían para llevarlo a la selección y en una de esas se enfundó la vinotinto a la edad de 15 años.
Los venezolanos lo hacían suyo, quedaba estampado su nombre en los registros de la CSF pero había un pequeño detalle. Manco jugó por Venezuela en el Sudamericano Sub 15 que tuvo carácter experimental e incluso no fue válido en el calendario oficial de la Conmebol.
Sin impedimento
Aclarado el tema, no hubo impedimento para que Manco se vistiera la camiseta bicolor en el Sudamericano Sub 17 de Ecuador. Los venezolanos patalearon, consultaron el reglamento, se desesperaron porque se les iba de las manos un futbolista con proyecciones insospechadas.
El portal de la CSF y los organizadores del Sudamericano Sub 17 coincidieron en señalar que Reimond Manco fue el rey del certamen por encima de Lula, el rubio brasileño que está llamado a ser el sucesor de Kaká.

Esta es la pequeña historia que se hizo grande a punto de que la FIFA lo considere como el jugador símbolo de Perú en el Mundial de Corea del Sur. Un elogio que encaja en el perfil de este joven futbolista que desubicó a los pesimistas que lo daban por fracasado en forma prematura.
Ahí está Manco, alfombrando su destino en canchas asiáticas con su juego desequilibrante pero con los pies sobre la tierra. Quiere definir su futuro después del Mundial. Se ve jugando con la camiseta de Alianza Lima y luego dar el paso definitivo al fútbol europeo.
Preferencia por España
Manco expone sus preferencias apuntando a España como su puerto de llegada, donde recalan las luminarias del fútbol mundial. Cierto que Manco es todavía un párvulo pero su crecimiento es acelerado por imposición de sus naturales dotes de futbolista predestinado.
Reimond Manco tiene todavía muchas páginas en blanco para escribir su propia historia, la historia de un futbolista con mucho carisma y que tiene las cosas claras para llegar lejos. Tan lejos como pueda, pero todo con calma y pasos seguros, según su filosofía de vida.