Mi Otro Yo
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| Lunes, 03/09/2007 | ||||||
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La vejez es un estado al que los hombres (especialmente de nuestra época) no queremos llegar. Nos resistimos y recurrimos a muchos medios (científicos, mágicos o míticos) para aparentar lozana juventud. Imploramos a dioses y chamanes nos prolonguen la vida, en realidad, sin darnos cuenta, lo que hacemos es rogar nos prolonguen la vejez. Es complicado definir la tercera edad en el Perú, o en cualquier parte del orbe. No tanto porque la definición puede terminar incluyéndonos, sino por que no basta tener 65 años como esta establecido para ser viejo, considerando la cronología. Biológicamente, el concepto implica un deterioro de la condición física y psicológica del individuo. Socialmente, un viejo es definido por el grupo al que pertenece, otros lo reconocen como tal en la sociedad, aunque cada grupo social desarrolla su propia visión de la persona adulta mayor. La edad no es una concepto, necesariamente asociado a la cronología, recordemos que las personas pueden considerar hasta tres edades para una sola vida: la edad real, que legalmente figura en los registros civiles y se acredita documentalmente; la edad que aparenta, que por efecto de una salud en óptimas condiciones, dota al individuo de una calidad, ritmo y estilo de vida libre de la sospecha de vejez. Como se trata de apariencias, este tipo de edad, puede ser – también- el revés de lo descrito hasta aquí. La edad atribuida, es la que otros nos asignan, sobre la base de lo que ven o aparentamos. Es más arbitraria. Si somos deportistas seremos más jóvenes que otros, como los magistrados, que frecuentemente son personas muy mayores. Las casadas siempre serán más viejas que las solteras. Los ricos aparentan ser menos viejos (¡Qué conservados!) y los pobres son por lo general los que cargan con todos los años del mundo. Estas situaciones se presentan por las disparidades y desigualdades en la evolución de la vida de los individuos. Como vemos, establecer la edad es un problema difícil de resolver, porque oculta el temor generalizado de una sociedad ante la temible vejez. Cuando ocultamos nuestra edad, no es vanidad, lo que hacemos es esconder el miedo al declive físico y mental, más cuando vivimos en una sociedad que rinde culto manifiesto a la juventud, a la imagen, a la salud. Para recordarnos de los problemas de la tercera edad, están los medios de comunicación que, todos los días, abordan el tema de los adultos mayores inadecuadamente (para decirlo de alguna manera), al presentar una imagen negativa, reduccionista y estereotipada de los hombres de experiencia de vida. Se promueven dos situaciones: la imagen idílica, totalmente positiva, del anciano bondadoso, alegre, lleno de ternura, tradicional e integrador. Por otro lado, se le presenta como una persona aislada, pobre, enferma, de mal carácter, quejosa y sucia. Ambas imágenes poco objetivas y realistas, llevan a las personas mayores, inevitablemente, a no identificarse con su grupo etario. ¿Cuál es la imagen del adulto mayor en la sociedad peruana de hoy? ¿Cuál es esa imagen cultivada desde el poder que vemos, cada cierto tiempo, en las calles, en movilizaciones y en discursos políticos? Hoy las personas adultas mayores, son vistas como personas improductivas, por lo tanto una carga para la familia y la sociedad; son personas disfuncionales, que han perdido sus facultades intelectuales, actitudinales y mentales por efecto del envejecimiento; pasivos y de autoestima deteriorada por la pérdida del status anterior y una vida sometida a mayor stress, debido a su incapacidad de adaptarse a nuevas condiciones. Sobre la situación descrita, los medios inciden, cotidianamente, en presentarlos como ciudadanos inviables, incapaces de asumir el control de sus vidas. Los presentan en cuadros de pobreza, abandono y dolor, que alivian con regalos y espacios que les traen los jóvenes comunicadores y generosas empresas. Una ancianidad impotente ante la vida, aplastada por lo años, una persona victimizada. En indudable que ante escenarios tan dramáticos, las personas que lleguemos a la tercera edad, que somos todos los grupos demográficos, incluyendo a los políticos, que son los que toman decisiones legales sobre la vida de los gobernados, no nos queda sino el escape hacia la eterna juventud, prolongarla a como de lugar, un poco mas. Esta es una de las fantasías del hombre peruano en la sociedad de plástico que construimos todos los días. Ojalá tengamos suerte. Escribir Comentario
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