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Mi Otro Yo
Goligarquía
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| miércoles, 05/09/2007 | ||||||
Es inminente, que cuando se programe un partido de fútbol, se declarará feriado local, nacional o global, según el caso lo amerite. No harán sus labores los estudiantes y trabajadores o saldrán temprano de escuelas y fábricas. Se dará permiso en los cuarteles y televisores a los que quedan. Los examenes medirán los conocimientos sobre el fútbol y actividades conexas. Se recordarán, cual epopeya de Maratón, los partidos ganados o las derrotas inolvidables. Los bomberos y policías programaran turnos de emergencia. Los bancos restringirán sus horarios, se redoblará la seguridad en las plazas, algunas calles y centros comerciales. Tras una victoria, los jugadores serán proclamados héroes, efemérides internacional la victoria. Los entrenadores, dirigentes y deportistas reclamarán sus cuotas de poder. Nuestras calles tendrán los nombres de los victoriosos y las reuniones más importantes de un país, de cualquier colectividad, serán las reuniones de los estrategas del fútbol, planificando los próximos encuentros. Pienso que esto sucederá, aunque algunos insistan que ya es una realidad. El fútbol es importante en el Perú, como en todo el mundo, tanto que está dejando de ser un evento deportivo para transformarse en un proceso socio-económico-cultural. Gran parte de la población se siente involucrada con el balompié, sea como espectador, practicantes, profesionales del deporte, prestadores de servicios, barristas organizados. Moviliza recursos públicos como policías, patrulleros, vehículos especiales, sistemas de vigilancia y control, comida, refrescos y golosinas. Souvenir, adornos, recuerdos, instrumentos musicales, banderolas, maquillaje, licores. Turismo, alojamientos, diversiones, transportes, apuestas, prostitución, entre otros ámbitos de la vida económica y social. Los grandes medios giran en torno a las demandas del fútbol, que son, hoy, la base de la acumulación de riqueza y, consiguientemente, se ha constituido en un poder con fuertes vinculaciones con la política y el empresariado. Según el mexicano y maestrista de la Universidad Autónoma de México, Sergio Varela Hernández, la historia social y política del fútbol esta por redactarse, por eso se ha propuesto revisar, críticamente, las relaciones del poder empresarial con los medios de comunicación, con el poder político mexicano y la dirigencia institucional del fútbol azteca. Su enfoque quiere orientarlo a explicar que éste deporte, en el nivel profesional, es un importante instrumento en la confrontación simbólica entre élites latinoamericanas y las masas subalternas, así como con sus expresiones populares, que incluyen al fútbol callejero y paralelamente, es un sistema de ganancia y explotación socio-económica de gran dimensión, a partir de dos experiencias, Argentina y México, incidiendo especialmente, en este último caso. El fútbol actual como deporte, es un fenómeno social ambivalente, por un lado es una manifestación popular básicamente masculina y por otro, un elemento de poder político y económico que las élites nacionales latinoamericanas blanden para su beneficio material. Particularmente, para el caso mexicano, el triángulo oligárquico formado por el poder mediático, los núcleos de poder presidencial y el ente directriz del deporte futbolístico, triada poderosa, además de la guerra simbólica desatada contra las manifestaciones populares, genera un mega-negocio que comprende todas las áreas vinculadas al deporte, que son muchas, siguiendo pautas y modelos de las grandes empresas transnacionales norteamericanas. En cuanto a la relación fútbol y televisión, ésta ha seguido una línea de explotación comercial, que la ha ampliado al ámbito psicológico de las masas, pero también de confrontación cultural, opuesta a lo popular, mercantilizada al extremo, exacerbadamente competitiva y con valores ligados al comportamiento de las élites (entiéndase las estrellas del circuito profesional y los dueños de los clubes deportivos). La trinidad, fútbol profesional, poder público y medios, en sus relaciones y procesos, han logrado un éxito deportivo y cultural al producir una exorbitante acumulación de capitales y poder político, así como infligir graves daños a la diversa y heterogénea cultura popular. Dicho de otra manera, el control del negocio del fútbol y de la burocracia administrativa del mismo, le ha permitido a la clase política y la oligarquía mediática, constituir un núcleo de poder económico y cultural, abiertamente en contra de las manifestaciones de la cultura popular. Como no hay negocio perfecto, el fútbol, que es una expresión popular y de trabajadores, a pesar de estar monopolizado por la goligarquía, escapa de éste control y sirve al desarrollo de prácticas y acciones de solidaridad, de apoyo mutuo entre las clases populares y trabajadoras, incluso, ayuda a reproducir formas variadas de resistencia política, cultural, muchas veces subestimadas y cuestionadas por la intelectualidad crítica y progresista. Sin embargo, con el ánimo de objetividad y de no mitificar, diremos que el fútbol popular no ha perdido su dimensión humana, también por eso mismo, tiene sus defectos, por ejemplo el exacerbado machismo, la homofobia, cuando no la misoginia o la proclividad a ser escenario de aliento al chauvinismo, al fanatismo. Concretando, ¿Dónde está la goligarquía? Aunque nosotros preferimos hablar de golarquía, en el sentido de poder que emerge del fútbol, en este caso, goligarquía se refiere a las camarillas de poder que se desarrollan en torno al fútbol. Grupos pequeños y cerrados de la sociedad que ejercen un poder manifiesto, que trasciende el fútbol, integrados por individuos de niveles mas altos de la sociedad, que se conocen y relacionan entre si y que toman decisiones teniendo en cuenta sus mutuos intereses. Es una élite integrada por empresarios modernos privados (una élite mediática, según Chomsky) y funcionarios del Estado, que llenan los mass - media de frivolidades y sandeces tan desmesuradas, que solamente puede interesar a políticos y sociólogos. Escribir Comentario
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Es inminente, que cuando se programe un partido de fútbol, se declarará feriado local, nacional o global, según el caso lo amerite. No harán sus labores los estudiantes y trabajadores o saldrán temprano de escuelas y fábricas. Se dará permiso en los cuarteles y televisores a los que quedan. Los examenes medirán los conocimientos sobre el fútbol y actividades conexas. Se recordarán, cual epopeya de Maratón, los partidos ganados o las derrotas inolvidables. Los bomberos y policías programaran turnos de emergencia. Los bancos restringirán sus horarios, se redoblará la seguridad en las plazas, algunas calles y centros comerciales. Tras una victoria, los jugadores serán proclamados héroes, efemérides internacional la victoria. Los entrenadores, dirigentes y deportistas reclamarán sus cuotas de poder. Nuestras calles tendrán los nombres de los victoriosos y las reuniones más importantes de un país, de cualquier colectividad, serán las reuniones de los estrategas del fútbol, planificando los próximos encuentros. Pienso que esto sucederá, aunque algunos insistan que ya es una realidad. 

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