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Mi Otro Yo
Foto-panchismo
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| Sábado, 08/09/2007 | ||||||
Años atrás, buscando opciones mas libres de trabajo, recalamos en varias universidades. La enseñanza, los libros, el conocimiento y las discusiones, llenaban nuestras vidas. Obteníamos muy poco, a pesar del pluriempleo y las jornadas de 12 horas de trabajo, pero era exultante lo que hacíamos. En ese recorrido, algo llamó nuestra atención. No habíamos visto nada semejante, en ninguna parte, en la capital o en las provincias, en las universidades ricas o en las pobres, en las antiguas o en las nuevas. Era el panorama de las paredes de una Escuela de Periodismo. Llena de periódicos murales, cada cual, entusiasta, disciplinada y creativamente confeccionados. Todos los temas, todo el mundo reflejado en esas hojas escritas con unas máquinas de escribir portátiles de color azul eléctrico, todas del laboratorio de mecanografía de la Escuela. Luego de un tiempo, vendrían coyunturas muy difíciles, los anodinos y caóticos últimos años de los 80. El discurso de los periódicos murales se teñía de rojo intenso y se inició la disputa por los espacios. No era un asunto de ubicación, era una pugna antagónica por el espacio ideológico, usando la fuerza. En las paredes colgaban, como antes, muchos murales, pero un solo discurso, acaso con algunas variantes. Participaban menos estudiantes, sin embargo, los núcleos estudiantiles eran más fuertes y cerrados. El movimiento es eterno, dicen los físicos, todo tiene su final, cantan los juglares del pueblo, el oscurantismo en los muros terminó en los primeros años de los 90. Fueron difíciles momentos, aunque es verdad que la crisis de los paradigmas y el otro Muro (de Berlín), hicieron que el desenlace fuese más rápido. Le siguió un periodo de mudez de los muros. El exilio de los periódicos murales, estaba en el desinterés, el desconcierto y el nihilismo estudiantil… y docente. Con el nuevo milenio, sorpresivamente, se abrió una ventana en los muros de la Escuela. Aunque no habían desaparecido totalmente, los periódicos murales empezaron a tener más que una presencia, traían un valor agregado, un detalle nunca antes mostrado. Producían algo de escándalo. Los jóvenes, más las jóvenes, lo disfrutaban intensamente. Los profesores, fruncían el ceño. ¿Qué pasaba con los periódicos murales de esos años? Animados por un profesor sencillo, solitario y apasionado fotógrafo y por la rampante modernización de la vida en una sociedad tercermundista, los murales se hacían mas visuales y menos escritos. La fotografía, muchas mas fotos y cada vez menos texto y contexto caracterizaban los periódicos murales. Si Anthony Giddens las hubiera visto, seria feliz, mujeres apropiándose del mundo. Los estudiantes habían encontrado un modo de ingresar a la modernidad del periodismo. Habían descubierto, ellos mismos, el camino para ser parte de la modernización. Entonces, las jóvenes se propusieron como la realidad sobre la que el futuro periodista debía dar cuenta. Ellas se sometían a jornadas fotográficas y posaban ingenua (o no) y caprichosamente para el lente aprendiz de sus compañeros y compañeras, y luego publicaban sus placas, despertando una gran curiosidad en los demás. Para las muchachas, aparecer fotografiadas ampliamente en los periódicos murales significaba que eran capaces de ser modernas. No era solo tomarse fotos, las fotos no eran ni simples ni sencillas. Estar en la foto era vivir como las estrellas de la moda, del espectáculo, de los mega-eventos mediáticos. Si Anthony Giddens las viera, seria feliz, mujeres apropiándose del mundo. Al fotografiarse expresaban su derecho, mucho más, su ilusión, a ser, estar y vivir la modernidad. Aunque enojasen a sus profesores con sus atrevimientos y los periódicos murales informaban menos, enmudecía la critica, pero mostraban más. Han pasado los meses y la tendencia mengua. Hoy los estudiantes parecen estar concentrados en sus incursiones virtuales, en redactar sus blogs, sus Hi5, en el Chat y los emilios, entre otras cosas post modernas.
Este es un breve relato, casi una anécdota, pero puede tomarse como un ensayo sociológico de la modernidad en la vida cotidiana de los jóvenes estudiantes, a quienes un modesto profesor les enseñó que la cámara fotográfica es un medio de expresión de recónditas aspiraciones. Escribir Comentario
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Años atrás, buscando opciones mas libres de trabajo, recalamos en varias universidades. La enseñanza, los libros, el conocimiento y las discusiones, llenaban nuestras vidas. Obteníamos muy poco, a pesar del pluriempleo y las jornadas de 12 horas de trabajo, pero era exultante lo que hacíamos. En ese recorrido, algo llamó nuestra atención. No habíamos visto nada semejante, en ninguna parte, en la capital o en las provincias, en las universidades ricas o en las pobres, en las antiguas o en las nuevas. Era el panorama de las paredes de una Escuela de Periodismo. Llena de periódicos murales, cada cual, entusiasta, disciplinada y creativamente confeccionados. Todos los temas, todo el mundo reflejado en esas hojas escritas con unas máquinas de escribir portátiles de color azul eléctrico, todas del laboratorio de mecanografía de la Escuela. 

El papel que jugó Rómulo León Alegría, como inocente lobista, se acercaba a lo maf...







