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Griselda Blanco (a) “La Gaga” se impuso entre los cowboys de la cocaína con escalofriante salvajismo
En el turbulento mundo de la Coca Nostra, la violencia salvaje que se desató en Miami a fines de la década de los 70 partió de una mujer voluptuosa pero terriblemente despiadada, Griselda Blanco de Trujillo, conocida como “La Madrina“, “La Gaga” , “Betu”, “La Muñrca” o “La Viuda Negra”. Manejó un ejército de sicarios de los cuales apenas sobreviven tres en las cárceles, como Miguel Campos Sepúlveda (a) “ Rivi” y . Cumbamba, el que cortó a un rival con la sierra eléctrica para introducirlo en una caja, espeluznante método recordado en la película Scarface (Cara cortada) aunque, como siempre, la realidad supera a la ficción.
En los expedientes de la DEA se le responsabiliza por la “guerra” de los cowboys de la cocaína en Miami, su reputación siniestra se extendió hasta Nueva York y en las vendettas perdió a tres maridos, lo que le valió el alias de “Viuda Negra”, apelativo que nadie se atrevía a decirlo frente a ella o sus pistoleros. Belleza fatal Con una estatura de un metro 70, ojos castaños, rostro redondo y caderas anchas, Griselda Blanco era una mujer de belleza fatal en sus años mozos. Su sonrisa angelical se dibujaba con coquetos hoyuelos en sus mejillas, se sonrojaba de placer resaltando en su piel blanca, por lo que sus seguidores le conocían como La Muñeca.
Como todos los mafiosos de la época sentía predilección por los diamantes y decía poseer una de las piedras preciosas de Evita Perón. dedicaba mucho tiempo a sus tratamientos de belleza, especialmente después de despachar a sus rivales Sin embargo era tartamuda y adolecía de cierta deficiencia del habla que su belleza no podía esconder. Es por esta razón que el mote de La Gaga resonó en el ambiente del polvillo blanco. Los investigadores Guy Gugliora y Jeff Leen recuerdan: Su ostentación era ingrediente de su imagen de “Madrina” por la que tenía debilidad. Dio a uno de sus hijos el nombre de Michael Corleone Sepúlveda, en homenaje al protagonista de El Padrino”. Los cabarets La belleza juvenil de Griselda la impulsó en su metéorica carrera de cabaretera y prostituta en el llamado “barrio colombiano” de Jackson Heights en Queens, donde empezó a alternar con los narcotraficantes que derrochaban dólares a manos llenas y desenfundaban sus armas de fuego por quítame esta paja. Se cansó de juguetear con amantes incautos y empezó a organizar su equipo de burriers. Prefería trabajar con viudas y mujeres hermosas para burlar los controles aduaneros de Miami transportando la cocaína en bolsillos especiales de sus prendas interiores.
En 1974 un jurado de Brooklyn la encausó por intervenir en el tráfico de 150 kilos de cocaína pero se salvó de la prisión con su equipo de abogados generosamente pagados. En 1979, a los 36 años de edad, era la mafiosa más conocida. Sicarios a la medida Al crecer el tráfico de cocaína Griselda organizó un ejército de sicarios a su media para combatir con mano de hierro a sus rivales, bautizando a sus asesinos como Los Pistoleros, a quienes exigía lealtad absoluta y los recompensaba con fuertes sumas en dólares “al contado rabioso”. Su maldad empezó a ser legendaria porque exigía a sus pistoleros que, en prueba de sus crímenes, les llevasen una parte seccionada de la victima. Si solo habían sido torturadas se conformaba con ver orejas o dedos mutilados. Amante de las películas gangsteriles, Griselda aplaudía a sus sicarios que asesinaban a sus rivales ametrallándolos desde una motocicleta en marcha, modalidad que se hizo popular en los 70 entre los narcotraficantes.
El 22 de noviembre de 1975 la policía del aeropuerto colombiano de Cali detectó y detuvo una narcoavioneta tras investigar la alteración que había provocado en un jet de las Lineas Aéreas Avianca. Se incautó 600 kilos de cocaína, el mayor decomiso de drogas hasta ese momento, y se puso al descubierto la dimensión que cobraba el tráfico del alcaloide a Miami. Nunca se aclararon las causas pero Griselda puso el grito en el cielo y acusó de traidores a sus delatores. En pocas horas la ciudad de Miami se convirtió en un campo de batalla de los cowboys de la cocaína al mas puro estilo de los gangsters de Chicago en los turbulentos años 20. La Madrina barrió a punta de metralleta a los viejos narcotraficantes que preferían el tráfico en menor escala a cambio de una posición desahogada y hasta reconocida en Miami. Los policías del condado de Dade se encontraron de la noche a la mañana en un verdadero escenario de guerra. En un solo fin de semana cuarenta narcotraficantes perecieron ametrallados, descuartizados o volados en pedazos con dinamita. La llamada “matanza medellinesa” sembró el terror en Miami donde la DEA se vio frente a una nueva generación de mafiosos colombianos decididos a matar por la “nieve” o clorhidrato de cocaína.
Los agentes de la DEA señalaron a Griselda Blanco como el cerebro de que se convirtiese a la paradisíaca ciudad de Miami en centro de distribución de la cocaína, en un grave error de estrategia. No hicieron caso de otros mafiosos, como Pablo Escobar, al que en ese entonces consideraban un delincuente de poca monta. En ese juego perverso, a la mafia colombiana le resultaba a cuenta de que creciera la siniestra fama de La Madrina y por su parte, Griselda Blanco, estaba feliz de encabezar una sanguinaria lucha con sus pistoleros.
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