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Final de locura para una asesina (III) | Final de locura para una asesina (III) |
| martes, 11/09/2007 | ||||||
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Durante su apogeo en los 70 y 80, Griselda Blanco se había impuesto entre los cow boys de la cocaína no solo con su siniestro ejército de sicarios que torturaban y despedazaban a sus víctimas sino por su fama de psicópata que colocaba a sus deudores en la mira de la metralleta.
Buscaba tener resonancia en los dominios de Pablo Escobar con quien prefería mantenerse a distancia. Era el corazón de la transnacional del vicio y en 1979 se len consideraba la ciudad más peligrosa del mundo, con sicarios de mirada fría que derrochaban dólares y arreglaban sus cuentas con ráfagas de metralleta.
La Madrina invitó a todos los campesinos que operaban en sus laboratorios clandestinos de drogas. Los mozos vieron desconcertados la llegada de unos asistentes embriagados con aguardiente que tomaron durante el viaje, la mitad vistiendo ponchos y sandalias, pero con fajos de billetes de cien dólares.
Eran los años turbulentos donde todos parecían competir en derrochar billetes. El mafioso José Ocampo pagaba 12 mil dólares mensuales a un cocinero internacional para agasajar a sus invitados en su finca donde, en las ocasiones de gala, colocaba un kilo de cocaína como aperitivo. Guy Gugliota y Jeff Leenn relatan al respecto:”La diversión de la mansión de Ocampo que más se comentó ocurrió cierta vez en que un piloto contrabandista rozó las cabezas de los presentes con una avioneta, que lanzó verticalmente hacia arriba hasta que el motor falló. Se estrelló y murió envuelto en llamas. Fue sensacional”. Precipicio de las drogas
Decía que había comprado los diamantes de Eva Perón y en una subasta internacional un juego de té de la reina de Inglaterra. En cierta ocasión mató personalmente a bailarinas para su diversión. Como uno de sus amigos era rebelde a un pase de drogas por cerca de dos millones de dólares no tuvo mejor idea que torturarlo y arrojar su cadáver en bolsa de plástico al río. En 1985 el fiscal de Miami iba cerrando el cerco a duras penas. La Centac 26, escuadrón de la policía Dea- Metrodade ataba cabos tras la captura de varios pistoleros, entre ellos Paco Sepúlveda, pero no habían pruebas hasta que uno los colaboradores de Grilselda decidió hablar. El hombre sabía que La Madrina ordenaría su muerte “por si acaso hubiera hablado” por lo que negoció su testimonio a cambio de una reducción de su pena carcelaria. La caída En 1985 los agentes de la DEA centraron su objetivo en La Madrina quien, dicho sea de paso, se había convertido en un personaje incómodo para los carteles colombianos. A mediados de año fue arrestada en una lujosa mansión de Irvine, centro de operaciones de la distribución de cocaína a Los Angeles que dirigìanb sus hijos Dixon, Oswaldo y Weber.
En 1986, tras sobrevivir a un infarto cardíaco en la cárcel fue deportada a Colombia en donde tres de sus cuatro hijos fueron asesinados a los pocos días de su regreso como macabra advertencia de la mafia. Desde entonces, avejentada y sin la sensualidad de sus años mozos, se enclaustró en una mansión rodeada de medidas de seguridad y francotiradores, víctima de un angustiante delirio de persecución, como si resucitaran los espectros de las víctimas que ordenó torturar y asesinar. Algunos dicen que , en esa pesadilla, tiene el final de locura que se merecía. Una "libertad" donde la cárcel parecería un paraíso. '' Aunque ella tiene una tonelada de dinero, en un lugar como Colombia con un precio en tu cabeza, puedes funcionar pero no puedes ocultar , y es que ella dio las órdenes de muchos asesinatos . Va a depender de cuánto tiempo las memorias de la gente dura”, comentó Bob Palombo agente jubilado de la DEA que participó en las operaciones. El director de cine, Billy Corben, llevó a la escena el film “La Madrina” y trató de entrevistarla cuando ella se encontraba en prisión. Estas son sus palabras: - Claro, todas las cárceles de la Florida tienen oficinas para los medios que gestionan las visitas, pero primero hay que ser invitado por el preso. Cumbamba, por ejemplo, tiene cadena perpetua sin posibilidad de salir, por sólo un asesinato en Louisiana. Mató a docenas de personas en Colombia, Miami y otros lugares. El problema es que no hay un estatus de limitaciones por asesinatos, así que si habla sobre otros asesinatos, puede ser acusado y potencialmente ser sentenciado a muerte. En cambio Rivi está en otra posición por su acuerdo con la fiscalía y sí puede hablar abiertamente y con detalles sobre todos los asesinatos en los que estuvo involucrado en Miami. El tiene un conocimiento enciclopédico de todos esos crímenes: fechas, horas, nombres, la ropa que tenían, los restaurantes y clubes nocturnos a los que fueron, los autos que manejaban. ¿Trataron de entrevistar a "la Madrina"? - Ciertamente. Estuvo presa parte del tiempo en que estuvimos trabajando y queríamos visitarla en la cárcel. Para eso, Alfred habló con su abogado, quien le consultó varias veces, pero ella se negó. Al aproximarse su salida de prisión, seguimos tratando de contactarla a través del abogado, sin éxito. Finalmente fue deportada a Colombia. Sólo sabemos que ha visto la película. Escribir Comentario
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La Madrina fue condenada a 20 años de prisión y en el 2006 deportada a Colombia donde sobrevive encerrada.
Paralelamente la Madrina trataba de ganarse la lealtad no solo de su élite de “Pistoleros”, como los llamaba, sino a toda la cadena de proveedores de cocaína. Por esta razón es que, pese a haber nacido en Cartagena y emprender su “carrera” en el “barrio colombiano” de Miami, Jackson Heights, afirmaba que su tierra era Medellín.
En el Hotel Intercontinental donde Carlos Ledher, el mafioso de la svástica hitleriana, y el estadounidense, George Jung, sellaban sus negocios, Griselda celebró con su esposo una de las más celebradas fiestas, para lo cual alquilaron el enorme salón de baile.
Bajo la mirada dura de La Madrina, los mozos vestidos de etiqueta alcanzaron bandejas con whisky y champaña a los originales invitados quienes terminaron vomitando en los pasillos alfombrados u orinando en las cortinas. Griselda se reía a carcajadas hasta que los campesinos empezaron a pelear a machetazos, por lo que se les mandó a sus hoteles.
El poder cimentado a sangre y fuego provocó un delirio de persecución en Griselda Blanco que se hundió en el vicio de la cocaína hasta descender en las llamadas drogas fuertes como el crack, desquiciándose lentamente ante el pánico de sus mas cercanos colaboradores.
La Madrina fue condenada a 20 años de prisión por tráfico de drogas y el asesinado de Chucho Castro, cargo que ella confesó para evitar la cadena perpetua. 


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