
El árbol de la quina, cuya corteza permitió vencer a uno de los flagelos más terribles de la humanidad, la malaria, representa la riqueza del recurso vegetal del Perú y es uno de los símbolos en el Escudo Nacional pero se encuentra en peligro de extinción en nuestro país que incluso se ve obligado a importar parte de esa materia prima que en siglo XVII regaló al mundo.
La quina es un medicamento febrífugo, tónico y antiséptico. Se emplea principalmente como tónica en forma de polvo, extracto, tintura, jarabe, vino, etc.; y al exterior en infusión o cocimiento para el lavado de heridas y úlceras.
Contiene diversos alcaloides, de los cuales los más abundantes e importantes son cuatro, todos útiles como antipalúdicos y empleados colectivamente para preparar la totaquina. Éstos son: quinina, quinidina, cinconina y cinconidina. Aparte de alcaloides, posee también principios astringentes (ácido quinotánico, rojo cincónico) utilizados en la medicina homeopática.
La quina constituye uno de las materias primas empleadas en la fabricación de la bebida tónica (y medicinal) denominada amargo de Angostura, desarrollada por Johann Gottlieb Benjamin Siegert a comienzos del siglo XIX en la Angostura del Orinoco, ciudad después rebautizada como Ciudad Bolívar, una de las grandes urbes de la cuenca del Orinoco.
La corteza se emplea en una serie de preparados medicinales bajo la forma de extractos líquidos, tintura y en polvo. La quinina bajo la forma de sulfato y clorhidrato se emplea para combatir la malaria y para darle sabor a bebidas gaseosas respectivamente.
Símbolo nacional
Desde la Colonia, y durante el siglo pasado, la quina fue saqueada, tumbándose los árboles para extraer la corteza, que contiene la quinina. En 1825 los congresistas José Gregorio Paredes y Francisco Javier Cortés idearon un nuevo escudo donde incluyeron a la planta que salvó a la humanidad.
La condesa de Chinchón
El árbol de la quina crecía sin peligro de deforestación hasta que en 1638, gracias a que la esposa del conde de Chinchón, Virrey del Perú fue salvada con el conocimiento de los indios para poder hacer frente a la malaria, se convirtió en un milagroso producto que se cotizó su peso en oro y España hizo un monopolio de mismo.
La leyenda señala que la condesa (cuyo nombre era Francisca Henríquez de Ribera), agradecida, distribuyó la corteza a otros pacientes en Lima y alertó a los españoles sobre la posible utilidad de la planta en el tratamiento de la malaria.
Los historiadores cuestionan esta parte de la historia pero lo cierto es que por mucho tiempo esa medicina era conocida como “los polvos de la condesa”.
Saqueos
Como era de preverse, durante la república numerosos gobiernos extranjeros intentaron obtener las plantas de la chinchona, como se le llamaba, para explotar sus beneficios. El célebre científico De la Condamine estuvo a punto de llevar plantones a su país , navegó con ellos todo el Amazonas pero al final de su viaje naufragó y perdió toda la carga.
Los intentos siguieron fracasando hasta que el explorador e investigador Sir Clement Markham, enviado de la corona británica y conocido por sus estudios en la India y en los Andes, logró coleccionar las semillas de la quina de corteza amarilla a espaldas del gobierno peruano y escapar por el puerto de Islay.
La extracción de quina de nuestro país estaba completamente prohibida, por lo tanto, Markham violó la ley. Plantó las semillas en las colonias británicas y, ahora, ya no somos productores nunca más.

En 1852 los holandeses llevaron semillas a Java y establecieron plantaciones, en las que llegaron a desarrollar una gran agroindustria, que suministró materia prima a la industria farmacéutica internacional, hasta que Japón ocupó las plantaciones durante la II Guerra Mundial.
Estados Unidos fomentó las plantaciones en Suramérica y Puerto Rico, así como la producción de medicamentos sintéticos contra el paludismo, los cuales posteriormente han llegado a sustituir masivamente a la quina en el tratamiento del paludismo, pese a lo cual, la quina o los fármacos con quinina, aun son medicamentos de elección para los tratamientos contra las infecciones del Plasmodium vivax.
La deforestación
Para resguardar las plantaciones el gobierno peruano prohibió su exportación porque al ganar la quina aceptación en Europa, la deforestación resultante acabó con 25.000 árboles anuales.
En 1839, William Hooker propuso cortar totalmente los árboles de quina, en vez de quitarle simplemente la corteza, pues de la última manera el árbol era víctima de los insectos, mientras que al cortar y cultivar nuevamente, otro árbol estaba listo en seis años. Luego se comprobó que estos nuevos árboles tenían una mayor concentración de los alcaloides de la quina.
Las deforestaciones han aumentado el calentamiento global, lo que ha favorecido la diseminación del paludismo, mientras los hemoparàsitos se hicieron resistentes.
El gobierno holandés se consiguió una libra de semillas de cinchona sacadas de Bolivia de contrabando: pagó por ello 20 dólares en 1865. Estas fueron sembradas en la isla de Java, donde obtuvieron 12.000 árboles de alta potencia y se desarrollaron grandes plantaciones, por lo que dominaron el 97% del mercado hasta antes de la segunda guerra mundial.
Gracias a la quinina, los europeos pudieron colonizar los trópicos, e incluso importar mano de obra barata procedente de India y China, para el manejo de plantaciones y minas; y también gracias a este antimalàrico fue posible construir el Canal de Panamá.
Todo ello muestra el enorme impacto macroeconómico que esto logró, y lo bueno y rentable que para la humanidad sería encontrar una vacuna que redujera la incidencia de esta mortal enfermedad.
Salvemos a la quina
Después de casi dos siglos de haber sido colocada al extremo superior derecho del escudo nacional, la quina no solo es vista en contados arbustos de la sierra del Perú, sino que, incluso, corre el riesgo de extinguirse.
Se han hecho intentos por conservarla, como la publicación de la Resolución Ministerial 0258-99-AG, del 5 de abril de 1999, en la que se prohibió la extracción en los bosques naturales de todo el país pero urge realizar eficaces proyectos y planes de repoblación de la especie.
El especialista del Inrena, Max Reynaga, anunció que la institución ha incluido como una de sus prioridades la plantación de la quina en los diversos planes generales de reforestación de los últimos años. Sin embargo, poco se sabe sobre ellos.
Lamentablemente algunos de los 17 tipos de quina que se encuentran en el Perú se hallan en estado de vulnerabilidad. Es el caso de la 'Cinchona calisaya', cuya situación ya fue contemplada al ser consignada en una lista que comprende a otras 777 especies amenazadas de la de flora silvestre.

La botánica Joaquina Albán, jrefuerza la apuesta por el estudio partiendo de un ejemplo contundente: la especie que está en el escudo no es 'Cinchona officinalis'. "La arquitectura de esta (la presentación del árbol) no tiene nada que ver con el árbol de naranjo que se ha dibujado", sostiene.
Sostiene que con datos fidedignos pueden realizarse planes de reforestación exitosos y no como algunos que ha observado en los que se trabaja con plantas parecidas a la quina, pero no con las originales.
Una eficiente política de reforestación permitirá, además, que el Perú esté preparado para una posible demanda del mercado, pues a pesar de todo, el futuro de la quina no es del todo sombrío. Los últimos estudios relacionados con el tratamiento de la malaria habrían demostrado que el hombre se ha vuelto inmune a la quinina, por lo que la industria y la investigación moderna habrían puesto su mirada nuevamente en la planta madre para buscar un nuevo derivado.