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Polaco asegura que los coca dólares se recogían en carros del SIN por orden de Montesinos.
De mirada patibularia y un prontuario con toneladas de cocaína, el pucallpino Jorge Chávez Montoya (a) “Polaco” se decidió a descorrer los entretelones del narcotráfico al enterarse que sus ex socios habían decidido eliminarlo para borrar todo rastro de la red corruptora que se erigió en la dictadura fujimontesinista. Y , con lujo de detalles, no solo descargó sus baterías contra su ahora archienemigo, Fernando Zevallos, sino que reveló los tentáculos de Vladimiro Montesinos quien tenía el desparpajo de ordenar que las camionetas del Servicio de Inteligencia Nacional, SIN, recogieran del aeropuerto los fardos con dólares que enviaba la mafia colombiana por la compra de la droga.
Al otro lado de la línea De acuerdo a los expedientes judiciales, Polaco era un teniente de la entonces Guardia Civil quien en 1980 empezó a operar con los narcotraficantes a los que brindaba protección. Desde ese entonces era tristemente conocido por su dureza con los enemigos. En pleno Boom de la Coca se pasó a la línea y entró al negocio de moda de los narcotraficantes emergentes en el Alto Huallaga con su empresa de Aero Taxi que luego cambió de nombre a Líneas Aéreas de Ucayali, aunque no con el éxito de Fernando Zevallos. 
Recorte de la revista Caretas donde se observa la ficha de Polaco en la DEA. Sus avionetas le sirvieron para entrar en contacto con los pesos pesados de la mafia entre los que figuraban, de acuerdo a sus declaraciones, Iván Mendieta Landeo, (a) Rata Blanca, Carlos Prado Flores, (a) Caquita Prado, y Demetrio Chávez Peñaherrera (a) Vaticano. Un informe de la DEA menciona que Polaco siguió operando en el narcotráfico hasta asociarse con Fernando Zevallos. El 31 de diciembre de 1991, un operativo en el aeropuerto de Uchiza culminó con la incautación con droga de la avioneta de Aero Taxi OB-926 (atestado Nº 38-76-CPG de febrero de 1992)
En 1994 dos arrepentidos señalaron a la Dircote que Polaco entregaba armas a Sendero a cambio de protección de sus envíos de droga lo que, por lo demás, era rutina en ese entonces y sigue subsistiendo en el VRAE. Un estate quieto de la mafia y los testigos no entregaron pruebas de sus declaraciones. La DEA en acción Los agentes de la DEA filmaron a Polaco con un cargamento de cocaína en el aeropuerto de Opaloca, en Miami. El 15 de mayo de 1995, el agente especial del FBI, Scott Wiegmann, presentó en el condado de Dade una denuncia penal contra Chávez Montoya por "conspiración para poseer cocaína con la intención de distribuirla". El juez Brown expidió una orden de detención.
Negocios son negocios y Chávez Montoya ofreció a la DEA información sobre Fernando Zevallos y se declaró culpable de los cargos. Se le dejó en libertad condicional. La sentencia iba a ser dictada el 12 de abril de 1996, pero Polaco no se presentó al tribunal de Miami y fue declarado prófugo de la justicia. Movidas judiciales Al año siguiente, Polaco fue atrapado en Lima y se le condenó a 15 años de prisión por sus vínculos con Vaticano pero, fiel a sus socios, guardó silencio en el penal Castro Castro a la espera de ser “redimido”. Su liberación estaba prevista para el 2012, pero, gracias a las “movidas judiciales”, en diciembre del 2002 se le otorgó la "redención de la pena por trabajo y estudio" sin tener en cuenta que no le correspondía ese derecho por ser cabecilla de narcobanda. Lo increíble es que se le concedió libertad provisional pese a que meses antes la Corte Suprema de Justicia había aceptado la extradición solicitada por Estados Unidos. Caza de tiburones Como era de esperarse, Polaco se convirtió en uno de los “ejecutores” de la mafia bajo las órdenes directas, según afirma, de Fernando Cevallos, para visitas las cárceles a los mafiosos caídos y darles una oferta que no podían rehusar. Te callas o mueres. Tras salvarse de un atentado criminal en el penal de Huaraz, Oscar Benites Linares,, declaró: Jorge Chávez Montoya, Polaco, viene coordinando con personal del INPE para que me aniquilen. Me visitó por primera vez en el año 2001. Hay denuncias que hice contra él ante la dirección del penal y ante el (ex) fiscal (Alejandro Espino)".
"Dijo que me retractara y que iba a mejorar mi situación. Que no sería acusado de narcotráfico y que ellos iban a ver mi defensa para que yo pueda salir pronto (de la cárcel). Y me dijo que si no lo hacía así, me iba a ir peor en mis asuntos judiciales, que me iba a pudrir en la cárcel porque Zevallos era una persona muy influyente", declaró. Lo mismo manifestó José María Aguilar Ruiz, Shushupe, antes de morir acribillado a balazos por un sicario en el penal de Pucallpa, Vendetta de Padrinos Seguro de no ser involucrado en los procesos por narcotráfico, Fernando Zevallos se desentendió de sus socios prontuariados y empezó una guerra subterránea con Tito López Paredes, Lucio Tijero Guzmán entre otros reyezuelos del vicio. Sin embargo las buenas migas parecían eternas entre Lunarejo, recluido en Piedras Gordas, y Polaco , desde el penal de Iquitos, quienes juraban ante los jueces no conocerse con un histrionismo digno de un Oscar del bajo mundo. Hasta que la guerra estalló entre los Padrinos por circunstancias nunca esclarecidas pero que olían a perromuerto de inmensas fortunas en cuentas cifradas de los paraísos fiscales y bancarios del Caribe. Se dice que Zevallos para borrar cualquier rastro suyo en la red de narcotráfico, y de paso apoderarse de las astronómicas ganancias de sus socios en desgracia, ordenó que los asesinaran en las cárceles para que todo se redujese a un “ajuste de cuentas”. Lo que no tuvo en cuenta Lunarejo es que los sicarios prefirieron delatarlo antes que enfrentarse a la violencia de Chávez Montoya. Lo cierto es que Polaco decidió romper su silencio y, al igual que Joe Valachi con la Cosa Nostra, reveló el oscuro mundo del narcotráfico nacional, con una constelación de personajes poderosos, encabezados por el escurridizo Vladimiro Montesinos. Y, para que no queden dudas, envió una carta, escrita con su puño y letra, a la procuradora antidrogas, Sonia Medina, a la misma que había calumniado afirmando que era su amante, para revelar los tentáculos de la mafia sin importar el dinero que ofrecían los mafiosos por su cabeza.
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