
Es la flor nacional del Perú junto con el patujú, que maravilló a los incas por su extraordinaria belleza.

Por ello, promovieron el cultivo de esta planta en todos sus dominios y la consagraron al dios Sol (Inti), de allí que también se le conoce como "La Flor Sagrada de los Incas"
La Cantuta nace de un arbusto perenne muy ramificado y de aspecto muy vistoso que mide entre los 2 y 3 metros de alto.
Sus pequeñas hojas son ásperas, alternas y tienen forma lanceolada -elípticas. Sus flores no tienen olor, crecen en racimos terminales, con corona tubular, cáliz corto y color muy llamativo, generalmente blanco, amarillo, rosado y rojo intenso.

Desde épocas prehispánicas los pobladores andinos han admirado y rendido culto a las montañas sagradas o apus que protegen sus territorios, e incluso hasta hoy algunos pueblos mantienen la costumbre de venerarlos, poniendo flores de Cantuta en sus laderas para representar el aprecio y devoción por dichas montañas sagradas.
La Cantuta que florece durante todo el año, es propia de climas templados, pudiendo crecer directamente bajo el sol en lugares abiertos.

Prefiere suelos sueltos, arcillosos, con materias orgánicas y bien drenadas. Se reproduce por semillas y estacas, y por hibridación se obtienen flores con mayor variedad de colores.
Al igual que la mayoría de flores tipo campanilla y por sus vivos colores, la Cantuta está diseñada para atraer a sus polinizadores, generalmente picaflores o colibríes e insectos.