La mejor expresión de alegría o tristeza de la cultura afro peruana es bailar al ritmo de los tambores de sus antepasados africanos, en ese maravilloso mestizaje de las culturas indígena, europea y africana nacen los bailes de expresión negra del Perú.
Los negros del Perú utilizaban todo lo que les pudiera sugerir ritmo para crear sus músicas y sus danzas con la combinación de la sensualidad ritual ( el lenguaje corporal es muy importante en la cultura negra ) en los movimientos, con coplas y pregones, que con voces profundas con sus manos sus cuerpos se fueron introduciendo inteligentemente en la sociedad en la época de la colonia ( como casi todo género considerado antes 'pagano').
Las danzas negras del Perú tienen la base de percusión voz y mestizaje, su evolución y completa integración hasta nuestros días va con el dominio del ritmo que nos llevará a conocer y gozar, tanto en el baile como en la música poco a poco las diversas danzas del folclore negro del Perú.
Principales danzas Son de los Diablos 
Hasta en los años veinte del siglo 20 fue posible ver por el centro de Lima y en el distrito de La Victoria las pintorescas cuadrillas del Son de los Diablos, alegrando las calles en días de Carnaval.
Una Cuadrilla estaba integrada por ocho o diez diablos, comandados por un diablo mayor. Vestían casaca y pantalón rojo, máscara, cuernos, rabo y zapatillas de soga; completando el atuendo pequeña capa y profusión de cascabeles. La orquesta se componía de guitarra (o arpa), cajita y quijada de burro (carachacha). Algunas acuarelas del pintor mulato Pancho Fierro (1803-1879) muestran épocas anteriores del Son, quizás cuando su aparición coincida con la Epifanía, Cuasimodo o bien precediendo la procesión en la infraoctava del domingo de Hábeas.
Inga (Danza del muñeco) Danza erótico festiva, del folklore urbano. Su ritmo es derivado del festejo, su coreografía es de rueda con un danzarín al centro, que baila arrullando un hato de trapos, una almohada o cualquier cosa que dé la apariencia de un bebe de pecho. Se lo pega al cuerpo arrullándolo –de ahí su onomatopéyico nombre de “ingá”, como el llanto de un recién nacido o se menea pícaramente con la “criatura”.
Luego lanza el monigote a uno de los circunstantes, trocando posiciones, es decir, quien recibe el “inga” pasa al centro del ruedo. Así van turnándose hasta que todos han danzado con el muñeco.
Zaña (Lundero afroperuano) 
Esta canción de irreverente letrilla, cuya música se ha conservado hasta nuestros días, es la manifestación folklórica más antigua que se transmitió al mestizaje afro-yunga de la costa peruana. La Zaña fue la protesta del negro contra los hombres que burlaban la Ley de Dios.
Cumanana Son cuartetas de versos octosílabos. Es una expresión popular que pertenece al género lírico-musical: poesía cantada para interpretar en contrapunto, sobre un tema pactado anteladamente o desafío de preguntas y respuestas con variada temática. Dos cantores repentistas improvisan coplas de cuatro líneas alternativamente hasta que uno de ellos es proclamado vencedor.
El Festejo En el primer semestre de 1949, algunos grupos familiares de negros herederos de sobrevivencias folklóricas negro-peruanas (limeños, chancayanos y –más tarde- cañetanos y chinchanos) fueron incorporados, por vez primera, como profesores de música y danzas “afroperuanas” –también llamadas negroides- en las flamantes academias folklóricas.
Ellos, los improvisados profesores, obligados por las circunstancias, tuvieron que inventarle una coreografía al “Festejo”, que aún se cantaba con acompañamiento de guitarra, cajón y quijada de burro o carraca o carachacha, pero hacía mucho que los pasos de su danza se habían perdido.
Presumiéndose su origen congo, su función de divertimento colectivo, dentro de los caracteres generales de la música africana; y su coreografía libre y para solista o solistas con participación de los circunstantes.
La Danza o Habanera 
Durante el siglo pasado –y comienzo del presente- los buques cargueros que atracaron en el Callao y demás puertos del litoral peruano, nos trajeron, además de valiosos y vitales cargamentos en sus bodegas, aires y cantares folklóricos de otras latitudes americanas, que aprendimos directamente de las rajadas voces de sus curtidos tripulantes.
De las Antillas Mayores, barcos que llegaron a nuestras costas por el Estrecho de Magallanes –porque aún no había el Canal de Panamá- nos trajeron la Danza llamada también Habanera. Canción de origen cubano que se acompaña con guitarra y flauta; cuyo tema, por lo general de un lírico romanticismo, canta cuitas amorosas.