
Se emplea en la sierra sur, sobre todo en Puno, Cusco y Arequipa. Es un instrumento cordófono que se encuentra dentro de las familia de los charangos.

El nombre de chillador viene de la palabra chillar, ya que su registro es agudo, elevado debido a su encordadura muy especial.
Sus cuerdas están hechas de metales acerados, primordiales y necesarios, ya que el sonido melódico que se extrae al tocar estas cuerdas metálicas le da el sabor característico al huayno de tierra adentro, a tierra húmeda, a pantypantis, a jallujallus, y zunilas, brindándole una especial personalidad al huayno altiplánico.

El charango chillador es solista en las lejanas cumbres, pampas y quebradas altiplanicas, sobre saliendo cual Illapu en las noches lóbregas, haciéndose sentir con voz bullanguera la dulzura de la melodía andina cordillerana. En las manos del que ama y trasmite por medio de sus canciones como queriendo ablandar los corazones de las lindas mujeres del altiplano, y en otras ocasiones, como reuniones musicales citadinas, dando el inicio como solista en medio de varios instrumentos o talvez en la culminación de un huayno con un matiz nirvánico alegre a la versión musical.

Con su particular punteo, tremolado y/o repique, escucharlo por las noches silenciosas en una serenata, es algo que no se puede describir en palabras.
En el estilo de tocar el charango chillador existe siempre una diferencia entre pueblo y pueblo, entre ejecutante y ejecutante, ya sea en el punteo, repique, tremolado o el gusto particular y la sazón del ejecutante que lo hace característico, misterio que se pierde en el alma de la tierra que lo vio nacer.