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La llegada de los Arellano Félix al narcopoder desató un espeluznante baño de sangre
El asesinato de Javier Caro Payán catapultó a los hermanos Arellano en la transnacional del vicio que se impusieron a sangre y fuego con los grupos de los llamados narcojuniors encabezados por el ahora deportado a Estados Unidos Everardo El Kitty Páez. 
No se dejaban heridos ni vencidos en una espantosa guerra sin cuartel donde los sicarios hacían gala de su crueldad colocando cabezas mutiladas en los árboles como frutos macabros y siniestra advertencia a sus enemigos. En esos días, los angelicales hermanitos, once para ser más exactos, solo confiaban en si mismos y se dice que aconsejaban a sus lugartenientes nunca creer en lo que escuchaban y dudar de lo que veían. La paranoia los llevó a sospechar de todo y de todos. Los sicarios acomodaron a sus intereses un lema siniestro: coca o muerte. En el 2000 recrudeció la guerras entre cárteles con un altísimo saldo de muertes, especialmente en Sinaloa, Baja California, Chihuahua, toda la vertiente del pacífico y el propio Distrito Federal. Al año siguiente la organización se fortaleció con la fuga de Joaquín Guzmán (a) “El Chapo” y comenzó a circular la versión de que los Arellano Félix estaban empeñados en deshacerse de sus enemigos pero también de todos los cabos de su propia organización que quedaban sueltos y que podían llevar a localizarlos La caída de Ramón  Ismael Zambada Con entusiasmo de pistolero novato, Ramón Arellano Félix se encargaba en ese entonces de las tareas de aniquilamiento. Durante un carnaval en Mazatlán encabezó un comando con sicarios para acabar con Ismael El Mayo Zambada, uno de los capos del cártel de Sinaloa junto con “El Chapo”. No logró sorprenderlos pero sus rivales se convencieron que era mejor cambiar de aires por urgentes razones de salud.En febrero del 2002 apareció en Culiacán el cadáver de un hombre acribillado a balazos sobre el volante de su automóvil con los documentos de identidad de Ramón, con el consiguiente despliegue periodístico. Después se dijo que se trataba en realidad de un tal Jorge Pérez López. La DEA sacó pruebas de sangre y huellas digitales para dictaminar que se trataba del más sanguinario de la familia Arellano.  Benjamín Félix Arellano Lo cierto es que el cadáver fue “secuestrado” por la mafia para ser velado clandestinamente, Ramón salió de circulación y su puesto fue cubierto por Francisco Javier mientras Benjamín se convertía en el “cerebro” del Cartel de Tijuana.Benjamín Arellano Félix fue capturado en 2002 en Puebla, y condenado en México a 22 años de prisión con lo que el Tigrillo quedó a cargo de la manada. Padrino en desgracia Las estructuras del Cartel de Tijuana sufrieron otra remezón con la captura de Jesús Labra (a) "El Chuy" , tío de los hermanos mafiosos y principal operador de la organización. Poco después el ejército mexicano arrestó a Ismael Higuera (a) “El Mayel", reclutador de los sicarios responsables de la ejecución de decenas de personas. En agosto del 2006, “El Tigrillo” se encontraba pescando plácidamente a bordo de su yate Dock Holliday , en aguas internacionales, frente a Baja California, México, cuando desde una lancha Guardacostas se le conminó a detenerse.
El mafioso ordenó a sus tripulantes fugar a toda máquina con lo que se inició una espectacular persecución a la que se unieron otros guardacostas y helicópteros. “El Tigrillo” vestía bermudas, camiseta anaranjada y sandalias cuando se rindió al verse sin posibilidad de escapar. Tardío arrepentimiento Ante la Corte Federal de San Diego, Estados Unidos, la rebeldía del Tigrillo se esfumó y, tras un acuerdo judicial en septiembre, Arellano Félix confesó haber dirigido el Cartel de Tijuana y haber ordenado y cometido asesinatos, en conexión con las operaciones del narcotráfico. También reconoció pagos en “millones de dólares” en sobornos a policías y miembros del Ejército, y haber asesinado a potenciales informantes, testigos y agentes de la ley.
Fue un arrepentimiento bastante tardío si tenemos en cuenta la larga lista de cadáveres y toneladas de cocaína que envió a Estados Unidos. A los 37 años de edad se le condenó a cadena perpetua. "Se los digo ahora, con franqueza, que incluso de haber tenido la posibilidad de no imponer una cadena perpetua en este caso, ésta es lo que yo encuentro más adecuado", comentó el juez federal de distrito Larry A. Burns. El tribunal consideró probado que la organización que dirigía Arellano Félix espió a narcotraficantes rivales, entrenó a “escuadrones de la muerte”, cobró una “tasa” a otros criminales que querían actuar en su ámbito y secuestró a personas a cambio de cobrar rescates. Un encanto de gente. Se recompone el Cartel La captura del Tigrillo fue un verdadero terremoto en el Cartel de Tijuana que empezó a recomponer la organización a punta de balazos con sus ocasionales rivales que, semejando a hienas enloquecidas por la sangre, querían sacar tajadas más grande en la torta del narcotráfico. El periodista Abel Barajas del diario mexicano Reforma comenta: ésta es una familia de once hermanos. Entre los probables sucesores están Eduardo y Carlos. Se dice que una de las hermanas, Enedina, maneja el lavado de dinero. Es un grupo muy grande y muy complejo. Falta que caiga gente muy pesada que no es de la familia, como Manuel Aguirre Galindo, conocido como el Caballo.
No obstante, la empresa investigadora estadounidense Stratfor considera que Ismael el Mayo Zambada, un capo que opera en Culiacán y Mazatlán, estado de Sinaloa, es el más probable sucesor de los Arellano Félix. Este escurridizo narcotraficante dirige un "grupo independiente de rápido crecimiento" que tiene muy buenos contactos con los remanentes del cártel de Juárez. En la cola esperan Joaquín el Chapo Guzmán y Héctor Luis Palma (a) “El Güero, así como latinoamericanos segundones, entre ellos peruanos y colombianos. Por lo demás, se debe tener en cuenta que Benjamín Arellano, desde el penal de máxima seguridad de La Palma, y con apoyo en el exterior del Tigrillo había logrado una sociedad con la organización de Osiel Cárdenas (cártel del Golfo), lo que les permitió reposicionarse. El monstruo está herido pero no muerto.
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